Con el volumen 6 de los Cuadernos del Concilio, el jesuita Arturo Elberti abre las puertas de la Sacrosancutm Concilium, la constitución sobre la liturgia.
El autor se dirige a todos aquellos que, especialmente los jóvenes, desean participar de manera cada vez más consciente y fructífera en la liturgia vivida de la Iglesia.

El relevo
Cuando el 25 de enero de 1959, Juan XXIII anuncia la convocatoria de un nuevo concilio, realiza un acto inesperado, convocando a toda la Iglesia a un momento solemne profundamente tradicional y, al mismo tiempo, claramente innovador.
Pero, tras su muerte - el 3 de junio de 1963 -, junto al dolor reina un sentimiento de profunda incertidumbre sobre la posible continuación del Concilio.
¿Qué haría el nuevo Papa?
El 21 de junio de 1963, la elección del cardenal Giovanni Battista Montini llena el corazón de esperanza. En su primer mensaje al mundo, al día siguiente de su elección, anuncia: «La parte más importante de nuestro pontificado estará dedicada a la continuación del Concilio».

La reforma litúrgica y el uso de la lengua hablada
Pablo VI, a través de una intensa experiencia pastoral en la diócesis de Milán, había comprobado cuán fecunda era una liturgia correctamente comprendida y participada. De esta conciencia nace el camino que llevará a la redacción de la Sacrosanctum Concilium y a la consiguiente reforma litúrgica.
La novedad que más la caracteriza es, sin duda, la sustitución del latín, en la misa, por la lengua hablada por la gente.
El 4 de agosto de 1967, de hecho, el Pontífice aprobó la decisión de usar la lengua nacional durante toda la celebración, abriendo así el camino a Eucaristías plenamente participadas y comprendidas por los fieles.
Un don y una tarea
Lo que para nosotros es algo obvio, sencillo, establecido y ordinario - poder comprender todas las partes de la misa y participar activamente en la oración - fue, en realidad, una verdadera revolución que el Espíritu Santo suscitó en el corazón de la Iglesia.
Nuestros abuelos pueden contarnos cómo se vivía la misa y la alegría que sintieron cuando, por fin, pudieron rezar en italiano, dejándose alimentar por cada una de las palabras escuchadas y pronunciadas.
Profundizar en la Sacrosanctum Concilium permite comprender los pasos que la Iglesia ha dado hasta hoy y apreciar cada vez más el don que es toda celebración.


