la guarigione della famiglia ferita

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Autore: Editrice Shalom

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La sanación de la familia herida

Sanación de la familia

«¡El futuro de la humanidad pasa por la familia!».
Con estas palabras sencillas y, al mismo tiempo, proféticas, Juan Pablo II, en la exhortación apostólica Familiaris Consortio, expresa la conciencia de la Iglesia sobre la importancia que la familia tiene para el futuro del mundo y de las generaciones. Una conciencia que en la Iglesia, a lo largo de toda su historia, nunca se ha perdido. 

En efecto, ¿qué hay más fundamental y esencial en la vida de un hombre que la familia?
La familia es el primer lugar de acogida que alimenta la vida y la hace posible. Antes de que nazca un hombre o una mujer, existe su familia. Por desgracia, son muchas las transformaciones económicas, sociales, culturales e institucionales que, a partir del siglo pasado, han influido y cambiado radicalmente tanto la estructura como las formas de «hacer familia». 
A este respecto, ya hace 40 años, Juan Pablo II afirmaba también en la Familiaris Consortio: «La situación en la que se encuentra la familia presenta aspectos positivos y aspectos negativos: signos, los primeros, de la salvación de Cristo operante en el mundo; signos, los otros, del rechazo que el hombre opone al amor de Dios. […] La situación histórica en la que vive la familia se presenta, pues, como un conjunto de luces y sombras».
En efecto, hoy resulta muy difícil sostener la dimensión de la pareja y de la familia, precisamente porque el complicado engranaje familiar ya no hunde sus raíces en una estructura sólida que pueda sostener y contener las dinámicas interpersonales de los cónyuges y de los hijos. 

Podría afirmarse, por tanto, que el corazón de la familia es manipulado: por una parte está el poder de la ciencia, que no quiere límites, y por otra, la fragilidad de la familia, que a menudo conduce a las diversas formas de crisis.
La exhortación apostólica Amoris Laetitia tuvo el valor de abordar «el tiempo de la crisis», dedicando algunos números del capítulo VI a Algunas perspectivas pastorales y provocándonos a una reflexión más profunda sobre el problema.
El término crisis se asocia normalmente a la idea de fracaso, ruptura, final o disolución; sin embargo, etimológicamente, la palabra crisis deriva del verbo griego krino, que significa «juzgar», «discernir», «evaluar», es decir, cuestionarse, revisar, replantearse.
 Esto abre una perspectiva más amplia que la que culturalmente habita en nuestra vida cotidiana: «Toda crisis esconde una buena noticia que hay que saber escuchar afinando el oído del corazón» (AL 232).
Por tanto, en su significado más profundo, el término crisis indica un acontecimiento que genera una oportunidad de crecimiento y de descubrimiento de nuevos recursos personales y familiares. Un verdadero «kairós», vivido como un «tiempo oportuno» para redescubrir y reencontrar el amor verdadero. Puede parecer paradójico, pero hay cónyuges que, en los momentos de crisis, logran sacar todo lo «bueno y bello» que llevan «dentro», descubriendo después una renovada fuerza comunicativa y afectiva.
Doy testimonio de ello a través de mi experiencia personal, profesional y eclesial. Durante estos años he tenido la posibilidad de «escuchar» numerosos testimonios de resurrección de esposos que han pasado de la muerte a la vida. Son parejas que han emprendido un camino siguiendo «un método» que también se propone en el libro La sanación de la familia herida.

A mi modo de ver, una de las mayores dificultades que experimenta una pareja en crisis es dejarse ayudar en un proceso de «reconstrucción» que conduce, ante todo, a tomar conciencia de sus propios «males» a nivel personal y conyugal.
¡El amor conyugal no se puede improvisar! Por eso es necesaria una educación en el amor mediante la ayuda y el apoyo de personas preparadas que puedan «facilitar» el diálogo, la comunicación y la escucha mutua, además de la dimensión afectiva, sentimental y sexual de la pareja. Como afirmaba Juan Pablo II: «El amor no es algo que se pueda enseñar, pero es lo más importante que hay que aprender».

A través de mi experiencia he podido comprobar varias veces que, cuando una pareja en crisis inicia un camino que conjuga la dimensión humana y espiritual, tiene una ventaja adicional en la «reconstrucción» del matrimonio. 
De ello se desprende que un conocimiento atento de uno mismo ofrece a dos esposos la posibilidad de revisar todos los momentos particulares en los que cualquier situación los enfrenta a una crisis. Tal proceso no podría comenzar ni continuar sin un retorno de cada persona a su interioridad.
Por tanto, es necesario tomar conciencia de que precisamente cuando las situaciones se complican debemos despertar en nosotros una obstinación contraria. Se lucha no cuando se tiene la certeza de vencer, sino cuando se tiene la sensación de que bastaría un gesto de rendición para arrebatarnos hasta el más mínimo destello de esperanza. 

¡Luchar en la oscuridad de los sentimientos no es fácil! Luchar significa exponerse inevitablemente a las heridas. Después de todo, «si amas, puedes ser herido; pero, si no amas, ya estás muerto».

Leonardo Trione


La sanación de la familia herida

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