El domingo 11 de abril se celebra la Fiesta de la Divina Misericordia. Esta fiesta representa la forma más importante de devoción a la Divina Misericordia entre todas las que Jesús reveló a santa Faustina, una monja polaca, apóstol de la Divina Misericordia, que entre la primera y la segunda guerra mundial tuvo numerosas visiones de Jesús resucitado.

¿DÓNDE SE CELEBRÓ ESTA FIESTA POR PRIMERA VEZ?
Por las páginas del Diario sabemos que sor Faustina Kowalska fue la primera en celebrar individualmente esta fiesta con permiso de su confesor. El culto a la Divina Misericordia el primer domingo después de Pascua ya estaba presente en 1944 en el santuario de Cracovia-Lagiewniki.
El cardenal Franciszek Macharski, mediante la Carta Pastoral para la Cuaresma de 1985, introdujo la fiesta en la diócesis de Cracovia y, siguiendo su ejemplo, en los años posteriores lo hicieron los obispos de otras diócesis de Polonia.
A petición del Episcopado polaco, el Santo Padre Juan Pablo II, en 1995, introdujo esta Fiesta en todas las diócesis polacas.
El día de la canonización de sor Faustina, el 30 de abril de 2000, el Papa extendió la Fiesta a toda la Iglesia.
¿CUÁLES SON LOS ORÍGENES DE LA FIESTA?
El 22 de febrero de 1931, Jesús comunicó a santa Faustina Kowalska su deseo de una fiesta de la Misericordia que se celebrara el primer domingo después de Pascua, pidiéndole que anunciara las gracias extraordinarias que concedería. Se le apareció vestido de blanco, con la mano derecha bendiciendo y la izquierda apoyada sobre el pecho, del que salían dos grandes rayos, uno rojo y otro pálido.

Jesús le ordenó pintar una imagen según aquel modelo y colocar la inscripción: «Jesús, confío en Ti»; también le dijo: «Deseo que haya una fiesta de la Misericordia. Quiero que la imagen que pintarás con el pincel sea solemnemente bendecida el primer domingo después de Pascua; este domingo debe ser la fiesta de la Misericordia» (Diario 49). Ese mismo día, el Señor le hizo una solemne promesa: «Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. Prometo también, ya en esta tierra, pero especialmente en la hora de la muerte, la victoria sobre los enemigos. Yo mismo la defenderé como mi propia gloria».
Después del 22 de febrero de 1931, como prueba de la importancia de la Fiesta de la Divina Misericordia en el plan salvífico, Jesús recordó su petición a la Santa en otras 14 apariciones, aportando cada vez nuevos elementos, definiendo con precisión el día de la fiesta en el calendario litúrgico de la Iglesia, la causa y el propósito de su institución, la forma de prepararla y celebrarla, así como las gracias vinculadas a ella.
De este modo, Jesús desarrolla un itinerario educativo creciente, proponiendo un culto en el que la oración, la palabra y la acción se convierten en realidades indisolublemente unidas.
¿POR QUÉ SE ELIGIÓ EL PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA?
La elección del primer domingo después de Pascua indica el estrecho vínculo entre el Misterio pascual y la fiesta de la Misericordia. Juan Pablo II escribe en la encíclica Dives in Misericordia: «El Misterio pascual es la cumbre de esta revelación y realización de la misericordia» (n. 7). La resurrección de Cristo es el «signo que corona toda la revelación del amor misericordioso en el mundo sometido al mal (n. 8)». Sor Faustina anotaba en su Diario: «Ahora veo que la obra de la Redención está vinculada con la obra de la Misericordia solicitada por el Señor». Un vínculo que se hace aún más evidente por la novena que precede a la fiesta y que comienza el Viernes Santo. Jesús dijo: «Las almas perecen, a pesar de mi dolorosa Pasión», por el rechazo del Amor divino. Y con la Fiesta de la Misericordia quiso ofrecer otra gran posibilidad de salvación. «Misericordia: es el acto último y supremo con el que Dios viene a nuestro encuentro» (papa Francisco). La divina Misericordia es el don pascual que la Iglesia recibe de Cristo resucitado y ofrece a la humanidad. La Pascua del Hijo es, pues, plena revelación de la misericordia del Padre, atestiguada por la efusión del Espíritu Santo en el corazón de los hombres (Rm 5,5).
Sor Faustina Kowalska, en efecto, ve salir del corazón de Cristo dos haces de luz que iluminan el mundo: «Los dos rayos -le explicó un día el mismo Jesús- representan la sangre y el agua». Entonces queda claro que el corazón traspasado de Jesús es el gran signo histórico del amor misericordioso de la Trinidad por los hombres pecadores, donado por Dios a los hombres en el mismo instante del acontecimiento redentor.

