il santo delle meraviglie

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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El santo de las maravillas

San Antonio de Padua

Amado e invocado en todo el mundo, desde pequeños aprendemos a dirigirnos a él. Hoy os proponemos emprender juntos un viaje a través de sus milagros más conocidos.

El pan de los pobres

Tommasino era un niño de 20 meses: su madre lo había dejado solo en casa jugando y poco después lo encontró sin vida, ahogado en una tina de agua.
Desesperada, dirigió su oración a san Antonio e hizo un voto: si obtenía la gracia, donaría a los pobres tanto pan como pesara el niño. El hijo volvió milagrosamente a la vida. Así nace la tradición del «pondus pueri», una oración mediante la cual los padres, a cambio de protección para sus hijos, prometían a san Antonio tanto pan como pesaran estos.
Este milagro dio origen a la Obra del Pan de los Pobres y posteriormente a la Caritas Antoniana, las organizaciones antonianas que se esfuerzan por llevar alimentos, productos de primera necesidad y asistencia a los pobres de todo el mundo.

El sermón a los peces

Habría ocurrido en Rímini, que por entonces estaba en manos de grupos de herejes, el famoso sermón a los peces. A la llegada del Santo a la ciudad, los líderes dijeron que lo aislarían tras un muro de silencio. Antonio no sabía a quién dirigirse. Las iglesias estaban vacías. Ni siquiera en la plaza había alguien que lo escuchara. Entonces se puso a rezar y meditar. Al llegar al mar, comenzó a llamar a su auditorio: «Puesto que demostráis ser indignos de la palabra de Dios, he aquí que me dirijo a los peces, para poner de manifiesto aún más vuestra incredulidad». Y afloraron cientos de peces.

El milagro de la mula

El milagro de la mula, esculpido por Donatello en un bajorrelieve de bronce, tuvo lugar también en Rímini. Allí había un hereje más beligerante que los demás, que se burlaba de lo que Antonio predicaba sobre la Eucaristía y negaba la presencia real de Cristo. Llegó a desafiar al Santo, pidiéndole que lo demostrara con un milagro. Si esto ocurría, se convertiría a la doctrina verdadera. Le dijo a Antonio que mantendría a su mula encerrada durante varios días en el establo, sin darle de comer; después la llevaría a la plaza delante de la gente y pondría ante ella algo de forraje. Antonio, en cambio, tendría que colocar la hostia frente a la mula: si el animal ignoraba la comida y se arrodillaba ante la partícula, se convertiría. El Santo aceptó el desafío; después de tres días de ayuno absoluto, llevaron la mula a la plaza: por un lado llegó el hereje con el forraje y, por el otro, Antonio con una brillante custodia. Movida por la curiosidad, había acudido una numerosa multitud que pudo presenciar el prodigio: la bestia, ignorando el cesto de forraje, se volvió hacia la Eucaristía y se arrodilló ante ella.

La visión

Poco antes de morir, Antonio obtuvo permiso para retirarse a orar en Camposampiero, cerca de Padua, en el lugar que el señor de la zona, el conde Tiso, había confiado a los franciscanos, cerca de su castillo.
Mientras caminaba por el bosque, Antonio vio un majestuoso nogal y se le ocurrió hacerse construir entre las ramas del árbol una especie de celda. Tiso mandó preparársela. Así, el Santo pasaba en aquel refugio sus jornadas de contemplación y regresaba a la ermita solo por la noche.
Una tarde, el conde vio que de la pequeña habitación de Antonio emanaba un intenso resplandor. Temiendo un incendio, empujó la puerta y quedó inmóvil ante la escena milagrosa: Antonio sostenía entre sus brazos al Niño Jesús. Terminado el momento de éxtasis, Antonio vio a Tiso conmovido y le rogó que no hablara con nadie de la aparición celestial. Solo después de la muerte del Santo el conde contaría lo que había visto.

Los habitantes de Padua, como san Antonio ya era admirado y seguido en vida, pocos años después de su muerte le dedicaron una iglesia de estilo franciscano, transformada luego en la maravillosa basílica de estilo orientalizante, convertida en uno de los lugares de culto más célebres y frecuentados de la cristiandad. Pablo VI la definió como «clínica espiritual» por los milagros interiores que a menudo se realizan en ella gracias a la intercesión del Santo.


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