liturgia del giorno 15 agosto 2024

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del día: 15 de agosto de 2024

Coronación de María

Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” julio-agosto de 2024

Asunción de la bienaventurada Virgen María (s)
propio


Misa vespertina de la vigilia

PRIMERA LECTURA

Del primer libro de las Crónicas (1Cr 15,3-4.15-16;16,1-2)
En aquellos días, David convocó a todo Israel en Jerusalén para subir el arca del Señor al lugar que le había preparado. David reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Los hijos de los levitas levantaron el arca de Dios sobre sus hombros mediante varas, como Moisés había prescrito según la palabra del Señor. David dijo a los jefes de los levitas que prepararan a sus hermanos, los cantores con instrumentos musicales, arpas, cítaras y címbalos, para que, alzando su voz, hicieran oír sonidos de alegría. Introdujeron, pues, el arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David había levantado para ella; ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión delante de Dios. Cuando terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de comunión, David bendijo al pueblo en el nombre del Señor. –
Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

El traslado del arca a la fortaleza de Sion marca el destino de Jerusalén para toda la historia posterior. La importancia de los santuarios locales cede el lugar al único templo central, situado en el lugar que el Señor ha elegido, destinado a convertirse en el punto de referencia de las tribus de Israel y de todos los pueblos. Allí donde está el arca, el Señor se hace presente, y su traslado a Sion convierte el templo y la ciudad santa en el lugar de la tierra donde él se encuentra con sus fieles. La llegada del arca está acompañada por una ceremonia litúrgica de alcance nacional, con la presencia de los levitas, hombres del culto, y de los cantores, animadores del acontecimiento especial y gozoso. En el contexto de la liturgia de la fiesta de la Asunción, podemos ver en el arca la prefiguración de María. Así como esta contiene en su interior las tablas de la Ley, los diez mandamientos escritos en piedra, María acoge en su cuerpo a la Palabra hecha carne. Además, Jesús se revelará a sí mismo como el puente entre el cielo y la tierra. El templo construido no por manos humanas será él mismo, mediante la resurrección de la muerte y con su cuerpo glorioso.  


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1Cor 15,54b-57)
Hermanos, cuando este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, se cumplirá la palabra de la Escritura: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo! – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

San Pablo deja de lado los términos “resurrección” y “transfiguración” para usar expresiones relacionadas con estar revestidos de incorruptibilidad e inmortalidad. Estas dos situaciones gloriosas del cuerpo humano tienen en común la victoria total sobre la muerte. Por tanto, el Apóstol decreta el fin del reino de la muerte, que usa como arma letal el aguijón del pecado al que todos estamos sujetos y que nos priva de la fuente de la vida. Sin embargo, por medio de Cristo tenemos la victoria sobre la tiranía de la muerte, concebida como un general poderoso que parece invencible e inexpugnable. Unidos a él mediante la fe y el amor, estamos seguros del triunfo de mañana. La esperanza de la resurrección es uno de los grandes estímulos de la humanidad para no detenerse jamás en el esfuerzo liberador, llevado a cabo por los procesos revolucionarios más genuinos de la historia. Pero al final la partida siempre estará perdida si Dios no interviene para enviar a Jesús, verdadero liberador. Por eso san Pablo concluye no solo con la referencia a la salvación definitiva del hombre resucitado y vivo, sino también con la alabanza a Dios, único verdadero artífice de la vida que no termina. 


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 11,27-28)
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la multitud, una mujer de entre la gente levantó la voz y le dijo: «¡Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!». Pero él dijo: «Más bien, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

Jesucristo no pretende rechazar el elogio de su madre, hecho con tanta espontaneidad y entusiasmo por una mujer, sino que invita a considerar las cosas desde un punto de vista más profundo. María es verdaderamente bienaventurada porque dio el ejemplo perfecto de adhesión y disponibilidad a la voluntad de Dios. Sin embargo, si queremos aplicar el pasaje evangélico a la fiesta de la Asunción, podemos afirmar que aquel vientre que acogió y llevó a Jesús durante nueve meses se encuentra ahora en la gloria divina, pues no fue depositado en el sepulcro para sufrir corrupción y descomposición. También los pechos que amamantaron a su Hijo durante el período del destete los imaginamos como fuente de la leche del amor que desde el cielo se derrama sobre sus hijos, nacidos de la fe y del Bautismo. También podemos pensar en las innumerables imágenes o estatuas de la Virgen María, sentada con el niño en brazos, y en algunas que muestran a Jesús recién nacido mientras lo amamanta. Finalmente, ella es sobre todo la criatura humana que acogió la palabra de Dios, la diligente sierva del Señor, aquella que meditó y estuvo siempre dispuesta a comprender las palabras que se le proponían, aunque a veces no se presentaran como noticias agradables y deseables.


