la gioia di scoprire il proprio posto nel mondo

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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La alegría de descubrir el propio lugar en el mundo

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VENERABLE TECLA MERLO

«Estoy felicísima de mi vocación. Querría tener mil vidas para el Evangelio: que corra y se extienda». Estas son las palabras de Tecla Merlo, palabras pronunciadas con alegría; una alegría vivida plenamente y surgida de haber descubierto su lugar en el mundo. 
De orígenes humildes, nace en una familia campesina en Castagnito d’Alba (Cuneo) el 20 de febrero de 1894. En el momento del bautismo, la abuela tiene una palabra “profética” sobre ella; le dice a mamá Vincenza: «Cuida de Teresa, porque esta niña en la vida tendrá que hacer mucho bien».

El encuentro que cambia la vida

A los 21 años conoce a don Alberione y el deseo de dedicar toda su vida al Señor, que desde hacía tiempo se abría paso en su corazón, encuentra un cauce por el que fluir.
Al principio, don Giacomo le pide que dirija un taller de costura recién abierto; después, el taller femenino se convierte en una librería y tienda de objetos religiosos, una escuela de catecismo y de composición tipográfica. El sueño de don Alberione de fundar una Congregación femenina que difunda el Evangelio mediante la “Buena prensa” está viendo la luz.

Apóstola entre las gentes

En 1918 don Alberione confía a Teresa y a otras pocas jóvenes una pequeña imprenta en Susa (Turín). Al trabajo de redacción, composición e impresión se suma la venta de libros y la difusión del semanario La Valsusa. ¡Nunca se había confiado una tarea semejante a un grupo de muchachas!
Teresa, a pesar de las dificultades y de los “chismes”, es feliz: «Era Dios quien hacía comprender las cosas, quien daba fuerza. Era él quien creaba. Este pensamiento nos animaba y nos invitaba a seguir adelante, aunque en ciertos momentos las cosas eran tan oscuras que no entendíamos nada. Por mi parte, sin embargo, nunca tuve miedo, a pesar de todos los chismes de fuera y de las cruces dentro de la casa».

Nacen las Hijas de San Pablo

En 1922 Teresa, junto con otras ocho jóvenes, pronuncia los votos perpetuos privados. El Fundador la elige Superiora general y adopta el nombre de Tecla, como la primera discípula de san Pablo. 
Comienza a definirse el perfil de las Hijas de San Pablo y comienza, para la hermana Tecla, la tarea más difícil: la de hermana que da testimonio. Dedica a la oración al menos tres horas al día porque, como repite a sus hijas, «la oración es el pulso, es el aliento de la vida espiritual».

Mujer fuerte y decidida

La suya es una fortaleza firme y decidida: «Estar alegres, dispuestas a no buscar las comodidades. Por la noche debemos preguntarnos: ¿qué he hecho hoy? ¿Me he ganado el sustento?». En privado, además, mostraba toda su dulzura: «¿Tienes frío? ¿Estás suficientemente abrigada? ¿Necesitas algo?…». 
Su corazón está cerca de cada una de sus hijas en las dificultades, los riesgos, los peligros… Y ella abre el camino. Ella se arriesga primero: «Ser mujeres fuertes. Pase lo que me pase, no quiero buscar nada fuera del Señor. Pero el Señor puede enviar la prueba… y no es raro que, en vez de buscar a Dios, el alma llore y se desanime. No debemos desanimarnos. Ser almas robustas de espíritu… cobremos ánimo, no nos entristezcamos… si buscamos al Señor, él permanece cerca». 

Por los caminos del mundo para llevar el Evangelio

La hermana Tecla comienza a recorrer los caminos del mundo para abrir nuevos centros de apostolado y visitar a sus hijas. De Italia a América, Europa y Asia. Incansable, se entrega por completo.
En cada lugar al que va lleva su alegría y comunica su paz. Así saluda a las hermanas misioneras: «Ánimo. Sean fuertes y fieles. Vayan con Dios. Recuerden siempre la Casa Madre y querámonos siempre». 

Un ejemplo para toda mujer

De ella se puede decir que es una mujer sencilla porque es libre y profundamente auténtica. Grande es la herencia que dejó a todos. En particular, fue y sigue siendo un ejemplo luminoso, no solo para las Hijas de San Pablo, sino también para todas las mujeres, cualquiera que sea su estado. 
Mujer de fe y esperanza, creyó en el Señor que la eligió para una aventura singular y, confiando en su fidelidad, le respondió hasta el heroísmo del don supremo de sí misma. 
Apóstola audaz, anunció a Jesús Maestro con el testimonio de una vida sencilla y alegre, y afrontó con iniciativa confiada los desafíos del mundo, buscando nuevas formas, nuevos instrumentos, nuevos caminos para «gritar desde los tejados» la «buena noticia» del Evangelio.


La alegría de descubrir el propio lugar en el mundo

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