Continúa la colaboración entre el blog Shalom y S.E. mons. Raffaello Martinelli, administrador apostólico de la diócesis de Frascati.
Sus fichas de catequesis nos acompañan en estos días de oración y reflexión para descubrir el sentido y el significado de la muerte.
¿De dónde tiene su origen la muerte?
«Dios no creó la muerte» (Sab 1,13), tal como nosotros la sufrimos hoy. Entró en el mundo como consecuencia del primer pecado de nuestros progenitores, Adán y Eva. Es, por tanto, el “salario del pecado” (Rm 6,23). «Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo» (Sab 2,24).
¿Cuál es el sentido de la muerte?
Hoy se tiende a censurar y a eliminar esta realidad de la vida humana. El solo pensamiento de la muerte provoca angustia. Al no pensar en ella, se cree que se la puede alejar o vencer. En realidad, llega inexorablemente y puede llegar en cualquier momento, a cualquier edad de la persona y en cualquier condición en la que se encuentre.
«Tenemos un gran desafío que afrontar, sobre todo en la cultura contemporánea, que a menudo tiende a banalizar la muerte hasta convertirla en una simple ficción, o a ocultarla. La muerte, en cambio, debe afrontarse y prepararse como un paso doloroso e ineludible, pero cargado de sentido: el del acto supremo de amor hacia las personas que nos dejan y hacia Dios, al que vamos al encuentro» (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.15).
Para todo ser humano, la muerte es:
• signo de nuestro ser hombres: pertenece a la condición humana;
• el final de la vida terrena;
• una puerta que cierra una forma de vivir para abrir otra: no es el fin de todo;
• una llamada a la sabiduría de vivir bien el tiempo que tenemos a nuestra disposición;
• una manera de realizar una igualdad fundamental entre todos, más allá de pertenencias sociales, condiciones económicas y capacidades culturales.

Para el cristiano, la muerte está iluminada por la Palabra de Dios, que nos ofrece una luz que ilumina y consuela. La muerte se convierte así en:
• poner fin a la vida del hombre como tiempo abierto para acoger o rechazar el amor de Dios en Cristo;
• comenzar la vida eterna, es decir, esa vida nueva y para siempre que comienza después de esta vida terrena;
• encontrarse con Dios, Padre y también Juez;
• una posible manera de expresar un acto de obediencia y de amor al Padre, siguiendo el ejemplo de Cristo.
Precisamente por esta visión cristiana de la muerte, san Francisco de Asís podía exclamar en el Cántico de las criaturas: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana muerte corporal» (Fuentes franciscanas, 263).
La muerte es una especie de adiós. Esta palabra significa: «A Dios… confiar a Dios, confiar al Padre… Hay que hacer un examen de conciencia pensando en la propia despedida de la vida. También yo tendré que decir esa palabra: adiós. A Dios confío mi alma, mi historia, mis seres queridos; a Dios confío todo. Jesús, muerto y resucitado, envíanos el Espíritu Santo para que aprendamos a decir existencialmente y con toda la fuerza esa palabra: adiós… ¿Estoy preparado para confiar a Dios a todos los míos? ¿Para confiarme a mí mismo a Dios? ¿Para decir esa palabra que es la palabra del abandono del hijo al Padre?… A Dios confío mi alma; a Dios confío mi historia; a Dios confío a los míos; a Dios confío todo» (Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 19 de mayo de 2015).
«Esta es nuestra esperanza ante la muerte. Para quien cree, es una puerta que se abre de par en par; para quien duda, es una rendija de luz que se filtra por una puerta que no se ha cerrado del todo. Pero para todos nosotros será una gracia cuando esta luz del encuentro con Jesús nos ilumine» (Papa Francisco, Audiencia general, 18 de octubre de 2017).
¿Qué sucede con la muerte?
Con la muerte se produce la separación del alma y del cuerpo. El cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma, que es inmortal, va al encuentro de Dios para ser juzgada. Se reunirá con su cuerpo al final de los tiempos.
«Con la muerte, la elección de vida hecha por el hombre se vuelve definitiva: esta vida suya se presenta ante el Juez» (Benedicto XVI, Spe salvi, 45).