¿EN QUÉ CONSISTE LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA?
En cuanto a la manera de celebrar la fiesta, Jesús expresó dos deseos:
- que la imagen de la Misericordia sea solemnemente bendecida ese día y venerada públicamente, es decir, litúrgicamente;
- que los sacerdotes hablen a las almas de esta grande e insondable misericordia divina y despierten así la confianza en los fieles. «Ningún alma encontrará justificación hasta que se dirija con confianza a mi Misericordia y por eso el primer domingo después de Pascua debe ser la fiesta de la Misericordia y los sacerdotes ese día deben hablar a las almas de mi grande e insondable Misericordia» (Diario 570).

La importancia de esta fiesta se mide por las extraordinarias promesas que Jesús le vinculó.
«En ese día, quien se acerque a la fuente de la vida obtendrá la remisión total de las culpas y de las penas» (Diario 300). Y añadió: «En ese día están abiertas las entrañas de mi Misericordia; derramaré todo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen a la fuente de mi Misericordia. Ningún alma tenga miedo de acercarse a mí, aunque sus pecados fueran como la escarlata» (Diario 699).
Para obtener estos grandes dones hay que cumplir las condiciones del Culto a la Divina Misericordia (confianza en la bondad de Dios y caridad activa hacia el prójimo), estar en estado de gracia (acercándose a la Confesión en los días anteriores a la Fiesta o el mismo día de la Fiesta) y recibir dignamente la santa Comunión.
Por tanto, es un día del que los fieles pueden esperar abundantes frutos espirituales.
En el Diario de santa Faustina se leen estas palabras de Jesús: «Deseo que la fiesta de la Misericordia sea amparo y refugio para todas las almas y especialmente para los pobres pecadores. En ese día están abiertas las entrañas de mi Misericordia; derramaré todo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen a la fuente de mi Misericordia. El alma que se acerca a la confesión y a la santa Comunión recibe el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertos todos los canales por los que fluyen las gracias divinas. Ningún alma tenga miedo de acercarse a mí, aunque sus pecados fueran como la escarlata. Mi Misericordia es tan grande que ninguna mente, ni angélica ni humana, logrará sondearla, aunque se esfuerce en ello durante toda la eternidad. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de mi Misericordia. Cada alma reflexionará eternamente sobre mi amor y mi Misericordia para conmigo. La fiesta de la Misericordia ha salido de mis entrañas; deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua. La humanidad no encontrará la paz hasta que se dirija a la fuente de mi Misericordia» (Diario 699).
Estas palabras adquieren un peso y un significado especiales en este tiempo de ansiedad, angustia, inquietud e incertidumbre sobre el futuro a causa de la pandemia.
¿CÓMO SE OBTIENE LA INDULGENCIA PLENARIA EN LA FIESTA DE LA MISERICORDIA?
La Penitenciaría Apostólica, el 29 de junio de 2002, promulgó el decreto que concede la Indulgencia plenaria con ocasión del II Domingo de Pascua, es decir, de la Divina Misericordia:
Se concede la Indulgencia plenaria, cumpliendo las condiciones habituales (Confesión sacramental, Comunión eucarística y oración según la intención del Sumo Pontífice), al fiel que, el segundo Domingo de Pascua, es decir, el de la «Divina Misericordia», en cualquier iglesia u oratorio, con el alma totalmente desprendida del afecto hacia cualquier pecado, incluso venial, participe en prácticas de piedad realizadas en honor de la Divina Misericordia o, al menos, rece, ante el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, expuesto públicamente o reservado en el sagrario, el padrenuestro y el Credo, añadiendo una piadosa invocación al Señor Jesús Misericordioso (por ejemplo, «Jesús Misericordioso, confío en Ti»).
Buen camino y feliz Fiesta de la Divina Misericordia.
