il volto santo sulle tracce di un mistero

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Autore: Editrice Shalom

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El Santo Rostro: tras las huellas de un misterio

Santo Rostro

Dentro de pocos días celebraremos el Santo Rostro (martes 21 de febrero). Preparémonos para esta celebración con un recorrido ideal por varias ciudades italianas siguiendo las huellas de las representaciones del Santo Rostro, es decir, de aquellas imágenes del rostro de Cristo, consideradas aquerópitas, es decir, no realizadas por mano humana.

Turín: la Sábana Santa

Desde hace más de cuatro siglos se conserva en la catedral de Turín la Sábana Santa (del griego sindon, sábana), una gran tela de lino en la que está impresa la doble figura humana, frontal y dorsal, de un hombre torturado y asesinado. Una antigua tradición, confirmada por investigaciones históricas y científicas, identifica a este hombre con Jesucristo. Un estudio reciente, basado en un nuevo método para datar antiguos hilos de lino, llega a la conclusión de que el tejido de la Sábana Santa es mucho más antiguo que los siete siglos propuestos por la datación mediante radiocarbono. Los resultados experimentales son compatibles con la hipótesis de que la Sábana Santa sea una reliquia de 2000 años, como supone la tradición cristiana.
La imagen del cuerpo es de un color amarillento que solo se diferencia del de la tela de fondo por su mayor intensidad, mientras que las zonas ensangrentadas aparecen rojizas. La transferencia a la tela se produjo de dos maneras diferentes: los exámenes revelan que las manchas de sangre se formaron por contacto directo, mientras que la imagen del cuerpo es una especie de proyección. La hipótesis más verosímil sobre su formación es que la imagen sea el efecto de una radiación ultravioleta, brevísima pero de gran intensidad, desprendida del cuerpo de Cristo en el momento de la resurrección.


El Santo Rostro de Manoppello

En Manoppello, un pueblo de los Abruzos al pie de la Maiella, se conserva desde 1638 la reliquia del Santo Rostro. Es el rostro de un hombre impreso en ambas caras de una tela casi transparente: el rostro es «como el de una persona viva que se encuentra detrás del tejido y que mira a través de esta tela finísima: una persona con cabellos de un esplendor maravilloso, que caen en dos mechones sueltos a ambos lados. Pero lo que más habla en este rostro son los ojos de un blanco muy intenso.

La mirada es amable. Hay como una sonrisa en la expresión, hay algo inexplicable y totalmente inusual. De la misma manera, el rostro humano que se puede vislumbrar en esta tela aparece en un momento con un color intensísimo y delineado con mucha precisión en el dibujo del cabello y de los demás detalles – ante nosotros hay una imagen que aparece compacta en una tonalidad oscura de ocre, por momentos verdosa – y luego uno se sorprende al ver, en cambio, una tela blanca, casi un soplo, de tan fina que es. Si se coloca el Velo frente a la luz, cuando esta pasa directamente desde atrás a través de la tela, la imagen desaparece como si los hilos la hubieran absorbido» (Padre Pfeiffer, estudioso de la reliquia de Manoppello). Según el estudioso, esta reliquia «fotografía» el rostro de Jesús resucitado y puede compararse con la Sábana Santa: «Tenemos dos imágenes auténticas de Jesús de Nazaret que dan testimonio de su presencia en el interior de la tumba en la que fue sepultado su cuerpo muerto y de la que resucitó después de tres días con su cuerpo glorioso».


El crucifijo de Lucca

El Volto Santo de Lucca es un gran crucifijo de madera que se encuentra en el interior de la catedral de San Martín. La tradición sobre su llegada a Lucca es fascinante: el crucifijo permanece oculto en Palestina hasta 782, cuando lo encuentra en Jerusalén un obispo que se encuentra allí en peregrinación.

Tras una visión, decide poner la estatua a salvo de los infieles: carga el crucifijo en una barca sin tripulación con la esperanza de que llegue a un lugar más seguro gracias a la intervención divina. El crucifijo atraviesa ileso todo el Mediterráneo y llega milagrosamente al puerto de Luni.
Luni ya no existe; los normandos la arrasaron en el año 860 d. C., pero en aquella época era un animado centro portuario. Tras llegar aquí, el crucifijo no permite que se acerquen ni los piratas ni los habitantes de Luni. Solo el obispo de Lucca, Juan, advertido en sueños, va a recibir la cruz y puede tocarla. La transporta a Lucca, donde inicialmente es colocada en la iglesia de San Frediano, pero durante la noche desaparece para reaparecer después cerca de la catedral, donde se conserva desde entonces.
Según el manuscrito de Leobino (siglo XII), el cuerpo del crucificado fue tallado por Nicodemo, discípulo de Jesús y testigo de la pasión, quien realizó la obra, excepto el rostro, del que no se consideraba digno y que fue tallado por los ángeles mientras él dormía.


Santo Rostro o Santo Mandillo de Génova

El Santo Rostro de Jesús, custodiado desde hace aproximadamente seis siglos en la iglesia de San Bartolomé de los Armenios, según la tradición es el retrato más antiguo de Jesús y procede del contacto directo con su rostro. El núcleo de la reliquia consiste en una tablilla de cedro, que originalmente tenía una superficie mayor que la conservada, sobre la que está pegado un lino que lleva impreso el rostro de Jesús.


Un elemento valiosísimo, descubierto gracias a los estudios y análisis realizados sobre la reliquia, es el hallazgo de fragmentos de antiguas telas persas y árabes, pegados a la parte posterior del soporte de madera: se trata de telas que se remontan a siglos anteriores al año mil. Estos fragmentos se denominan “reliquias por contacto”, lo que significa que probablemente estas telas habían envuelto el Santo Rostro.

El Santo Rostro nos ha guiado, etapa tras etapa, en un viaje misterioso y fascinante, en el que podemos redescubrir, una vez más, el inmenso amor de Jesús, que dio su vida por nosotros. Reflexionemos sobre ello con renovado asombro y gratitud.


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