Continúa y concluye el análisis sobre la Cuaresma a cargo de S.E. mons. Raffaello Martinelli, sacerdote de la diócesis de Bérgamo, obispo emérito de la diócesis de Frascati.
Puedes leer la primera parte del texto en nuestro blog.
¿Cuáles son las prácticas cuaresmales?
La Cuaresma implica un compromiso ascético, individual y colectivo, cuyas formas tradicionales son:
– oración (sobre todo la misa diaria y el vía crucis);
– ayuno (el conjunto de las prácticas de mortificación: comida – palabras – diversiones): la mortificación permite una mayor disponibilidad para el prójimo, más tiempo para el voluntariado y más dinero para la caridad;
– limosna (ayuda a nuestro prójimo más necesitado que nosotros).

Durante la Cuaresma, la Iglesia recuerda que están prescritos:
– ayuno y abstinencia de carne: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo;
– abstinencia de carne: todos los viernes de Cuaresma.
La Iglesia recomienda especialmente practicar, durante la Cuaresma, las obras de misericordia corporales y espirituales:
Las siete obras de misericordia corporal
1. Dar de comer a los hambrientos.
2. Dar de beber a los sedientos.
3. Vestir a los desnudos.
4. Dar alojamiento a los peregrinos.
5. Visitar a los enfermos.
6. Visitar a los presos.
7. Enterrar a los muertos.
Las siete obras de misericordia espiritual
1. Aconsejar a los que dudan.
2. Enseñar a los ignorantes.
3. Corregir a los pecadores.
4. Consolar a los afligidos.
5. Perdonar las ofensas.
6. Soportar pacientemente a las personas molestas.
7. Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.
Estas prácticas «expresan la conversión en relación con uno mismo, con Dios y con los demás» (Catecismo de la Iglesia Católica 1434).

¿Cuál es la importancia del ayuno?
(del Mensaje para la Cuaresma de 2009 de Benedicto XVI)
Hoy en día, constata Benedicto XVI, el ayuno «parece haber perdido un poco su valor espiritual», porque a menudo se reduce a una «medida terapéutica para cuidar el propio cuerpo».
El ayuno, en cambio, tiene para el creyente una importancia considerable, pues está lleno de numerosos significados y finalidades:
Dimensión personal:
– Con el ayuno, en efecto, el creyente pretende «someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia».
– La práctica del ayuno contribuye a «dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a crecer en la intimidad con el Señor».
– «Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a alimentarse de su palabra de salvación».
– Con el ayuno y la oración «le permitimos venir a saciar el hambre más profunda que experimentamos en nuestro interior: el hambre y la sed de Dios».
– Esta práctica es «un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos».
– Del mismo modo, «ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por la culpa original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana».
Dimensión social:
– El Santo Padre subraya también el significado social del ayuno, afirmando que «nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven tantos de nuestros hermanos».
– Lo que ahorramos ayunando podemos destinarlo a obras benéficas y caritativas.
– Por ello, exhorta a las parroquias «a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cultivando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna».
El ayuno de alimentos recuerda y conlleva, en particular, el ayuno de los pecados (sobre todo de la gula, del uso desordenado de la sexualidad…).
En definitiva, gracias al ayuno, la Cuaresma es el tiempo ideal «para alejar todo lo que distrae al espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma, abriéndola al amor de Dios y del prójimo».

Sobre la limosna:
¿Cómo dar limosna?
Estas son algunas indicaciones:
– debe hacerse en secreto: «Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha», dice Jesús, «para que tu limosna quede en secreto» (Mt6, 3-4);
– realizarla:
• sin ofender al otro;
• sin ponernos nosotros mismos en primer plano (vanagloria);
• con alegría: hay más alegría en dar que en recibir (cf. Hch 20,35);
– en silencio, lejos de los focos de la sociedad mediática;
– no limitarse a dar algo material (dinero, pan…), sino darnos a nosotros mismos: nuestra estima, nuestro respeto, nuestro tiempo, nuestros talentos (voluntariado);
– ofrecer el don material, como signo del don más grande que podemos ofrecer a los demás: el anuncio y el testimonio de Cristo;
– lo que da valor a la limosna es el amor: véase la ofrenda de la viuda del Evangelio (cf. Mc 12,42-44).
¿Cuáles son las finalidades de la limosna?
– Ayudar a quien más lo necesita;
– compartir con los demás cuanto poseemos por bondad divina;
– practicar la virtud de la justicia: ante todo y más que un acto de caridad;
– reconocer a Cristo mismo en los pobres;
– imitar a Cristo, que se hizo pobre para enriquecernos;
– realizar un ejercicio ascético para nosotros:
• para liberarnos del apego a los bienes terrenales
• para purificarnos interiormente;
– afirmar el principio de que no somos propietarios, sino administradores de los bienes que poseemos, que Dios nos ha donado;
– actuar para la gloria de Dios;
– practicarla no por filantropía, sino por caridad, amor: un gesto de comunión eclesial;
– acercarnos a Dios, acercándonos a los demás: instrumento de auténtica conversión y reconciliación con Él y con los hermanos.
– obtener el perdón de los pecados. San Pedro cita entre los frutos espirituales de la limosna el perdón de los pecados: «La caridad -escribe- cubre una multitud de pecados» (1 Pe 4,8).
Concluye este análisis de S.E. Mons. Raffaello Martinelli en nuestro blog.
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El material contenido en esta ficha es propiedad de Mons. Raffaello Martinelli, quien ha permitido generosamente su difusión gratuita a través de la Editorial Shalom. Todos los contenidos presentados están extraídos de la recopilación «50+3 temas de actualidad - Fragmentos de verdad católica», editada por Mons. Raffaello Martinelli.

