il pane del digiuno

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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El pan del ayuno

Pan

Ayuno: ¿una práctica inútil?

Al comienzo de la Cuaresma queremos recordar la práctica del ayuno, que incluso entre los cristianos se considera inútil. Sin embargo, el ayuno y la abstinencia pertenecen desde siempre a la vida cristiana porque responden a la necesidad constante de conversión.
¿Qué valor y qué sentido tiene privarnos de algo que en sí mismo sería bueno? La Biblia enseña que el ayuno es de gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que conduce a él. Por eso, en ella se repite varias veces la invitación a ayunar. 
El ayuno es la oración que se expresa con el cuerpo. En el ayuno nuestra oración se encarna y se completa al confesar, a través de las fibras de nuestro cuerpo, que buscamos a Dios y que, además del pan, necesitamos su Palabra (Mt 4,4).

Cómo ayunar

En concreto, durante la Cuaresma, basta con no comer carne los viernes y observar el ayuno el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. El ayuno que indica la Iglesia consiste en hacer una comida al día. Con este cambio de las costumbres habituales se pretende centrar la atención en renunciar a algo que nos importa para decirle al Padre, también con nuestro cuerpo: «¡Tú eres lo más importante para mí!».

¿A qué renunciar?

Cada uno conoce sus propios gustos y, quizá, también sus pequeñas dependencias. Entonces basta con mirar en nuestro interior para comprender de qué renunciar: un alimento favorito, una copa de vino, el uso de las redes sociales, una serie de televisión... sin dejar de lado el ayuno que nunca debe faltar: ¡el del pecado!

Una propuesta para ti

Una vez que hayamos entendido cómo orientarnos, ¿por qué no intentar vivir un día a la semana o un día cada dos semanas... ayunando a pan y agua para descubrir qué tiene que decirnos nuestro cuerpo sobre nuestros apegos, nuestras dependencias, nuestros miedos y nuestras debilidades?
Para hacer que esta experiencia sea aún más bonita, sugerimos preparar el pan que se consumirá en el día especial del ayuno, para redescubrir que nuestras costumbres -gestos sencillos como amasar, beber, comer…- están habitadas por el amor de Dios.


EL PAN DEL AYUNO

Harina 0 500 g 
Agua a temperatura ambiente 375 g 
Levadura de cerveza fresca 8 g 
Miel 10 g 
Sal fina 10 g 

  • Disuelve la levadura de cerveza en 60 ml de agua tibia, añádela a la harina y a la miel y amasa. Añade el agua restante y amasa. Una vez que los líquidos se hayan absorbido, agrega la sal. Amasa de nuevo durante unos 10 minutos. Cubre la masa con un paño de cocina y deja que fermente durante 16 horas.
  • Trabaja nuevamente la masa y estírala delicadamente con las manos para formar un cuadrado. Toma los bordes exteriores y llévalos al centro. Repite esta operación 4 veces.
  • Pásala a un paño de cocina colocado en un bol y déjala reposar durante 4 horas.
  • Transcurridas las 4 horas, enciende el horno a 220 ° y coloca dentro una olla de hierro fundido o de acero.
  • Retoma la masa y dale la vuelta sobre una hoja de papel de horno.
  • Con un cuchillo pequeño y afilado, haz una cruz en el pan. Sin quemarte, saca la olla del horno e introduce el pan con el papel de horno en su interior.
  • Cubre con la tapa y hornea durante 30 minutos en el horno estático precalentado a 220°. A continuación, retira la tapa y continúa la cocción durante 20 minutos, poniendo el horno en modo ventilado para obtener una corteza crujiente y manteniendo la temperatura. Saca el pan del horno.
  • Sácalo de la olla ayudándote con el papel de horno y déjalo enfriar sobre una rejilla.
El pan del ayuno

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