Cada año, todos los boloñeses esperan la fiesta de la Virgen de San Luca, cuando el icono “baja” del Monte della Guardia el sexto domingo después de Pascua y permanece en la ciudad durante una semana, hasta el Domingo de la Ascensión.
Este año, estas fechas coinciden con el 21 y el 29 de mayo.
Hay testimonios de la presencia de una ermita en el Monte della Guardia desde el año 1100; estas fuentes hablan de un ermitaño que había llegado de Constantinopla llevando consigo una tabla de cedro sobre la que estaba pintada una imagen de la Virgen en antiguo estilo bizantino.
En 1741 comenzaron las obras de construcción del Santuario en las formas en que lo vemos hoy. El edificio, de planta circular con breves brazos en cruz griega, tiene una sola nave y su grandioso efecto general se debe al gran tambor que sostiene una majestuosa cúpula. Las pinturas del interior pertenecen a la escuela boloñesa del siglo XVII y son obras de artistas como Guido Reni, quien pintó una maravillosa Virgen del Rosario situada en la tercera capilla de la derecha. Detrás del presbiterio se accede por una escalera a una tribuna en la que, dentro de una hornacina, se conserva el valioso icono.

La imagen sagrada es destino de peregrinación no solo para los devotos boloñeses que llegan al Santuario desde el centro de la ciudad siguiendo el largo pórtico, sino también para peregrinos que llegan de la región y, en general, de todo el territorio nacional.
El pórtico, que conecta el Santuario con el centro y que se puede recorrer completamente a pie, está considerado el más largo del mundo y comienza con el primer arco desde la Porta Saragozza.
El 5 de julio de 1433, por primera vez, la Virgen de San Luca fue llevada a Bolonia a través de la Porta Saragozza: desde abril, la ciudad se había visto afectada por lluvias continuas y tormentas con rayos que incluso alcanzaron la Torre degli Asinelli, y el 4 de mayo también se habían producido movimientos sísmicos. Cuando la imagen entró en la ciudad, dejó de llover. Después, se celebró una gran fiesta con una procesión de tres días por la ciudad y luego se devolvió la imagen al santuario. Desde entonces, estas celebraciones se repiten cada año.
Entre los fieles existe una percepción común: al observar durante un tiempo prolongado el icono sagrado de la Virgen, uno siente que su mirada maternal lo sigue. Esta sensación es especialmente intensa cuando uno se acerca al icono por la escalinata que permite llegar al altar.


Para conocer el Santuario


