il santo della gioia

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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El santo de la alegría

San Felipe Neri

De Felipe Neri se recuerdan la alegría y el sentido del humor. A quien le recomendaba ser un poco más serio, una vez respondió: «¿No querrás que digan que Felipe es un santo?».

De Felipe Neri se recuerda la humildad. «Hijos, sed humildes, manteneos abajo: sed humildes, manteneos abajo», repetía a los suyos.
De Felipe Neri se recuerdan la bondad y la caridad. Dedicó tiempo y energías a los chicos de la calle de la Roma del siglo XVI: les dio de comer, hizo que jugaran, les aseguró un mínimo de educación y cuidó de su crecimiento religioso. Descubramos más.

Su sentido del humor

San Felipe Neri siempre llevaba consigo “Las facecias del párroco Arlotto”, un libro humorístico que ha dado la vuelta al mundo, en el que se cuentan las alegres extravagancias de un párroco de la época.
A veces Felipe recibía a personajes ilustres con la ropa puesta del revés o podía ocurrir que se vistiera de manera ridícula; era capaz de andar por ahí con la barba afeitada por la mitad, solo de un lado, o con un gran cojín azul en la cabeza, o con unos enormes zapatos blancos como los payasos, o con una camiseta de color rojo brillante sobre la sotana. Hacía estas extravagancias porque no quería que la gente pensara que era un santo.

Sus éxtasis

Antes de la misa, en la sacristía, podía ocurrir que tuviera allí unos perritos y unos pajaritos y jugaba un poco antes de comenzar la celebración porque sabía que, en cuanto empezara, quedaría tan absorto que caería en éxtasis. A veces también se interrumpía mientras leía el Evangelio durante la misa; se ponía a jugar con las llaves y el reloj. Sin embargo, cuando se acercaba la consagración, era como si una fuerza arrolladora se lo llevara. A menudo el monaguillo lo oía susurrar: «¡Es Sangre, es verdaderamente Sangre!». Cuando pronunciaba alguna homilía especialmente bella, al bajar del púlpito fingía tambalearse como un borracho, pero la gente ya había entendido que todo era una farsa para ocultar su santidad.

Sus milagros

Son muchos los milagros atribuidos a la intercesión de san Felipe Neri. Tal era su fama que le llevaban enfermos en estado terminal; él los tocaba y acariciaba y estos se levantaban curados. En el Proceso hay decenas de curaciones de este tipo.

Toda la espiritualidad filipense puede resumirse en esta frase que le gustaba repetir a los suyos: «Nuestra única regla es el amor». Imitemos su ejemplo para que también nosotros podamos ser testigos en el mundo del amor y la alegría que vienen de Dios.

¿Tienes algún recuerdo relacionado con san Felipe Neri que quieras compartir? Escríbelo en los comentarios.


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