¿Qué significa Inmaculada Concepción?
Esta expresión significa que la Virgen María, aunque fue concebida por sus padres, Ana y Joaquín, como son concebidas todas las criaturas humanas, nunca fue tocada por el pecado original desde el primer instante de su concepción.
¿Por qué la Virgen María fue concebida inmaculada?
Dios eligió a María desde toda la eternidad para que fuera la Madre de su Hijo: para cumplir esta misión, fue concebida inmaculada. Esto quiere decir que, por la gracia de Dios y en previsión de los méritos de Jesucristo, María fue preservada del pecado original y de sus consecuencias desde su concepción.
Dios no habría podido asumir carne humana en un seno contaminado por la más mínima imperfección y, por eso, no podía sino prepararse un seno puro, casto e inmaculado. Por eso María es la llena de gracia.
Pero ¿esto significa que tenía que decirle que sí a Dios por obligación?
No, porque la gracia es sinónimo de libertad. María permanece libre en cada momento de su vida: Dios, a través del ángel Gabriel, no va a darle una orden, sino a pedirle permiso para entrar en la historia por medio de Ella. Y María responde sin vacilar: «Aquí estoy, soy la sierva del Señor». Ella eligió, en ese momento y durante toda su vida, confiar en Dios.
¿Quién promulgó el dogma de la Inmaculada?
El dogma fue promulgado en la Capilla Sixtina por el beato Pío IX el 8 de diciembre de 1854. El Pontífice, durante su exilio en Gaeta (1849-1851) - debido a la Revolución mazziniana que en 1848-1849 había llevado a la constitución de la Segunda República Romana, de naturaleza masónica y anticristiana - había hecho un voto en una capilla dedicada a la Inmaculada: si recibía la gracia de regresar a Roma y de restablecer el orden cristiano en la Europa entonces convulsionada por la revolución, se comprometería por entero a llevar a cabo la proclamación de este dogma mariano. Como Pío IX llegó a decir, sintió esta necesidad como una llamada interior, que recibió mientras estaba absorto en oración ante la imagen de la Inmaculada.
¿Por qué la Inmaculada está relacionada con algunas apariciones?
El dogma también está relacionado con algunas apariciones marianas. En particular, en 1830 Catalina Labouré, novicia en el monasterio de la Rue du Bac, mandó acuñar una medalla con el texto de una oración que había visto durante una aparición de la Virgen María: «Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti». Y luego, en 1858, Bernadette Soubirous, la vidente de Lourdes, contó que la Virgen se presentó con las palabras «Yo soy la Inmaculada Concepción».
Hoy, por tanto, estamos invitados a mirar y contemplar a la Inmaculada, proponiéndonos amarla cada vez más, amarla sin medida, sin temer amarla demasiado. De hecho, san Maximiliano María Kolbe decía: “No temáis amar demasiado a la Inmaculada, porque nunca la amaréis como la amó Jesús”. Encomendémonos a ella con esta hermosa oración de Juan Pablo II.

Oremos con Juan Pablo II a la Virgen inmaculada
¡Reina de la paz, ruega por nosotros!
Madre de misericordia y esperanza,
obtén para los hombres y mujeres del tercer milenio
el don precioso de la paz:
paz en los corazones y en las familias, en las comunidades y entre los pueblos;
paz sobre todo para aquellas naciones
donde se sigue combatiendo y muriendo cada día.
Haz que todo ser humano, de todas las razas y culturas,
encuentre y acoja a Jesús,
que vino a la Tierra en el misterio de la Navidad
para donarnos “su” paz.
María, Reina de la paz,
¡danos a Cristo, verdadera paz del mundo!
(De la oración del papa Juan Pablo II, 8 de diciembre de 2003)

Si deseas rezar a la Madre inmaculada, tenemos muchas propuestas para ti:
• Oraciones al corazón inmaculado de María
• En oración con san Maximiliano Kolbe
• San Maximiliano Kolbe. El enamorado de María.
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Dejamos la última palabra al papa Francisco para que nos ayude a comprender de qué manera esta fiesta también habla a cada uno de nosotros hoy: «María pone la confianza en Dios por delante de los problemas. El ángel se va, pero ella cree que con ella, en ella, Dios permanece. Y confía. Confía en Dios. Está segura de que con el Señor, aunque de manera inesperada, todo saldrá bien. Este es el comportamiento sabio: no vivir dependiendo de los problemas - ¡terminado uno, se presentará otro! - sino confiando en Dios y encomendándose cada día a Él: ¡aquí estoy! “Aquí estoy” es la palabra. “Aquí estoy” es la oración. Pidamos a la Inmaculada la gracia de vivir así» (Papa Francisco, Ángelus, 8 de diciembre de 2018).
Pronunciando cada día nuestro “aquí estoy”, siguiendo su ejemplo, ¡preparémonos con alegría para la Navidad que viene!
