Continúa la colaboración entre el padre Alessio Fucile, experto en arte, y el blog Shalom. El padre Alessio nos guiará para profundizar en los momentos más importantes del año litúrgico a través de hermosas obras de arte que, además de despertar en nosotros admiración por su esplendor, pueden ayudarnos a comprender mejor las Sagradas Escrituras y el mensaje de Jesús.
El padre Alessio presenta hoy «La curación del leproso», mosaico que se encuentra en la catedral de Monreale, episodio que el evangelista Marcos narra en el Evangelio de mañana.
Hoy te presento «La curación del leproso», un mosaico de la catedral de Monreale. El mosaico forma parte del ciclo de la vida de Cristo, que se encuentra en la pared derecha del transepto y fue realizado en el siglo XIII con la técnica de la cromolitografía.

La compasión de Jesús hacia el leproso
A la derecha, un hombre cubierto de lepra se acerca a Jesús. El episodio muestra una necesidad vital y el deseo que se expresa en la súplica: «Si quieres, puedes curarme» (Mc 1,40). Ante la petición del leproso, el Evangelio subraya la implicación emocional de Jesús: «sintió compasión» (Mc 1,41). La compasión indica etimológicamente un movimiento interior del ser humano, percibido hasta en las entrañas, que remiten al seno materno. La emoción que experimenta Jesús remite a su atención «materna» hacia las personas y su fragilidad. En el Evangelio se subraya varias veces la conmoción de Jesús, sobre todo ante el mal que a menudo afecta al ser humano. El profeta Isaías, que vivió siglos antes que Jesús, ya había intuido este aspecto materno del amor de Dios hacia el ser humano, hasta el punto de escribir: «¿Acaso olvida una mujer a su niño, y deja de conmoverse por el hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo nunca te olvidaré» (Is 49,15).

El amor de Jesús hacia cada uno de nosotros
Jesús tiene un halo cruciforme porque es una persona de la Trinidad y lo sigue el grupo de los apóstoles. Tiene en la mano un rollo, precio de nuestro pecado que asumió para pagar con la ofrenda de su vida.
El Evangelio nos informa de que Jesús no solo no detiene el gesto del leproso, sino que incluso lo toca. El gesto de la bendición lo expresa bien. Tu derecho a acercarte a Jesús no proviene del hecho de que seas justo y digno, bello y bueno.
Precisamente porque eres injusto, herido y pecador, tienes derecho a acudir a Él. Este es el «evangelio», la buena noticia: Dios te ama sin importar nada; tu miseria no es un obstáculo. Él no es la ley que juzga ni la conciencia que condena: es el Padre que da la vida y te ama más que a sí mismo, sin condiciones, tal como eres. Tu mal y el sentirte inadecuado lo impulsan hacia ti con un amor que no tiene otra medida que la de tu necesidad. Jesús, que significa Dios salva, con su toque está cerca de ti. Tu límite y tu mal son el lugar donde entramos en contacto con Él. ¡En el abismo de tu miseria te alcanza su infinita misericordia!
Te dejo una frase del papa Francisco: «Jesús es todo amor. Cada uno de nosotros es la oveja perdida, es el hijo que ha desperdiciado su libertad siguiendo ídolos falsos, espejismos de felicidad, y lo pierde todo. Pero Dios no se olvida de nosotros, nunca nos abandona». ¡Gracias por tu atención!
Y tú, ¿alguna vez has experimentado en tu vida que Dios nunca se olvida de ti? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

