El Domingo de la Palabra de Dios es una nueva ocasión para hacer propia la invitación de Jesús a escuchar, acoger y guardar su Palabra. Nos recuerda que la Escritura es nuestro “GPS espiritual” para navegar por la vida con esperanza y confianza.
Esta iniciativa, promovida por el papa Francisco, tiene como objetivo fomentar «la celebración, la reflexión y la divulgación de la Palabra de Dios» y busca ayudarnos a comprender cuán importante es referirse a la Palabra de Dios en la vida cotidiana. Antes de pasar a algunos consejos prácticos, descubramos el tema de este año y su vínculo con el Jubileo.
«Espero en tu Palabra»
El lema elegido por el papa Francisco para la edición de 2025, dentro del Año jubilar, es «Espero en tu Palabra», un versículo del Salmo 119. «Se trata de un grito de esperanza: el hombre, en el momento de la angustia, la tribulación y el sinsentido, clama a Dios y pone toda su esperanza en él», escribe monseñor Rino Fisichella, quien continúa diciendo: «Todos esperan, todos nosotros tenemos esperanzas, pero lo que se nos comunica en este Jubileo es “la Esperanza”, en singular. No se trata de una idea abstracta ni de un optimismo ingenuo, sino de una persona, viva y presente en la vida de cada uno: Cristo, crucificado y resucitado, el único que nunca nos abandona». La esperanza cristiana se fundamenta en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos jamás del amor de Cristo, nuestra paz.
Para hacer crecer «la familiaridad religiosa y asidua con las Sagradas Escrituras» (Aperuit illis, 15), aquí tienes algunas sugerencias prácticas y al alcance de todos (cf. Subsidio litúrgico-pastoral Espero en tu Palabra (Sal 119,74).
1. Tener un pequeño Evangelio en el bolsillo
De manera muy concreta, el papa Francisco da este consejo: «Tengan la costumbre de llevar siempre un pequeño Evangelio en el bolsillo, en el bolso, para poder leerlo durante el día. Hay varias ediciones del Nuevo Testamento o del Evangelio, en pequeños volúmenes manejables, en versión de bolsillo, que caben fácilmente en nuestros bolsos o mochilas y que podemos llevar siempre con nosotros».
En efecto, su deseo es que todos los cristianos puedan «aprender “la sublime ciencia de Jesucristo” (cf. Flp 3,8) mediante la lectura asidua de la Palabra de Dios, pues el texto sagrado es el alimento del alma y la fuente pura y perenne de la vida espiritual de todos nosotros. Por tanto, debemos hacer todo lo posible para que cada fiel lea la Palabra de Dios, porque “la ignorancia de las Escrituras, en efecto, es ignorancia de Cristo”, como dice san Jerónimo» (Papa Francisco).
2. Tener la Palabra en el teléfono
También se puede tener fácilmente la Biblia en el teléfono para consultarla en cualquier momento. Hay varias aplicaciones y páginas de internet, no solo con la Biblia, sino también con las lecturas de la Santa Misa de cada día, páginas donde leer o escuchar la Palabra de Dios, y páginas con comentarios y meditaciones.
3. Leer y conocer la Dei Verbum
La Constitución dogmática Dei Verbum aborda los fundamentos mismos de la fe de la Iglesia - la Palabra de Dios, su revelación y su transmisión mediante la Tradición y la Sagrada Escritura - y, por tanto, es lógico que todos los cristianos estén invitados a leer, estudiar y meditar la Sagrada Escritura para alimentar su vida con la fe y la caridad. Para conocer y profundizar en este documento sobre la Palabra de Dios, tan valioso, se podrían leer los primeros volúmenes de la colección Cuadernos del Concilio, preparada por el Dicasterio para la Evangelización con motivo del 60.º aniversario del inicio del Concilio Vaticano II y del Jubileo de 2025.
4. Rosario meditado
Otra fuente para orar con las Escrituras podría ser el Rosario. Como todos sabemos, es una oración evangélica, definida por san Juan Pablo II como el «compendio del Evangelio», porque nos introduce en la meditación de los misterios de la vida del Señor, acompañados por María, la que está más cerca del Señor. Para poner de manifiesto el fundamento bíblico de estos misterios, es importante hacer seguir al enunciado del misterio la proclamación de un pasaje bíblico correspondiente. En este punto, conviene detenerse unos minutos para reflexionar sobre el misterio meditado antes de comenzar la oración vocal (cf. Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, n. 30-31).
Cobremos valor, pues, y celebremos el Domingo de la Palabra de Dios como una ocasión más para abrir nuestro corazón a la voz de Dios y a su llamada. Pero, sobre todo, comprometámonos a crear espacios diarios de oración en familia, para despertar así el deseo de seguir los pasos del Señor Jesús.
¿Tienes la Biblia o el Evangelio? ¿Lees la Palabra de Dios en familia? ¿Es la verdadera luz que orienta tus pasos? Cuenta tu experiencia en los comentarios.
Un tesoro para compartir en familia
Cada familia debería tener su propia Biblia, para leerla cada día. La familia, en efecto, es «uno de los lugares privilegiados» para el diálogo con Dios a través de las Escrituras. ¿Cuántas familias conocen esta extraordinaria verdad? Y, sobre todo, ¿cuántas saben cómo poner en el centro la Palabra de Dios?
Mientras tanto, es necesario elegir un lugar tranquilo de la casa, lejos de las distracciones de la televisión y de los teléfonos móviles, reunirse todos juntos en torno a la Palabra de Dios, leer en voz alta un breve pasaje de la Escritura, por ejemplo, el Evangelio del domingo, y después dejar un poco de tiempo para reflexionar, con la ayuda de los padres, y luego compartir las propias impresiones o la frase que más les haya impactado. Finalmente, se puede concluir este momento con una oración juntos, para que la Palabra leída y meditada dé fruto y ayude a la familia a caminar hacia la santidad.
