13 de mayo de 2022: hoy se celebra el aniversario de las apariciones de la beata Virgen María en Fátima.
Todos conocen Fátima y todos conocen las apariciones de Fátima, pero siempre es grato recorrer aquellos días en que el cielo se inclinó sobre la tierra y la Virgen llamó al mundo, a través de tres pastorcitos -Lucía, Jacinta y Francisco-, a la paz, a la oración y a la conversión.
Sor Lucía, en sus Memorias, recorre aquellos meses extraordinarios a partir de la primera aparición: el 13 de mayo de 1917, la Virgen dice a los pastorcitos: «He venido a pediros que vengáis aquí durante seis meses consecutivos, el día 13, a esta misma hora» y un mes después (13 de junio de 1917) los invita a rezar el Rosario todos los días.
En la sexta aparición, en octubre, la Virgen dice ser la Virgen del Rosario e invita de nuevo a rezar el Rosario: «Que sigan diciendo siempre el Rosario todos los días. La guerra terminará y los soldados volverán pronto a sus casas».
Su invitación y sus palabras, ahora, en este mundo de nuevo atravesado trágicamente por vientos de guerra, suenan por desgracia más actuales que nunca. Al recordar aquellos días y hacer resonar en nuestro corazón las invitaciones de la Madre celestial, encomendamos a la beata Virgen María de Fátima a nosotros mismos y al mundo entero, con un fragmento de la oración de confianza que san Juan Pablo II pronunció en Fátima el 13 de mayo de 1982.
“Bajo tu protección
¡buscamos refugio, santa Madre de Dios”!
Oh Madre de los hombres y de los pueblos,
tú que “conoces todos sus sufrimientos
y sus esperanzas”,
tú que sientes maternalmente todas las luchas
entre el bien y el mal,
entre la luz y las tinieblas,
que sacuden el mundo contemporáneo,
acoge nuestro clamor que,
como impulsados por el Espíritu Santo,
nos dirigimos directamente
a tu Corazón y abraza,
con el amor de la Madre y de la Sierva,
este mundo nuestro,
que te confiamos y consagramos,
llenos de inquietud
por la suerte terrena y eterna
de los hombres y de los pueblos.
De modo especial
te confiamos y consagramos
a esos hombres y esas naciones,
que de esta confianza
y de esta consagración
tienen una necesidad especial.
“Bajo tu protección
buscamos refugio,
¡santa Madre de Dios”!
¡No desprecies las súplicas
de quienes estamos en la prueba!
¡No desprecies!
Acoge nuestra humilde confianza
¡y nuestra confianza!





