Textos extraídos del Misal «Sobre tu Palabra» enero-febrero de 2025
Santa María, Madre de Dios (s)
propia
PRIMERA LECTURA
Del libro de los Números (Núm 6,22-27)
El Señor habló a Moisés y dijo: «Habla a Aarón y a sus hijos diciéndoles: “Así bendeciréis a los israelitas: les diréis: Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su gracia. Que el Señor vuelva su rostro hacia ti y te conceda la paz”. Así pondrán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El primer día del año, octava de Navidad, la Liturgia celebra la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y presenta la fórmula de bendición más antigua y solemne del Antiguo Testamento. Dos términos abren y cierran la fórmula: bendición («El Señor te bendiga») y paz («El Señor te conceda la paz»). El primero indica la acción benévola de Dios hacia el pueblo; el segundo indica el contenido de los dones de Dios, es decir, la plenitud de la felicidad. Así, en este primer día del año, la Liturgia pone todo el año civil bajo la bendición de Dios, es decir, bajo su benevolencia-bondad, y asegura su paz. No la paz que suele estar de moda, ese «dejadme en santa paz», sino la paz que es Jesús mismo: él es nuestra paz, nuestra alegría, nuestra fuerza. A lo largo del año será inevitable encontrarse con fatigas, luchas, fragilidades, crisis… pero el creyente sabe que cada día del año, cada instante del año está abrazado por la bendición de Dios; está en su compañía. Nos corresponde no perder el tiempo lamentándonos de lo que no tenemos, sino vivir el tiempo con gratitud, empeño y pasión, sabiendo que es el tiempo que Dios nos concede para hacer bien el bien que debemos realizar.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (Gál 4,4-7)
Hermanos, cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiéramos la adopción filial. Y la prueba de que sois hijos es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abbá! ¡Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y, si eres hijo, también eres heredero por gracia de Dios. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Con la expresión «nacido de una mujer», la Liturgia nos permite saborear una vez más la alegría de la Navidad y comprender que es precisamente gracias a Jesús que nos hemos convertido en «hijos adoptivos», hasta el punto de poder dirigirnos a Dios llamándolo «Abbá», Padre, por la fuerza del mismo Espíritu de Jesús que hoy custodiamos en nuestros corazones. Para reforzar esta condición filial, basta pensar que Jesús, poco antes de morir en la cruz, nos dio a María como madre y nos entregó a ella como hijos. Si en la primera lectura hemos subrayado que el año civil ha sido puesto en el abrazo bendiciente de Dios, en esta lectura podemos decir que todo el año está bajo el precioso manto de María, donde todos, absolutamente todos, pueden encontrar refugio y consuelo. En días en los que muchos, demasiados, buscan ansiosamente, a través de horóscopos o adivinos, comprender cómo será el año nuevo, la Liturgia nos recuerda que estamos custodiados en la palma de las manos de Dios y bajo la protección de María, Madre de Jesús y Madre nuestra.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 2,16-21)
En aquel tiempo, [los pastores] fueron rápidamente y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que les habían dicho acerca de él. Todos los que los oían se admiraban de lo que decían los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarlo, le pusieron el nombre de Jesús, nombre que le había dado el ángel antes de su concepción en el seno materno. – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
La primera parte del Evangelio retoma el texto que escuchamos en la Misa de la aurora de Navidad: la visita de los pastores. Son ellos, los «descartados» de aquel tiempo, quienes reciben el primer anuncio y son los primeros en correr para ver este Acontecimiento. Un signo que anticipa y sella el estilo de Jesús: él no ha venido por los sanos, sino por los enfermos; no por los justos, sino por los pecadores. Haber oído y visto permitirá a los pastores salir de la gruta y correr con alegría para comunicar a los demás lo que han experimentado. La segunda escena nos presenta el rito con el que, al octavo día, se circuncidaba a los niños: este es el signo gracias al cual Jesús podrá ser reconocido como hijo de Abraham, de la casa de David. Aquella «herida» expresará que será judío para siempre. Recogiendo los detalles presentados, podemos decir que hoy estamos invitados a comenzar el año nuevo haciéndonos cargo de nuestra humanidad concreta y hermosa, viviéndola bajo la bendición de Dios y sabiendo recomenzar desde la Virgen María, Madre.


