La felicidad, la búsqueda de la felicidad, es algo que nos une a todos. Todos desean ser felices, todos desean vivir una vida plena, todos desean encontrar un sentido que oriente su existencia. En esta búsqueda, los jóvenes son quienes, al enfrentarse por primera vez a los “desafíos” de la vida, a menudo se sienten desorientados y confundidos ante las perspectivas y posibilidades que les proponen la familia, la sociedad, la escuela y las redes sociales.
La “ligereza” que agobia
Lo que llega, nítido y contundente, a los oídos de un joven es una gran sensación de “ligereza” que atraviesa plataformas como Instagram, TikTok y Facebook. Una ligereza edulcorada que pinta un cuadro ideal, brillante y perfecto, donde la riqueza y el éxito se convierten en los únicos objetivos que perseguir. Sin embargo, estos pueden transformarse pronto en trampas insidiosas que corren el riesgo de hundirnos en una sensación paralizante de inadecuación, ansiedad y fracaso.

Presión social y autenticidad
Sin duda, las redes sociales han aportado un valor añadido al mundo contemporáneo, pero, como ocurre con toda posibilidad de evolución y crecimiento, es necesario usar el discernimiento; es decir, esa actitud de tomar lo que sirve, seleccionar lo que puede hacer bien y evitar lo que podría limitar la propia libertad y socavar la irrepetible autenticidad de cada persona.
Es importante, entonces, encontrar un equilibrio y, con él, estrategias para alcanzarlo sin dejarse arrastrar por las tendencias superficiales del momento.
A cada época, sus propias “cuestas”
Sin duda, hoy los jóvenes tienen que abrirse camino entre mil estímulos para después recorrer su propia senda, pero no olvidemos que, en todos los tiempos, en todas las épocas y en todas las sociedades, los jóvenes han tenido y tienen que enfrentarse a la cuesta del crecimiento, a la desorientación ante lo nuevo y al miedo a no lograrlo.

San Gabriele, un joven que lo logró
Hoy, por tanto, queremos fijarnos en san Gabriel de la Dolorosa, en un joven que lo consiguió. Un joven que encontró su camino, que dio todos los pasos necesarios para alcanzar una vida plena y satisfactoria, y podemos quedarnos asombrados al descubrir que encontró todo esto en el marco de una adolescencia vivaz, llena de amigos, fiestas y bailes.
Un joven brillante e inteligente que, dentro de su época, vivida plenamente, supo escucharse profundamente sin dejarse corromper por aquello en lo que no se reconocía.
Un chico valiente
Gabriel no vivió en una época fácil; los cambios del Risorgimento ponen en cuestión a toda la sociedad y la forma de vivir - estamos a mediados del siglo XIX -, los dolores y las heridas que atraviesan su vida y su familia no lo dejan indiferente, y el anhelo de hacer de la existencia algo grande, que en un primer momento es acallado, acaba imponiéndose sobre su comprensible resistencia juvenil.

La presencia constante de Jesucristo es reconocida como la piedra angular, y la elección de responder a ese fuego interior que no deja de arder, a los 18 años, lo lleva a darlo todo por ese Amor que lo inunda, lo envuelve y lo sostiene. Así comienza su segunda vida, que no reniega de la anterior, sino que continúa y evoluciona hacia la plenitud que encuentra en la vida con Dios.
Gabriel, el joven buscado por sus amigos, el joven al que le encantaba bailar y escribir poesías, el joven que vivió plenamente su tiempo puede, hoy, iluminar la vida de muchos jóvenes que, como él, quieren ser felices, quieren escuchar los deseos profundos del corazón y perseguir los valores auténticos y duraderos que no cambian con el cambio de las modas, sino que permanecen firmes y sostienen la vida en cada momento.
Sabemos qué hizo san Gabriel para alcanzar la felicidad, ¿y tú qué estás haciendo para alcanzar tu sueño? Cuéntanoslo en los comentarios.


