la domenica della parola una festa per la bibbia

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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EL DOMINGO DE LA PALABRA: una fiesta para la Biblia

Domingo de la Palabra

El 24 de enero se celebra el “Domingo de la Palabra de Dios”, la jornada instituida por el papa Francisco mediante la carta apostólica en forma de motu proprio “Aperuit illis” (30 de septiembre de 2019). El sentido de esta jornada es recordar, en el III Domingo del Tiempo Ordinario, a todos, clero y fieles, la importancia y el valor de la Sagrada Escritura para la vida cristiana, así como la relación entre la Palabra de Dios y la liturgia.

El Domingo de la Palabra es, por tanto, una ocasión especial para reunir al pueblo de Dios en torno a la Biblia, una jornada de fiesta y celebración para volver a poner en el centro de la vida, junto a la Eucaristía, la escucha de la Sagrada Escritura, mediante experiencias y momentos de lectura, profundización y reflexión espiritual para vivir en comunidad.


El objetivo es «entrar en una familiaridad constante con la Sagrada Escritura; de lo contrario, el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera».
La Biblia no es un libro para unos pocos privilegiados, sino que, como precisa el papa Francisco, es «el libro del pueblo de Dios que, al escucharlo, pasa de la dispersión y la división a la unidad. La Palabra de Dios une a los creyentes y los convierte en un solo pueblo».

¿Por qué quiso el papa Francisco dedicar un domingo específicamente a la Palabra de Dios? 

La Carta Apostólica “Aperuit illis” es muy clara al respecto: «Dedicar de forma particular un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios permite, ante todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que también para nosotros abre el tesoro de su Palabra, para que podamos ser en el mundo anunciadores de esta riqueza inagotable» (n. 2).

Esta insistencia nos remite, por tanto, a las fuentes de la vida cristiana, a aquella única mesa (de la Palabra y de la Eucaristía) que da vigor al camino de los creyentes. «El día dedicado a la Biblia», continúa el papa Francisco, «no quiere ser “una vez al año”, sino una vez para todo el año, porque tenemos la urgente necesidad de familiarizarnos e intimar con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes» (n. 8).

¿Por qué es tan importante esta jornada?

Porque pretende poner solemnemente la Palabra en el corazón de la vida de la comunidad cristiana. La Palabra de las Sagradas Escrituras es viva y eficaz. Si se lee con una actitud de fe, nos conduce a un encuentro contemplativo con el Dios vivo y da fruto en la vida. En particular, el Evangelio es la palabra del Padre en los labios del Hijo, y quien lo escucha y lo acoge llega a vivir una experiencia luminosísima de Dios.
Desde que se convirtió en “obispo de Roma”, como le gusta decir, el papa Francisco ha repetido esta invitación: Leer todos los días «un pasaje del Evangelio para conocer mejor a Jesús, para abrir de par en par nuestro corazón a Jesús. Así podemos darlo a conocer a los demás».

La lectura cotidiana de las páginas del Evangelio, «que debemos llevar siempre en el bolsillo o en el bolso», «nos ayuda a vencer nuestro egoísmo» y «a seguir al Maestro». Pero ¿cómo leerlo? «Manteniendo fija la mirada» en el Señor, para «imaginarme en la escena y hablar con él».

La jornada de la Palabra se fijó en el III domingo del Tiempo Ordinario, cerca de la Jornada del diálogo con los judíos y de la Semana de oración por la unidad de los cristianos. ¿Cuál es el motivo de esta elección?

También sobre este aspecto, la Carta ofrece argumentos lineales y claros, precisando que «este Domingo de la Palabra de Dios se situará así en un momento oportuno de ese período del año en el que estamos invitados a fortalecer los vínculos con los judíos y a orar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia temporal: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a cuantos se ponen a la escucha el camino que deben seguir para alcanzar una unidad auténtica y sólida» (n. 3). 

La Sagrada Escritura tiene un valor unificador. Pensemos en los salmos, oraciones de dos pueblos de dos religiones diferentes, la judía y la cristiana. Y, sin embargo, leemos las mismas palabras y rezamos las mismas oraciones. Además, lo que indiscutiblemente tenemos en común con los hermanos de las Iglesias protestantes es la Palabra de Dios. Esto construye vínculos desde los que iniciar el camino hacia la unidad; por ello, la elección del Papa tiene un gran valor ecuménico e interreligioso.


El III domingo del Tiempo Ordinario, por otra parte, se sitúa inmediatamente después del Tiempo litúrgico dedicado a la Navidad, cuando, tras habernos detenido en el misterio de la encarnación, la Liturgia de la Palabra hace memoria de los comienzos del ministerio público de Jesús, quien, con su Palabra, llama, sana, modela y revela el rostro del Padre.

¿Qué puede hacer un creyente para profundizar en el conocimiento de la Biblia?

