La comunión espiritual, una práctica espiritual antigua pero hoy un tanto olvidada, volvió a la vida de los cristianos cuando, imposibilitados para participar en la Misa a causa de la emergencia pandémica, el papa Francisco recordó esta «práctica muy recomendada cuando no es posible recibir el Sacramento». Veamos, pues, en qué consiste y cómo se hace.
¿Qué es la comunión espiritual?
La comunión espiritual es un acto mediante el cual nos unimos a Jesús Eucaristía a través de la oración.
Es una forma magnífica de expresar nuestro deseo de estar unidos a él cuando no logramos recibirlo sacramentalmente. La imposibilidad puede deberse a no poder participar en la Misa o a no poder recibir la santa Comunión debido a situaciones de pecado o a otras condiciones objetivas, como el ayuno eucarístico requerido antes de la Comunión eucarística o una enfermedad.
Por ejemplo, para los enfermos y los ancianos que no pueden participar físicamente en la santa Misa, pero que pueden asistir a ella a través de la radio o la televisión, la comunión espiritual es muy eficaz y habría que animarlos a practicarla.
¿Por qué, cuándo y dónde recibir la comunión espiritual?
Se puede hacer la comunión espiritual cada vez que lo deseemos, porque bastan unos instantes, breves jaculatorias dirigidas a Jesús en la Eucaristía, para pedirle que venga a nosotros.
Una excelente manera de hacer la comunión espiritual es unirla a la escucha de la Palabra de Dios. En la meditación, y especialmente en la contemplación, se realiza la comunión espiritual incluso sin expresar fórmulas particulares. Muchos hacen la comunión espiritual cuando reciben la bendición eucarística. Otra ocasión favorable para hacer la comunión espiritual es durante la adoración eucarística. También es útil hacer la comunión espiritual especialmente durante la santa Misa, cuando no se puede recibir la Comunión sacramental.
Los frutos de la comunión espiritual
La comunión espiritual tiene los mismos frutos que la Comunión sacramental: es alimento espiritual y aumento de la gracia. Reaviva la fe y el amor al Santísimo Sacramento e impulsa a vivir la Comunión sacramental.
En cualquier caso, son efectos valiosos, pero menos intensos que los de la Comunión sacramental, ya que no se producen en virtud de la institución divina, sino únicamente en virtud de las disposiciones del individuo, y son proporcionales a estas.
Entre los demás efectos de la comunión espiritual se encuentran un fervor mayor, la alegría en el corazón y la paz del alma.

Tres pasos para hacer la comunión espiritual
Desear “recibir la Comunión”
Hay que formular expresamente el deseo de recibir la Comunión y estar dispuesto a recibirla sacramentalmente, si fuera posible.
Naturalmente, cuanto más fuerte y prolongado sea el deseo, más fructuosa será la comunión.
Creer en la presencia de Cristo
Para hacer la comunión espiritual hay que hacer un acto de fe; hay que creer firmemente en la presencia verdadera, real y sustancial de Jesús en la Eucaristía.
Reconocer con gratitud esta presencia permite que la Comunión dé sus frutos, que consisten en la unión con Cristo a través de la fe y el amor.
Hacer la comunión espiritual
Para hacer la comunión espiritual hay que recitar una oración, aunque solo sea mentalmente, mediante la cual se manifiestan todos esos sentimientos expresados en las dos primeras etapas, es decir, el deseo de unirse a Cristo, realmente presente en la Eucaristía, aunque no se reciba materialmente la Comunión sacramental, y dar gracias por el don recibido.

¿La comunión espiritual sustituye a la Comunión sacramental?
No. La comunión espiritual se practica como expresión del deseo de recibir la Comunión sacramental, cuando no es posible recibirla. Sin duda, la participación plena en la Eucaristía se da cuando uno se acerca personalmente al altar para recibir el cuerpo y la sangre de Cristo.
Si nunca la hemos hecho, intentemos hacer la comunión espiritual: puede llenar nuestros días de amor, permitirnos permanecer en presencia del Señor y hacernos vivir con él en un abrazo de amor. Practicar con sinceridad de corazón la comunión espiritual, incluso varias veces a lo largo del día, puede ser expresión de nuestro sincero deseo de estar con el Señor y puede hacernos comprender cuánto desea él estar con nosotros.


