La Cuaresma, tiempo litúrgico que precede a la Pascua, es un período de profunda reflexión y renovación espiritual para los cristianos. Durante este período, la Iglesia nos invita a emprender un camino de conversión, preparándonos para vivir plenamente el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo.
La Cuaresma: un eco del Evangelio
La Cuaresma nos llama a emprender un camino y, mediante compromisos específicos, nos ayuda a concretar ese deseo de conversión que guardamos en el corazón.
¿Qué podemos hacer?
Escuchar, meditar y frecuentar más asiduamente la Palabra de Dios: meditar las Sagradas Escrituras nos acerca a Dios y nos guía en el camino de la fe.
Vivir fielmente, cada día, un tiempo de intensa oración: el diálogo con Dios, a través de la oración, fortalece nuestro vínculo con Él y nos brinda consuelo, fuerza interior y esperanza.
Poner en práctica gestos, pensamientos y palabras que digan al hermano y a la hermana que están a mi lado: “Te quiero, me importas, eres importante para mí”: poner en práctica el amor evangélico ayudando al prójimo y demostrándole un amor sincero y gratuito es un signo tangible de nuestro deseo de renovación interior.
Dejar de lado alguna necesidad nuestra para hacer espacio a otra cosa y al “Otro”: La renuncia a la comida, a las redes sociales, al pecado, a la calumnia y a las adicciones que enferman el cuerpo y el espíritu nos purifica profundamente, nos hace más fuertes y más receptivos a la gracia de Dios.
La Cuaresma es una ocasión
No debemos pensar en la Cuaresma como un tiempo sombrío y triste, sino como una ocasión para estar corazón a corazón con Dios y con los hermanos; para redescubrirnos a nosotros mismos, las relaciones con las personas que cada día caminan a nuestro lado y abrir de par en par la mirada para reconocer, entre los pliegues de la vida cotidiana, las maravillas que Dios obra en nuestra vida.
Para lograrlo, la Iglesia, madre y maestra, nos entrega esas herramientas de las que acabamos de hablar y que representan nuestro deseo de volver a Jesús; por tanto, ¡no las dejemos escapar!
Una ayuda formidable
Este año, un sacerdote comprometido con la evangelización y la pastoral juvenil, el padre Ivan Licinio, pensando en lo importante que es la Palabra de Dios, ha ideado una herramienta muy sencilla y, al mismo tiempo, eficaz, para ayudar, día a día, a los cristianos que quieran implicarse de una manera nueva.
Por eso ha comentado todos los Evangelios de la Cuaresma, hasta la Pascua, para que nadie se sienta solo durante los cuarenta días del camino.
Con sus palabras, que cada día explican la Palabra e introducen a la oración personal con una breve oración, el camino para llegar a la Pascua será más fácil.
¡Será más fácil leer el Evangelio, será más fácil comprenderlo, será más fácil rezar!
Al igual que Jesús repartía el pan a sus discípulos, los sacerdotes están llamados a «repartir» la Palabra, alimentando al pueblo de Dios.
El subsidio del padre Ivan Licinio se convierte, por tanto, en una herramienta para acercarnos a Dios, meditar sobre su mensaje y prepararnos para la alegría de la Pascua.
Repleto de ideas para la reflexión y oraciones, el subsidio nos acompaña día a día a lo largo del camino cuaresmal, ayudándonos a crecer en la fe y redescubrir el verdadero significado de este tiempo de gracia.
Y tú, ¿alguna vez te has ayudado de un pequeño subsidio para avanzar con paso firme hacia la Pascua?
