El 25 de julio de 2021 se celebra la Primera Jornada Mundial de los Abuelos y de los Ancianos. Instituida por el papa Francisco, quiere poner de relieve la importancia de quienes custodian las raíces, transmiten la fe a los jóvenes y cuidan de los pequeños. El Santo Padre, además de dedicar una jornada a los abuelos y a los ancianos, concede la Indulgencia Plenaria a quienes participan en las celebraciones de la jornada y visitan a ancianos en dificultad.
Entre los pasajes más bellos del Mensaje que escribió leemos: «¡Quisiera que cada abuelo, cada anciano, cada abuela, cada anciana -especialmente quienes entre nosotros están más solos- recibiera la visita de un ángel!», y también: «Incluso cuando todo parece oscuro, como en estos meses de pandemia, el Señor continúa enviando ángeles, para consolar nuestra soledad y repetirnos: “Yo estoy contigo todos los días”». A veces los ángeles «tendrán el rostro de nuestros nietos; otras veces, el de familiares, amigos de siempre o de aquellos a quienes hemos conocido precisamente en este momento difícil».
La ternura de Francisco se expresa con palabras sencillas, capaces de tocar el corazón; quiere hacer sentir a los abuelos y a los ancianos que la Iglesia está cerca de ellos. Comprende que la pandemia ha sido una prueba durísima y desea llegar a ellos con todo el afecto de todo el pueblo de Dios; algunos enfermaron, otros no lo lograron: «Muchos se fueron, o vieron apagarse la vida de sus cónyuges o de sus seres queridos, demasiados se vieron obligados a la soledad durante muchísimo tiempo, aislados», y entonces volvió el momento, con las precauciones adecuadas, de las visitas y los abrazos, porque los ancianos los necesitan y nosotros también necesitamos de ellos y expresarles el cariño que sentimos.
Demos las gracias al papa Francisco porque continúa recordándonos cuáles son las cosas realmente importantes, que debemos ser afectuosos y tiernos, no tener miedo de manifestar la ternura que llevamos en el corazón y llegar a ser cada vez más cristianos humanamente.
Hagamos que los abuelos y los ancianos se sientan importantes: ¡les hace bien a ellos y nos hace bien a nosotros!

