El beato Carlo Acutis había ideado y realizado una bellísima exposición itinerante sobre los Milagros Eucarísticos. Esta exposición continúa recorriendo Italia y el mundo; todos los milagros eucarísticos presentes en la exposición fueron reunidos en el libro Los milagros eucarísticos en el mundo, del que se ha extraído este texto.

En la basílica de San Francisco de Siena se conservan intactas, desde hace 286 años, 223 hostias. El arzobispo Tiberio Borghese hizo encerrar durante diez años en una caja de hojalata sellada algunas hostias no consagradas.
La comisión científica encargada, al volver a abrir la caja, solo encontró gusanos y fragmentos putrefactos.
El hecho va contra toda ley física y biológica; el propio científico Enrico Medi se expresó así al respecto: «Esta intervención directa de Dios es el milagro […], realizado y conservado milagrosamente durante siglos para dar testimonio de la realidad permanente de Cristo en el Sacramento eucarístico».
Entre los documentos más importantes que describen el prodigio se encuentra un informe escrito por un tal Macchi en 1730, en el que se relata que el 14 de agosto de 1730 unos ladrones lograron entrar en la iglesia de San Francisco de Siena y robaron el copón que contenía 351 partículas consagradas. Tres días después, el 17 de agosto, en el cepillo de las limosnas del santuario de Santa María de Provenzano, entre el polvo, fueron encontradas las 351 hostias intactas. Todo el pueblo acudió a celebrar el hallazgo de las santas hostias, que fueron devueltas inmediatamente en solemne procesión a la iglesia de San Francisco. El paso de los años no provocó ningún signo de alteración en las partículas. En varias ocasiones, hombres ilustres las examinaron por todos los medios y las conclusiones fueron siempre las mismas: «Las sagradas partículas todavía están frescas, intactas, físicamente incorruptas, químicamente puras y no presentan ningún principio de corrupción». En 1914, el papa san Pío X autorizó un examen en el que participaron numerosos profesores de bromatología, higiene, química y farmacia, entre ellos el conocido profesor Siro Grimaldi.


La conclusión final del acta que redactaron decía: «Las santas partículas de Siena son un ejemplo clásico de la perfecta conservación de partículas de pan ácimo consagradas en el año 1730 y constituyen un fenómeno singular, palpitante de actualidad, que invierte las leyes naturales de conservación de la materia orgánica. […] Es extraño, es sorprendente, es anormal: las leyes de la naturaleza se han invertido, el vidrio se ha convertido en sede de mohos, mientras que el pan ácimo ha sido más resistente que el cristal. […] Es un hecho único consagrado en los anales de la ciencia». Se realizaron otros análisis en 1922, con motivo del traslado de las partículas a un cilindro de puro cristal de roca, y en 1950 y 1951.


El papa Juan Pablo II, durante la visita pastoral realizada a la ciudad de Siena el 14 de septiembre de 1980, se expresó así ante las hostias prodigiosas: «¡Es la Presencia!». El milagro permanente de las santísimas partículas se conserva en la capilla Piccolomini durante los meses de verano y en la capilla Martinozzi durante los meses de invierno. Son numerosas las iniciativas que los ciudadanos de Siena organizan en honor de las santas hostias: el homenaje de las contradas, el respeto de los niños de la primera Comunión, la solemne procesión en la fiesta del Corpus Christi, el septenario eucarístico de finales de septiembre y la jornada de adoración eucarística el día 17 de cada mes, en recuerdo del hallazgo ocurrido el 17 de agosto de 1730.
EXTRAÍDO DE



