En la Colección «Cuadernos del Concilio», a cargo del Dicasterio para la Evangelización y concebida como preparación para el Jubileo de 2025, los volúmenes del 26 al 35 están dedicados al estudio más profundo de la constitución pastoral Gaudium et Spes, sobre la presencia y la acción de la Iglesia en el mundo contemporáneo.

El diálogo con el mundo
En particular, en el Cuaderno titulado “La Iglesia en el mundo de hoy”, monseñor Giovanni Cesare Pagazzi, secretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación, nos propone su reflexión, inspirada en los primeros números de la Gaudium et Spes. Este maravilloso documento concibe la evangelización como la actividad constitutiva de la propia Iglesia, que nace para evangelizar y dirigirse a todos los hombres. Por eso la Iglesia debe dirigir su palabra no solo a sus hijos y a quienes invocan el nombre de Cristo, sino a todos los hombres.
El pueblo que cree en Jesús
Monseñor Pagazzi precisa que «la Iglesia es el pueblo que cree en Jesús, el Hijo de Dios, convertido en hermano y salvador de cada persona. El Concilio Vaticano II, sobre todo gracias a la Gaudium et Spes, enseña que no es posible amar a Dios sin amar al mundo, este mundo santo y sucio, magnífico e injusto, orgulloso y desesperado, abyecto y milagroso. Afirma que esta es la familia humana que hay que amar, este es el mundo en el que hay que vislumbrar la gloria de Dios».

Alegría y esperanza
El nombre Gaudium et spes deriva de las primeras palabras del texto latino, que significan: la alegría y la esperanza. En el marco del Jubileo de 2025, que el papa Francisco quiso dedicar a la esperanza, estas palabras adquieren aún mayor densidad y ocupan un lugar central. En el documento conciliar también se habla «de los dolores y las angustias».
La Iglesia, por tanto, no se siente fuera del mundo, como una maestra que difunde una verdad indiscutible, sino que se considera parte del mundo, solidaria con la humanidad con la que entabla un diálogo para comprender cuáles son los desafíos de la realidad y cuál es la contribución que puede aportar a la solución de los problemas que estos plantean al hombre de hoy. Basta recordar la frase con la que comienza el documento: «Las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, de los pobres sobre todo y de todos los que sufren, son también las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los discípulos de Cristo».
La Gaudium et Spes afirma con fuerza la posibilidad de recibir a Dios en el hombre… a partir del hombre… porque –como escribió Juan Pablo II– «el hombre es el camino de la Iglesia».
Allí donde hay un hombre, creyente o no, está la imagen de Cristo en el mundo, hay una criatura llamada a ser hijo de Dios.
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