il sogno di san francesco

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Autore: Editrice Shalom

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El sueño de san Francisco

San Francisco de Asís

El corazón de san Francisco no tenía fronteras: iba más allá de las distancias debidas a la nacionalidad, al color de la piel o a la religión. Su luz sigue iluminando, también hoy, a hombres y mujeres de todas partes del mundo y de todas las creencias. El Santo de Asís fascinó y sigue fascinando a protestantes y católicos, musulmanes y budistas, creyentes y ateos. Su mensaje de «paz y bien» los impulsa a buscar puntos de encuentro para poder convertirse en promotores de paz en las diversas realidades sociales en las que están insertos.

Los hermanos: un don inesperado

En su Testamento, después de contar el encuentro con los leprosos, Francisco afirma: «Y después de que el Señor me dio hermanos, nadie me mostraba qué debía hacer, pero el mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio». Los hermanos son para Francisco un don de Dios. Por supuesto, la nueva situación que se crea presenta algunas dificultades. Nadie sabe decirle qué es lo correcto y entonces Francisco pide ayuda al Señor. El Pobrecillo también nos enseña hoy a vivir la fraternidad, nos enseña que los hermanos que Dios pone en nuestro camino son un don y deben ser amados y acogidos tal como son, con sus virtudes y defectos. No siempre es fácil, pero san Francisco nos muestra el camino que debemos seguir.

Un mensaje de paz y fraternidad que atraviesa los siglos

El mensaje de paz y fraternidad de san Francisco ha atravesado los siglos y ha llegado hasta nosotros. Un mensaje de plena actualidad, en un mundo como el nuestro marcado por conflictos y guerras, individualismo y egoísmo.
Para Francisco no hay fraternidad si no se acepta que todos somos hijos de Dios. Somos hermanos porque todos somos hijos del mismo Padre. Nadie es más extraño para el otro. Una toma de conciencia verdaderamente revolucionaria que lo llevará a encontrarse con el sultán de Egipto. Tras desembarcar en Palestina, se presenta ante el sultán Al-Malik al-Kamil, quien, después de recibirlo con honores, lo escucha con interés. El sultán no se convierte, pero Francisco muestra que es posible el diálogo del amor entre las dos grandes religiones que tienen raíces comunes en Abraham.
Hagamos nuestro el sueño de Francisco, abramos nuestro corazón a los hermanos, acojamos a todos con apertura de corazón, cuidado y atención. No dejemos de esperar una nueva humanidad arraigada en Dios Amor.


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