No sé ustedes, pero a mí en algunas ocasiones me ha sucedido descubrir, incluso por casualidad, pequeños libros que, con su sencillez, saben llegar al corazón y revelar un tesoro oculto de gracias capaz de iluminar y cambiar la vida. Este es el caso del libro “La comunión espiritual. Deseo de la Eucaristía también fuera de la Misa”.
En pocas páginas se revela el inmenso tesoro contenido misteriosamente en esa fascinante y, por desgracia, poco conocida práctica de la comunión espiritual. Esta, en efecto, nace y se alimenta del deseo de querer estar siempre en comunión con Cristo presente en la Eucaristía, incluso cuando, a lo largo del día, por diversos motivos, no es posible recibir la hostia consagrada.
El objetivo del libro es, por tanto, ayudar a los fieles a redescubrir y profundizar en el valor de la comunión espiritual, e invitar a todos a incorporar este tipo de oración a su vida cotidiana; la comunión busca hacernos sentir unidos de manera más continua a Jesús, no solo cuando recibimos la Comunión durante la Misa, sino también en otros lugares o momentos. Por eso, la Comunión espiritual está destinada a todos, pero especialmente a quienes, por diversas razones, no pueden recibir la Eucaristía: por impedimentos físicos, por la ausencia del sacerdote o por motivos relacionados con la situación familiar.

A este respecto, una breve introducción pone de manifiesto el significado y el gran valor de la comunión espiritual para la vida espiritual. En efecto, no siempre somos conscientes de los beneficios y las gracias que trae consigo esta práctica, explicada por santo Tomás de Aquino y recomendada por el Concilio de Trento.
En esta primera parte se aborda lo concreto y encuentran respuesta interrogantes como: ¿Qué es la comunión espiritual? ¿Cuándo se puede hacer esta comunión? ¿Quién puede hacerla? ¿Qué beneficios se obtienen?
A este respecto, son muy prácticas las indicaciones y referencias que se encuentran en las enseñanzas de aquellos santos que experimentaron y vivieron la comunión espiritual en su vida y que la recomendaron con pasión. Entre ellos destacan: santa Catalina de Siena, san Francisco de Sales, san Ignacio de Loyola, san Alfonso María de Ligorio, santa Ángela Mérici y san Pío. También san Juan Bosco la sugería con estas palabras: «Si no podéis comulgar sacramentalmente, haced la comunión espiritual, que consiste en un ardiente deseo de recibir a Jesús en vuestro corazón», y san Leonardo de Porto Maurizio aseguraba: «Si practicáis varias veces al día el santo ejercicio de la Comunión espiritual, os doy un mes de tiempo para ver vuestro corazón completamente cambiado». Lo habéis entendido bien: ¡solo hace falta un mes!
También es de gran utilidad la pequeña guía que introduce a la práctica de la comunión espiritual y a las condiciones necesarias para vivirla con fruto.
Este libro concluye con la propuesta de algunas oraciones para ayudar a vivir la comunión espiritual como un lugar privilegiado para encontrar, conocer y gustar al Señor en todas las circunstancias y para dar gracias después de haberla recibido.
El santo ejercicio de la comunión puede llenar nuestros días de paz, permitirnos permanecer ininterrumpidamente en presencia del Señor y hacernos vivir con él en un abrazo de amor.
Así pues, no dejemos escapar este pequeño pero valioso libro para abrir las puertas del corazón a la presencia eucarística.



