Giornata Mondiale dell'Ambiente - La nostra casa comune

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Hoy, 5 de junio, celebramos el Día Mundial del Medioambiente, una conmemoración instituida por las Naciones Unidas en 1972 para llamar la atención sobre la importancia vital de proteger y salvaguardar el medioambiente para el bienestar de los pueblos y el desarrollo económico. Este día nos ofrece una valiosa oportunidad para detenernos y reflexionar sobre el profundo vínculo que nos une a la Tierra, nuestra «casa común», como la define el papa Francisco.

El cuidado de «nuestra casa común»

El papa Francisco insistió mucho, a lo largo de su pontificado, en el cuidado del medioambiente y quiso compartir su «preocupación por el cuidado de nuestra casa común».
Con la encíclica Laudato si’ y, más recientemente, con la exhortación apostólica Laudate Deum, reafirmó: «Con el paso del tiempo, me doy cuenta de que no reaccionamos lo suficiente, puesto que el mundo que nos acoge se está desmoronando y quizás se está acercando a un punto de ruptura». Los signos del cambio climático son cada vez más evidentes e innegables, verdaderos «lamentos de la tierra», que nos muestran cómo «el impacto del cambio climático perjudicará cada vez más la vida de muchas personas y familias», especialmente la de los más vulnerables.
La Tierra, que san Francisco de Asís cantaba como «nuestra hermana madre tierra», hoy «protesta por el mal que le provocamos» a causa de un «uso irresponsable y… abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella». La violencia en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los «síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivos». Nuestra tierra, sufriente y devastada, «gime y sufre dolores de parto», transformándose cada vez más en un «inmenso depósito de basura».

Una crisis medioambiental, una crisis humana y social

Esta crisis, lejos de ser solo un problema ecológico, está íntimamente ligada a la «dignidad de la vida humana» y a la «degradación humana y social». No podemos afrontar la degradación medioambiental si no prestamos atención a sus causas humanas y sociales. Existe una «única y compleja crisis socioambiental», en la que los gemidos de la Tierra se unen a los «gemidos de los abandonados del mundo». Es doloroso constatar cómo los pobres son los más afectados por los impactos medioambientales, a menudo ignorados en un mundo que parece concentrarse en «disfrazar los problemas o esconder sus síntomas» o en la «lógica del máximo beneficio al mínimo costo».
La raíz de esta crisis se encuentra en una visión de la realidad que cree que el bien y la verdad brotan «espontáneamente del poder mismo de la tecnología y de la economía». Este paradigma tiende a considerar la naturaleza como un mero «recurso a su servicio», un objeto de explotación ilimitada. El papa Francisco nos invita, en cambio, a reconocer que «el origen humano -“antrópico”- del cambio climático no puede ponerse en duda». Esta «desenfrenada intervención humana sobre la naturaleza en los últimos dos siglos» nos ha vuelto «sumamente peligrosos, capaces de poner en peligro la vida de muchos seres y nuestra propia supervivencia».

Libro Laudato si'

Dios vio… era bueno

Ante esta situación, el mensaje de la fe cristiana ofrece profundas motivaciones para el cuidado. La Biblia nos recuerda que Dios vio «cuanto había hecho, y era muy bueno». Toda la creación es un don de Dios, una «manifestación divina en el resplandor del sol y en la caída de la noche». San Francisco de Asís, amado también por muchos no cristianos, es un «ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad». Vivía una «maravillosa armonía con Dios, con los demás, con la naturaleza y consigo mismo», reconociendo a cada criatura como una hermana o un hermano, unida a él por «lazos de afecto».

Una conversión ecológica

Este Día Mundial del Medioambiente nos llama, por tanto, a un «cambio en los estilos de vida», a una «revolución cultural». No basta con buscar soluciones técnicas, sino que es necesaria una «conversión ecológica», que implica «dejar que afloren todas las consecuencias del encuentro con Jesús en las relaciones con el mundo que los rodea». Esta conversión nos lleva a una «gratitud y gratuidad» hacia el mundo como don, a una conciencia amorosa de formar «con los demás seres del universo una estupenda comunión universal».
También cuentan los pequeños gestos cotidianos: evitar el uso de plástico, reducir el consumo, reciclar, utilizar el transporte público -todo ello forma parte de una «creatividad generosa y digna» que difunde el bien en la sociedad.
A pesar de las dificultades y de la tentación de resignarnos, el papa Francisco nos recuerda que «no todo está perdido». Los seres humanos «también pueden superarse, volver a elegir el bien y regenerarse». La esperanza no es vana. Todavía podemos trabajar para construir un futuro mejor.
En este Día Mundial del Medioambiente, unamos nuestros corazones y nuestras manos, inspirados por el amor infinito de Dios que impregna a cada criatura. Caminemos juntos, «buscando a Dios», con la «alegría de la esperanza», porque «el amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos».

Libro Laudate Deum

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