No es casualidad que José sea el patrón de los padres, un modelo para quienes están llamados a cuidar de los demás. Como hace, precisamente, un padre con sus hijos. Pero ¿conocemos realmente a san José? ¿En qué sentido es padre de Jesús? Dejémonos llevar de la mano por el padre de Jesús para descubrir su retrato, aquello que lo convierte en un ejemplo constante de amor y entrega, una verdadera fuente de inspiración para todos los padres.
Vocación y misión de José
En los cuatro Evangelios Jesús es llamado «hijo de José» (Lc 4,22; Jn 6,42; cf. Mt 13,55 y Mc 6,3). El evangelista Mateo precisa que José asumió su paternidad legal al poner al Niño el nombre revelado por el ángel (Mt 1,21). Este es un dato importantísimo, ya que, en la sociedad judía, quien no tiene padre y, por tanto, un nombre, no tiene derecho a hablar en público y queda excluido de la vida social. El padre legal es el verdadero padre. Sin la paternidad de José, Jesús no habría podido anunciar el Evangelio y llevar a cabo su misión.
Por tanto, «san José fue llamado por Dios a servir directamente a la persona y a la misión de Jesús medianteel ejercicio de su paternidad» (Redemptoris Custos, n.8).
«Padres no se nace, se llega a serlo»
Todos sabemos que no basta con traer un hijo al mundo para decir que también se es padre o madre, como recuerda el Santo Padre: «Padres no se nace, se llega a serlo. Y no se llega a serlo solo porque se trae un hijo al mundo, sino porque se asume responsablemente su cuidado. Cada vez que alguien asume la responsabilidad de la vida de otra persona, en cierto sentido ejerce la paternidad respecto de ella» (Patris corde, 7). Para ser padres no basta el acto físico de engendrar, sino que hace falta algo mucho más profundo y exigente: la humildad del servicio y el amor gratuito por la vida. José nos muestra que esto es posible y que el vínculo de paternidad que lo une a Jesús no es secundario, no es un recurso de sustitución, sino una de las formas más elevadas del amor.
José nos enseña así que la paternidad pertenece al orden del don, a esa gratuidad del amor que supera los vínculos de sangre y crea otros nuevos.
José ama con corazón de padre
José es “padre” de Jesús, aunque ese Niño no haya sido engendrado por él, sino que sea Hijo de ese Dios en quien cree y que le pide que confíe en él. Por tanto, la paternidad de san José es auténtica y plena y, precisamente por eso, asume socialmente todas las tareas de cuidado, atención, confirmación de la identidad y pertenencia.
Como dice el papa Francisco, José ama a Jesús «con corazón de padre» (Patris corde). Un corazón de padre forjado por la obediencia a Dios. José, en efecto, busca siempre la voluntad de Dios, incluso cuando no comprende plenamente por qué caminos pasa esa voluntad. Se abandona totalmente a la voluntad de Dios hasta creer en lo imposible. Y esto permite que José sea siempre guiado por Dios, que en tres ocasiones le indica qué hacer (Mt 1,20; 2,13.19).
¿Quién de nosotros estaría dispuesto, basándose en un sueño, a revolucionar su vida tres veces para ponerse en camino hacia lo desconocido?
José lo hace apoyándose en un abandono total en los brazos del Padre. Es el hombre que no habla, sino que actúa; es el hombre de la acción, que, sin hacer preguntas, se pone en camino…
San José es tanto más padre cuanto más se confía al designio de Dios.
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Ejemplo constante de amor y entrega en la vida cotidiana
José no es un superhéroe, sino un hombre real, un hombre común, alejado de los focos, que de repente tiene la responsabilidad de criar, proteger y educar no a un niño cualquiera, sino a Jesús, el Hijo de Dios.
Sin embargo, a través de su vida ordinaria, realiza algo extraordinario. Cada día, con humildad, valentía y la fuerza de los pequeños gestos cotidianos, pone a Jesús y a María en el centro de su vida. Así, mediante su ejemplo discreto, su testimonio silencioso, su trabajo y su servicio alegre, contribuye al crecimiento humano y espiritual de Jesús, ayudándolo a madurar como hombre y a experimentar, en la realidad concreta de la vida familiar cotidiana, el amor y la fidelidad de su “Padre”. «Ser padres significa introducir al hijo en la experiencia de la vida, en la realidad. No retenerlo, no encarcelarlo, no poseerlo, sino hacerlo capaz de elegir, de ser libre y de partir» (Patris corde, n.7).
Eso hizo José hace más de dos mil años, y eso también deberíamos hacer hoy nosotros, los padres, por el bien de nuestros hijos.

El secreto de san José
San José fue un padre excelente porque siempre buscó vivir en íntima unión con la voluntad de Dios. Esto implica que san José es un hombre de gran oración, porque solo una persona de gran oración puede acoger en su vida una misión tan elevada como la de ser custodio del niño Jesús y de su madre.
Todo padre debe ser ante todo un maestro de oración y de vida cristiana. También hoy, a través de su propio padre, los hijos pueden aprender qué significa el amor a la oración. Al observar y escuchar las enseñanzas de su padre, los hijos pueden aprender a vivir una auténtica vida de fe.
Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, desde pequeña, quedó impresionada al observar la manera en que su padre rezaba y participaba en la santa Misa. En la vida de santa Teresita, la imagen del padre fue la imagen concreta más cercana que le representó en vivo la paternidad de Dios. Teresita pudo experimentar la misericordia de Dios y la infancia espiritual gracias a la maravillosa mediación que tuvo en su padre.
San José representa un modelo que imitar y, al mismo tiempo, un “amigo” al que acudir, un confidente capaz de acercarnos a la imagen más verdadera de la paternidad de Dios.
Conozcamos a san José

