Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra» marzo-abril de 2022
Triduo pascual – Jueves Santo «Cena del Señor»
propia
Misa vespertina
PRIMERA LECTURA
Del libro del Éxodo (Éx 12,1-8.11-14)
En aquellos días, el Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: «Este mes será para ustedes el comienzo de los meses, será para ustedes el primer mes del año. Hablen a toda la comunidad de Israel y díganle: “El día diez de este mes, que cada uno consiga un cordero por familia, un cordero por casa. Si la familia fuera demasiado pequeña para un cordero, se unirá al vecino más próximo a su casa, según el número de personas; calcularán cómo debe ser el cordero según lo que cada uno pueda comer. El cordero será sin defecto, macho, nacido en el año; podrán escogerlo entre las ovejas o entre las cabras y lo conservarán hasta el día catorce de este mes: entonces toda la asamblea de la comunidad de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán un poco de su sangre y la pondrán en las dos jambas y en el dintel de las casas donde lo comerán. Esa noche comerán la carne asada al fuego; la comerán con panes ácimos y hierbas amargas. Lo comerán de esta manera: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies y el bastón en la mano; lo comerán deprisa. ¡Es la Pascua del Señor! Esa noche yo pasaré por la tierra de Egipto y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, hombre o animal; así haré justicia contra todos los dioses de Egipto. ¡Yo soy el Señor! La sangre en las casas donde ustedes se encuentren será una señal a su favor: yo veré la sangre y pasaré de largo; no habrá entre ustedes plaga exterminadora cuando yo hiera la tierra de Egipto. Este día será para ustedes un memorial; lo celebrarán como fiesta del Señor: de generación en generación lo celebrarán como un rito perpetuo”». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El rito de la Pascua de los hebreos comienza con el sacrificio del cordero: debe ser macho y sin defectos (las imperfecciones siempre tienen una relación remota con el pecado). Con una parte de la sangre del cordero se deben marcar las puertas de los israelitas. Después, el cordero debe comerse en comunión, antes de partir hacia la tierra prometida. Jesús, cordero que quita los pecados del mundo, tiene las mismas características que este cordero de la Pascua: macho, sin defectos, derrama su sangre, se entrega como alimento («Tomen y coman, esto es mi cuerpo»). La misa repite sacramentalmente las mismas etapas: está el sacrificio del cordero, está su sangre, está la comunión y está el paso de la esclavitud (ya no de Egipto, sino del pecado) a la libertad de los hijos de Dios. Por eso en el libro del Éxodo se dice que este memorial debe celebrarse como «rito perpetuo». En efecto, se repite todos los días, cada vez que se celebra la misa. El Jueves Santo recordamos solemnemente esta grandiosa perspectiva de Dios.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1 Cor 11,23-26)
Hermanos, yo recibí del Señor lo que a mi vez les transmití: que el Señor Jesús, en la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía». Del mismo modo, después de cenar, tomó también el cáliz y dijo: «Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre; hagan esto cada vez que beban de él, en memoria mía». Por eso, cada vez que comen este pan y beben de este cáliz, anuncian la muerte del Señor, hasta que él vuelva. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
San Pablo afirma haber recibido el Evangelio directamente por revelación del Señor Jesús (Gál 1,15). Por tanto, su «fuente» es pura y auténtica: Pablo afirma que no quiere hacer otra cosa que transmitir lo que ha recibido, sin quitar ni añadir nada suyo. El Evangelio debe transmitirse tal como es; puede comentarse, por supuesto, estudiarse y profundizarse, pero en su contenido es intocable, porque viene de Dios. Y cuando el apóstol nos dice que transmitamos solo lo que ha recibido, habla precisamente de la Eucaristía. Por tanto, no podemos dudar de que esta transmisión haya sido edulcorada, modificada o interpretada: así ocurrió realmente, y así es cada vez que se celebra el Misterio. Ese pan es verdaderamente el cuerpo de Cristo, ese vino es verdaderamente su sangre. Sobre esta fe se basa la vida de la Iglesia, que transmite a las generaciones no un mensaje, no una palabra, sino una presencia, la presencia de Jesús que salva del pecado.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 13,1-15)
Antes de la fiesta de Pascua, Jesús, sabiendo que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Durante la cena, cuando el diablo ya había puesto en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de traicionarlo, Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos y que había venido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó a la cintura. Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba ceñida. Llegó a Simón Pedro, y este le dijo: «Señor, ¿tú me vas a lavar los pies a mí?». Jesús respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; lo comprenderás después». Pedro le dijo: «¡Tú jamás me lavarás los pies!». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tendrás parte conmigo». Simón Pedro le dijo: «Señor, ¡no solo los pies, sino también las manos y la cabeza!». Jesús añadió: «El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio; y ustedes están limpios, aunque no todos». Él sabía quién lo iba a traicionar; por eso dijo: «No todos están limpios». Después de lavarles los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
La frase inicial «los amó hasta el fin» resume todo el Evangelio. Aún queda un gesto por realizar antes de «pasar de este mundo al Padre», y es una acción clamorosa: Dios, Señor de todo, creador y redentor, de la misma naturaleza del Padre, el Santo, se inclina ante unos pobres hombres, frágiles, débiles y pecadores, y los sirve. Se pone «por debajo de ellos». Se comprende bien la reacción inmediata de Pedro: ese no es un gesto «de Dios» ni propio de Dios; Jesús no puede rebajarse tanto, él es el maestro y no debe hacer lo que normalmente hace el último sirviente. Pero esta es la lógica del amor. El amor no cae desde lo alto; quien ama no dice: «Yo te amo, pero recuerda que tú debes servirme y reverenciarme». No: el amor se humilla, desciende y, cuando alcanza el punto más bajo (ese «hasta el fin»), entonces solo pide ser acogido y aceptado. El amor es humilde, puro y casto, y encuentra la alegría en entregarse al amado. Hasta dar la vida por la persona amada. Precisamente, hasta el fin.