El papa Francisco afirma: «La cultura de la vida debe dirigir con mayor seriedad su mirada a la cuestión seria de su destino último. Se trata de poner de relieve con mayor claridad aquello que orienta la existencia del hombre hacia un horizonte que lo supera. Es necesario preguntarse más profundamente por el destino último de la vida, capaz de devolver dignidad y sentido al misterio de sus afectos más profundos y sagrados. La vida del hombre, bella hasta encantar y frágil hasta morir, remite más allá de sí misma: somos infinitamente más de lo que podemos hacer por nosotros mismos. Sin embargo, la vida del hombre también es increíblemente tenaz, ciertamente por una misteriosa gracia que viene de lo alto, en la audacia de su invocación de una justicia y de una victoria definitiva del amor. Y es incluso capaz -esperanza contra toda esperanza- de sacrificarse por ella hasta el final. Reconocer y apreciar esta fidelidad y esta entrega a la vida suscita en nosotros gratitud y responsabilidad, y nos anima a ofrecer generosamente nuestro saber y nuestra experiencia a toda la comunidad humana. La sabiduría cristiana debe reabrir con pasión y audacia el pensamiento del destino del género humano a la vida de Dios, que ha prometido abrir al amor de la vida, más allá de la muerte, el horizonte infinito de cuerpos luminosos llenos de amor, sin más lágrimas» (Discurso a los participantes en la asamblea plenaria de la Pontificia Academia para la Vida, 25 de junio de 2018).
¿Qué significa morir en la gracia de Dios?
Significa morir con la conciencia de no tener pecado mortal en el alma. Significa morir en paz con Dios y con el prójimo. «Cierta es esta palabra: si morimos con Él, también viviremos con Él» (2Tim 2,11).

¿Cómo es posible morir con Cristo?
Es posible:
• viviendo como hijos de Dios durante nuestra vida terrena;
• pidiendo frecuentemente perdón a Dios por nuestros pecados mediante el Sacramento de la Reconciliación (Confesión);
• recibiendo, si es posible, los dos Sacramentos instituidos por Cristo para los enfermos graves y para quienes están a punto de pasar de esta vida a la otra: el Sacramento de la Eucaristía como Viático y el Sacramento de la Unción de los enfermos.
El papa Francisco, en la homilía pronunciada en la Casa de Santa Marta (6 de febrero de 2014), rezó así a Dios, para que «nos conceda a todos estas tres gracias:
1) morir en casa, es decir, morir en la Iglesia (en paz con Dios y con el prójimo);
2) morir en esperanza, con esperanza, es decir, confiándose a Dios (en gracia de Dios y, por tanto, con la esperanza de gozar de la visión de Dios cara a cara);
3) dejar una bella herencia, una herencia humana, una herencia hecha del testimonio de nuestra vida cristiana».
El papa Francisco nos exhorta, pues, a dejar a nuestros seres queridos, al final de nuestro camino terreno, «como mejor herencia, la fe: la fe en este Dios fiel, este Dios que está siempre a nuestro lado, este Dios que es Padre y nunca defrauda» (Homilía en Santa Marta, 4 de febrero de 2016).
«La muerte es un hecho que nos toca a todos, más tarde o más temprano, pero llega… nos recuerda que no somos dueños del tiempo… ¿Qué herencia dejaré como testimonio de vida? Es una buena pregunta que debemos hacernos. Y así, prepararnos, porque ninguno de nosotros permanecerá como reliquia. No, todos iremos por este camino. La muerte también es memoria anticipada: cuando muera, ¿qué me habría gustado hacer hoy en esta decisión que debo tomar hoy, en la manera de vivir de hoy? Es una memoria anticipada que ilumina el momento presente. Iluminar con el hecho de la muerte las decisiones que debo tomar cada día» (Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 1° de febrero de 2018).
¿Cómo venció Cristo a la muerte?
Destruyendo la causa de la muerte, es decir, el pecado, con su muerte en la cruz y con su resurrección.
«La Iglesia siempre ha vivido este paso dramático a la luz de la resurrección de Jesucristo, que ha abierto el camino a la certeza de la vida futura» (Papa Francisco, Misericordia et misera, n.15).
Mañana publicaremos en el blog otros contenidos interesantes sobre el tema de la muerte, obra de S.E. mons. Raffaello Martinelli. ¡Sigue acompañándonos!
El material contenido en esta ficha es propiedad de Mons. Raffaello Martinelli, quien generosamente ha permitido su difusión gratuita a través de la Editorial Shalom. Todos los contenidos presentados están extraídos de la recopilación “50+3 temas de actualidad - Fragmentos de verdad católica”, preparada por Mons. Raffaello Martinelli.