De hecho, a menudo uno se limita a escuchar las lecturas de la misa dominical y la explicación que se ofrece de ellas en la homilía. Precisamente por esta razón, en la Carta Apostólica se recuerdan insistentemente algunos aspectos como la «familiaridad con la Palabra», la «relación viva con la Escritura» y la «asiduidad en la Palabra».

Por tanto, no se trata simplemente de “conocer”, de añadir algunos conocimientos más para tener acceso al mundo de la Biblia, sino, sobre todo, de crear una “relación” viva y apasionada para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo. No basta con leer y estudiar la Palabra; es necesario dejar que penetre en nuestra vida y abra su tesoro, poniéndonos en contacto vivo con aquel que es nuestro Camino, Verdad y Vida.

¿Qué iniciativas se pueden emprender para valorar el Domingo de la Palabra?

El papa Francisco deja libertad a cada comunidad para encontrar una manera de celebrar este domingo solemnemente, «de modo que se ponga de manifiesto la importancia de continuar en la vida cotidiana la lectura, la profundización y la oración con la Sagrada Escritura, con especial referencia a la Lectio Divina». El Papa subraya que la Biblia es «el libro del pueblo del Señor», y la escucha de la Biblia lleva al pueblo a pasar «de la dispersión y la división a la unidad». Y continúa: «la Biblia es historia de Dios con el hombre. Y la Palabra debe tener consecuencias en nuestra vida, debe hacer historia».

En concreto, solo por poner un pequeño ejemplo, al finalizar la celebración eucarística se podría entregar a los fieles un pequeño Evangelio, para poner de manifiesto la importancia de continuar la lectura, la profundización y la oración con la Sagrada Escritura en la vida cotidiana.

El Papa ha exhortado varias veces a los fieles a leer una página del Evangelio todos los días. Pero para un laico -un trabajador, una madre o un padre, un estudiante, una persona comprometida socialmente-, a menudo parece que faltan incluso esos diez minutos al día para rezar… El Papa lo sabe. Es un pastor con una larga experiencia entre la gente y conoce los ritmos de la vida cotidiana. Al mismo tiempo, intuye que en el ser humano existe un profundo deseo de Dios.
De ahí nace la fuerte exhortación a las mujeres y los hombres de hoy, a los fieles laicos, para que puedan cultivar y experimentar la fecundidad, la riqueza y la fuerza del Evangelio. Se trata de una palabra viva, capaz de sostenernos, consolarnos y guiarnos, y que nos hace capaces de actuar de manera evangélica allí donde vivimos. 

La Palabra de Dios y los niños

También es importante acostumbrar a nuestros pequeños a escuchar y luego leer la Palabra de Dios. «Desde pequeños, los niños necesitan a Dios y tienen la capacidad de percibir su grandeza. Saben apreciar el valor de la oración, de hablar con Dios, así como intuyen la diferencia entre el bien y el mal». Estas palabras son de Benedicto XVI y están dirigidas principalmente a los padres y las madres. El sentido de esta llamada, hecha por el Papa con una pasión especial, es: «¡Hablad a vuestros hijos de Dios!».

Dar a conocer a Jesús a los niños con la ayuda de la Palabra es una misión única. ¿Cómo contar la Biblia y el Evangelio a los niños? ¿Cómo involucrarlos en historias aparentemente lejanas y en temas difíciles?  Leed juntos algunos pasajes significativos de la Biblia o varios episodios tomados de los Evangelios y de los Hechos de los Apóstoles. Buscad momentos del día en los que la familia pueda dialogar junta sobre la Palabra de Dios, para ponerla cada vez más en el centro de la vida familiar. Intentad explicar las palabras más difíciles y contar la historia con palabras diferentes. Con nuestras palabras transmitimos a nuestros hijos la carta de amor que Dios escribe a cada uno de nosotros. 
Hay muchos recursos que nos ayudan; con un lenguaje sencillo y claro, buscan dar a conocer a los niños y adolescentes la figura de Jesús como amigo para toda la vida.

Esperamos que el Domingo de la Palabra de Dios no sea solo un domingo más entre tantos otros dedicados a muchos temas, sino un acontecimiento decisivo en la vida de la comunidad cristiana y en la vida de cada creyente: un tiempo de redescubrimiento, un tiempo de reapropiación de los textos bíblicos, un tiempo de verdadera escucha de lo que el Espíritu sigue diciendo a las Iglesias.
Demos a la Biblia un lugar central también en nuestros hogares. Es una buena idea, por ejemplo, dedicar un rincón a la Palabra en una habitación de la casa. Un atril, una vela, una flor, una alfombra… comunicarán la importancia y el cuidado que queremos dedicarle.


Las parroquias que deseen instalar un puesto de venta en sus parroquias pueden solicitar el material a la Editorial Shalom.

EL DOMINGO DE LA PALABRA: una fiesta para la Biblia

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