Nunca como en este momento, en el recuerdo vivo del papa Francisco, estamos llamados a ser peregrinos de esperanza. La Providencia ha querido que este 2025, tan duro y difícil desde tantos puntos de vista, sea también un Año Santo, un año de gracia que renueva la esperanza.
El Jubileo de la discapacidad
En este Jubileo se acoge y abraza con especial atención a las personas más vulnerables: las jornadas del 28 y 29 de abril de 2025 están dedicadas íntegramente a la discapacidad. Este acontecimiento extraordinario se perfila como una celebración de la inclusión, la espiritualidad y el valor intrínseco de cada persona, especialmente de quienes cargan con el peso de la discapacidad.
Beata Benedetta Bianchi Porro: un faro de esperanza
En este contexto, emerge con fuerza el recuerdo de una figura luminosa: la beata Benedetta Bianchi Porro. Nacida en Dovadola en 1936, su juventud estuvo marcada por una enfermedad progresiva e inexorable, la neurofibromatosis, que la llevó de la pérdida del oído y la vista a la parálisis completa, privándola de casi toda facultad sensitiva. Y, sin embargo, en el corazón de esta oscuridad, Benedetta se convirtió en un faro de fe y esperanza inquebrantables.
Su existencia, marcada inicialmente por la rebeldía e incluso por pensamientos suicidas, se transformó en un camino de profunda amistad espiritual con el Señor, que permitió a Benedetta descubrir la gracia en su propia condición: «Me he dado cuenta más que nunca de la riqueza de mi estado, y no deseo otra cosa que conservarlo», escribe a su regreso de una peregrinación a Lourdes.
«Jesús está conmigo, con mi sufrimiento»
Como los peregrinos de esperanza del Jubileo, Benedetta emprendió un viaje interior a través del sufrimiento, una peregrinación animada por una fe que nunca vaciló.
Sus propias palabras, extraídas de su epistolario, resuenan con un poderoso eco en el contexto del Jubileo de la discapacidad: «Mis días no son fáciles: son duros, pero dulces, porque Jesús está conmigo, con mi sufrimiento, y me da dulzura en la soledad y luz en la oscuridad. Él me sonríe y acepta mi cooperación con Él». Esta conciencia de la presencia divina en el corazón de la prueba es el centro de la esperanza que el Jubileo desea reavivar en cada peregrino, especialmente en quienes afrontan desafíos importantes en su vida.
«Al final del camino, Jesús me espera»
El Jubileo de 2025 contempla talleres y mesas redondas dedicados a temas cruciales como la inclusión social, el apoyo a los cuidadores y la importancia de las tecnologías de asistencia. Estos temas se entrelazan profundamente con la experiencia de Benedetta, cuya capacidad de comunicarse con el mundo se redujo a la sensibilidad de una sola mano, mediante la cual se interpretaban signos convencionales. Su vida da testimonio de la necesidad de derribar las barreras comunicativas y de ofrecer todo el apoyo posible a quienes viven con discapacidad.
La fe de Benedetta no fue una huida de la realidad, sino una manera de encontrar un significado más profundo en el sufrimiento, una perspectiva que el Jubileo nos invita a redescubrir. Como le escribió a Natalino, en su testamento espiritual: «Yo sé que, al final del camino, Jesús me espera. Primero en el sillón, ahora en la cama que es mi morada, he encontrado una sabiduría mayor que la de los hombres. He descubierto que Dios existe y es Amor, Fidelidad, Alegría, Fortaleza, hasta la consumación de los siglos».
El Jubileo de 2025 nos recuerda que cada vida es valiosa y que la discapacidad no disminuye de ningún modo la dignidad y el valor de una persona. El ejemplo de Benedetta nos anima a mirar más allá de las apariencias, a descubrir la riqueza interior y la fuerza espiritual que pueden florecer incluso en las circunstancias más difíciles. Su «sí» a la voluntad de Dios, pronunciado en el corazón del sufrimiento, es una invitación para todos nosotros a convertirnos en auténticos «Peregrinos de Esperanza», capaces de encontrar luz incluso en la oscuridad más profunda.
