liturgia del giorno 15 agosto 2023 2

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del día: 15 de agosto de 2023

Asunción de la bienaventurada Virgen María

Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” julio-agosto de 2023

Asunción de la bienaventurada Virgen María (s) 
propia


Misa vespertina de la vigilia

PRIMERA LECTURA

Del primer libro de las Crónicas (1Cr 15,3-4.15-16;16,1-2)
En aquellos días, David convocó a todo Israel en Jerusalén, para hacer subir el arca del Señor al lugar que le había preparado. David reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Los hijos de los levitas levantaron el arca de Dios sobre sus hombros por medio de varales, como había prescrito Moisés según la palabra del Señor. David dijo a los jefes de los levitas que prepararan a sus hermanos, los cantores con instrumentos musicales, arpas, cítaras y címbalos, para que, alzando su voz, hicieran oír sonidos de alegría. Introdujeron, pues, el arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David había levantado para ella; ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión delante de Dios. Cuando terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de comunión, David bendijo al pueblo en nombre del Señor. – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

 El pueblo había llevado el arca por el desierto durante el viaje desde Egipto hasta la Tierra Santa. Una vez que llegaron allí, se planteó el problema de dónde colocar el arca. Primero fue puesta en una tienda; después se construyó el majestuoso templo, que se convirtió en la sede definitiva del arca. Pero ¿qué era el arca, qué representaba? Era el recipiente que conservaba las cosas más sagradas: las tablas de la ley, grabadas directamente por el “dedo de Dios”; el bastón de Moisés, que había abierto el mar Rojo y había hecho brotar agua de la piedra; y una bolsa de maná, en recuerdo del alimento que cayó del cielo por benevolencia de Dios. Tal vez había otras cosas, pero estos tres elementos bastan para entender que no había nada más sagrado en Israel. El texto se proclama hoy por la fácil referencia a la maternidad de la Virgen María. En las letanías lauretanas la llamamos “Arca de la alianza”, porque llevó en sí no las tablas de la ley, sino al autor mismo de la «nueva y eterna alianza», Jesús el Señor. ¡Con qué reverencia, entonces, deberíamos pensar en la Virgen María y relacionarnos con ella!


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1Cor 15,54b-57)
Hermanos, cuando este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, se cumplirá la palabra de la Escritura: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! – Palabra de Dios. 

Comentario a la segunda lectura

Cuando en el proceso digestivo se ingiere algo, esa materia baja al estómago, se descompone, pasa al intestino y las sustancias nutritivas se asimilan para producir proteínas y azúcares. Ese alimento inicial, después de pocos minutos, ya no existe, sino que se transforma en otra cosa. San Pablo dice que la muerte es absorbida. Esto significa que nos hace pasar de un estado a otro, y que no debemos temer la muerte inevitable, sino preocuparnos solo por vivir en la gracia de Dios (la verdadera vida). Por tanto, la muerte biológica, que fue impuesta como castigo a Adán, no tiene la última palabra, no puede proclamar su victoria sobre la vida, porque es un simple proceso de paso. Al final, el castigo puede transformarse en verdadera victoria, si morimos en la gracia de Dios y en su amistad. Pensar así en la muerte resulta consolador, ya que esta antesala necesaria puede abrirnos de par en par el paso inmediato a la gloria de Dios. Pero solo cantará victoria quien, humilde y arrepentido, se acerque al momento del paso final llevando como dote su fe y su caridad activa.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 11,27-28)
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la multitud, una mujer de entre la gente levantó la voz y le dijo: «¡Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!». Pero él dijo: «Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

La alabanza que la misteriosa mujer expresa de repente, mientras Jesús habla, es una exquisita manifestación de solidaridad femenina. Toda madre querría tener un hijo como Jesús, tan bueno, sabio, humilde y lleno de amor. Un hijo perfecto honra a su madre, porque toda madre encuentra su alegría en su propio hijo. La alabanza, pues, se dirige tanto al hijo como a la madre. Aquella mujer dio la razón a la profecía de la misma Virgen María, que en el Magnificat dijo: «Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones». Bienaventurada, bienaventurada, grita todo el Paraíso al contemplar a la Virgen María, quien no se queda con toda esa alabanza, sino que la dirige al Hijo y al plan de Dios, que quiso su divina maternidad. Pero también todos nosotros estamos implicados en esta maravillosa relación de amor; también nosotros podemos ser bienaventurados, no en el plano de la maternidad (privilegio propio de María santísima), sino en el de la filiación. Podemos ser verdaderos hijos de Dios y, por tanto, bienaventurados, si escuchamos y ponemos en práctica. En definitiva, Jesús, con esta palabra del Evangelio, declara que existe una nueva familia: Dios como Padre, la Virgen como madre y todos nosotros como hijos, si somos dóciles y obedientes.


