El beato Carlo Acutis había ideado y realizado una bellísima exposición itinerante sobre los Milagros Eucarísticos. Esta exposición continúa recorriendo Italia y el mundo; todos los milagros eucarísticos presentes en la exposición se reunieron en el libro Los milagros eucarísticos en el mundo, del cual se ha extraído este texto.

Una mujer de religión no cristiana, incrédula ante la verdad del dogma católico de la presencia real de Jesús en la Eucaristía, ayudada por una amiga cristiana, durante la celebración de una santa Misa logró robar una hostia consagrada. Luego, la mujer, como si desafiara a Dios, puso la partícula consagrada en una sartén con aceite sobre
el fuego. De repente, de la hostia comenzó a gotear una gran cantidad de sangre que se derramó por el suelo hasta salir por el umbral de la puerta de la casa.
En Trani, en Apulia, todavía hoy se conserva en la catedral dedicada a María Santísima Asunta la reliquia de este milagro eucarístico ocurrido alrededor del año mil. Son muchos los documentos que relatan el prodigio, entre ellos algunos monogramas eucarísticos reproducidos en las antiguas calles de la ciudad. El fraile Bartolomeo Campi describe en su obra L’innamorato di Gesù Cristo (1625) un relato detallado de cómo sucedieron los hechos: «Fingiendo ser cristiana, la mujer comulgó con las demás… Y, tomando la partícula, se la sacó de la boca y la puso en el pañuelo.


Al regresar a casa, queriendo comprobar si era pan o no, puso aquella bendita partícula en una sartén llena de aceite para freírla… Al entrar en contacto con el aceite hirviendo, la partícula se convirtió milagrosamente en carne ensangrentada y la hemorragia de sangre, por llamarla así, no se detuvo de inmediato; al contrario, salió tanta sangre de la sartén que corría e inundaba por todas partes aquella maldita y execrable casa. Asustada y llena de terror, la mujer comenzó a gritar… y las vecinas acudieron enseguida para ver cuál era el motivo de semejante llanto…».

El arzobispo fue informado inmediatamente de lo sucedido y ordenó devolver reverentemente la partícula a la iglesia. El mismo abad cisterciense Ferdinando Ughelli (1670), en su conocidísima obra enciclopédica Italia sacra, escribía en una nota del séptimo volumen: «En Trani se venera una hostia sagrada, frita por desprecio a nuestra fe…, en la que, al descubrirse el pan ácimo, aparecieron la verdadera carne y la verdadera sangre de Cristo, que cayó hasta el suelo». También encontramos una confirmación indirecta del milagro en una afirmación de san Pío de Pietrelcina, quien exclamó: «Trani es afortunada, porque en dos ocasiones la sangre de Cristo ha bañado su tierra».
La referencia aludía directamente al milagro eucarístico del que nos hemos ocupado y al milagro del Crucifijo de Colonna, de cuya nariz profanada brotó un abundante chorro de sangre. En 1706, la casa de la mujer fue transformada en capilla gracias a la generosa donación del noble Ottaviano Campitelli. La reliquia de la hostia fue depositada en 1616 dentro de un antiguo relicario de plata donado por Fabrizio de Cunio. Sobre esta santa reliquia se realizaron numerosos controles y verificaciones en distintas épocas; el último data de 1924, con ocasión del Congreso Eucarístico Interdiocesano, a cargo de monseñor Giuseppe Maria Leo.
EXTRAÍDO DE