Misa del día

PRIMERA LECTURA

Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan (Ap 11,19a;12,1-6a.10ab)
Se abrió el templo de Dios que está en el cielo y apareció en el templo el arca de su alianza. Apareció en el cielo una señal grandiosa: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y, sobre su cabeza, una corona de doce estrellas. Estaba encinta y gritaba por los dolores y el trabajo del parto. Entonces apareció otra señal en el cielo: un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas; su cola arrastraba un tercio de las estrellas del cielo y las precipitaba sobre la tierra. El dragón se puso delante de la mujer, que estaba a punto de dar a luz, para devorar al niño en cuanto lo hubiera dado a luz. Ella dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar a todas las naciones con cetro de hierro, y su hijo fue arrebatado hacia Dios y hacia su trono. La mujer, en cambio, huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio. Entonces oí una voz potente en el cielo que decía: «Ahora se ha cumplido la salvación, la fuerza y el reino de nuestro Dios y el poder de su Cristo». – Palabra de Dios. 

Comentario a la primera lectura

A la grandiosidad de la visión de la mujer que aparece en el cielo (vestida de sol y con la luna bajo sus pies) responde la dramaticidad de la lucha. El demonio no puede soportar ser vencido por aquella que, a diferencia de él, acogió el plan de Dios que quería la encarnación del Hijo para la salvación del hombre. La vida cristiana es una batalla, una verdadera lucha. Debemos estar siempre vigilantes y atentos, y nunca demasiado seguros de nosotros mismos; debemos invocar siempre la ayuda de Dios. Para darnos valor, el Señor nos dio precisamente a la Virgen María, asunta al cielo en alma y cuerpo, quien combate con nosotros y por nosotros. Entre los títulos marianos con los que el pueblo de Dios honra a la Virgen, no está solo el de “madre”, sino también el de “reina”. Una reina participa en todas las batallas del rey y, a veces, ella misma toma las riendas de la guerra. En este caso se trata de una guerra espiritual contra las pasiones y contra las insidias del Maligno. La guerra ya está ganada («ahora se ha cumplido la salvación»), pero por nuestra parte hace falta toda la humildad de reconocernos necesitados de ella. En las manos de la santa Virgen, Dios ha puesto el sello de la victoria sobre el mal.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1Cor 15,20-27a)
Hermanos, Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de los que han muerto. Porque, si por un hombre vino la muerte, por un hombre vendrá también la resurrección de los muertos. Pues así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos recibirán la vida. Pero cada uno en su lugar: primero Cristo, que es la primicia; después, en su venida, los que son de Cristo. Después será el fin, cuando él entregue el reino a Dios Padre, después de haber reducido a la nada todo Principado, Poder y Fuerza. Porque es necesario que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte, porque todo lo ha puesto bajo sus pies. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

En pocas líneas, el apóstol Pablo esboza cuál será la consumación de la vida del mundo. En este tiempo terreno, los hombres estamos llamados a tomar posición, a decidir si estamos con Dios o con el demonio, si vivimos según el Espíritu o según la carne. Si somos de Dios, participamos de su victoria; después, al final de los tiempos, cuando todo se haya cumplido, terminará el tiempo presente, este mundo será destruido y solo existirán las dos grandes realidades del Paraíso y del Infierno. Esto nos enseña a relativizar todas las cosas que en esta vida nos parecen tan importantes y a tener siempre ante los ojos el camino eterno. La verdadera preocupación debe ser permanecer siempre en Cristo, con una vida de fe, esperanza y caridad. La Virgen ya ha realizado este “viaje” y participa, única criatura en el mundo, en la victoria de Dios sobre el mal precisamente mediante la asunción al cielo, es decir, mediante el don del cuerpo glorificado que ya está en Cristo. En María contemplamos el pleno éxito de la acción de Dios, realizado sí por gracia, pero también con la plena docilidad de la Virgen al plan divino.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 1,39-56)
En aquellos días, María se levantó y se dirigió deprisa a la región montañosa, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su vientre. Isabel quedó llena del Espíritu Santo y exclamó en voz alta: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a visitarme? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, el niño saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». Entonces María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. El Poderoso ha hecho obras grandes en mí y santo es su nombre; su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre». María se quedó con ella unos tres meses y después volvió a su casa. – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

La Virgen María emprende un viaje. Ella, criatura, está encinta del Dios creador; ella, amada por Dios, lleva en sí la causa y la fuente del amor. Camina presurosa por caminos solitarios, y el viaje es arriesgado, como puede ser peligroso el camino de una joven sola. Una vez que llega a su destino, del corazón de su amada prima Isabel se eleva una llamarada del Espíritu Santo, y ella reconoce en María a la “portadora” del Señor Jesús. No hay nada más que decir ni nada más importante que hacer. Isabel reconoce a Jesús sin verlo y, llena de asombro, alaba a aquella que fue la primera en creer. Por su parte, la Virgen eleva a su vez el alma y el corazón a Dios y expresa su alegría. Así comienza el Evangelio de quienes encuentran a Jesús por medio de María santísima: la alegría, la alabanza, el desbordamiento del asombro. Después llegarán también los sacrificios, la prueba y la cruz, pero por ahora no hay espacio más que para la alegría. Por este motivo, la Iglesia quiso incluir en la liturgia de Vísperas la repetición, cada tarde, del cántico de la Virgen: también en la Iglesia se renueva la alegría por la encarnación divina y la presencia de Jesús entre nosotros, los hombres pobres pecadores.


Suscripción al Misal
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