Misa del día

PRIMERA LECTURA

Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan (Ap 11,19a;12,1-6a.10ab)
Se abrió el templo de Dios que está en el cielo y apareció en el templo el arca de su alianza. Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y, sobre su cabeza, una corona de doce estrellas. Estaba encinta y gritaba por los dolores y el trabajo del parto. Entonces apareció otra señal en el cielo: un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas, siete diademas; su cola arrastraba un tercio de las estrellas del cielo y las precipitaba sobre la tierra. El dragón se puso delante de la mujer que estaba a punto de dar a luz, para devorar al niño en cuanto lo diera a luz. Ella dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar a todas las naciones con cetro de hierro, y su hijo fue arrebatado hacia Dios y hacia su trono. La mujer, en cambio, huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio. Entonces oí una voz potente en el cielo que decía: «Ahora se ha cumplido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la potestad de su Cristo». – Palabra de Dios. 

Comentario a la primera lectura

«Una gran señal apareció en el cielo». El término «señal» no alude a un prodigio o a un espectáculo extraordinario digno de admiración, sino que en ella se oculta un mensaje que debe comprenderse. En la «mujer» se vislumbra tanto a María como a la Iglesia, ambas llamadas a engendrar y manifestar a Jesús, el rey poderoso y universal, combatido por las potencias demoníacas, pero incapaces de oponerse al designio de Dios. Para dar esperanza a las comunidades cristianas, la mujer es vista como una figura celestial, envuelta por la luz divina (el sol), no vencida por el paso del tiempo (la luna bajo sus pies) y ya llegada a la etapa escatológica como reina victoriosa (la corona de doce estrellas). Pero la mirada también se proyecta sobre la vida de aquí abajo, donde los creyentes sufren pruebas y padecimientos, ayudados por Dios con el refugio en el desierto. María, como mujer y madre, está allí con sus hijos para participar de su dolor. La Iglesia, alejada de las maquinaciones terrenas, escondida por Dios, a la espera del cumplimiento de la salvación, marcada por momentos dramáticos, está segura de llegar a la gloria del cielo con María asunta.


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1Cor 15,20-27a)
Hermanos, Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de los que han muerto. Porque, si por un hombre vino la muerte, por un hombre vendrá también la resurrección de los muertos. Pues así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos recibirán la vida. Pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, en su venida, los que son de Cristo. Después será el fin, cuando él entregue el reino a Dios Padre, después de haber reducido a la nada todo Principado, toda Potestad y toda Fuerza. Pues es necesario que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser aniquilado será la muerte, porque ha puesto todo bajo sus pies. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

«Por un hombre vino la muerte». Este individuo es Adán, el progenitor de nosotros, sus hijos, expulsados del paraíso terrenal y expuestos a una existencia marcada por el mal. En nuestra vida terrena podemos encontrarnos con innumerables situaciones que nos causan obstáculos y desgracias, pero ciertamente no se nos concede vencer al último enemigo, la muerte, por la que somos inexorablemente derrotados. Ella no mira a nadie a la cara y ningún médico puede intervenir con su pericia científica para impedir que arrastre al sepulcro a quienes son su presa. Así, las criaturas humanas se encuentran sometidas a esclavitud durante toda la vida. Pero ahora ha aparecido otro hombre, el Hijo de una mujer, la Virgen María, por medio del cual «vendrá la resurrección de los muertos». Por eso Jesús, después de vencer en sí mismo a la muerte, comienza a entablar una lucha contra las potencias adversas, para que, en el momento de su regreso, quienes están unidos a él puedan resucitar de los sepulcros. María, preservada de la corrupción del cuerpo, ya ha vencido con su Hijo, como signo de esperanza para todos nosotros.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 1,39-56)
En aquellos días, María se levantó y se dirigió apresuradamente a la región montañosa, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su vientre. Isabel quedó llena del Espíritu Santo y exclamó a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Pues en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, el niño saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que ha creído, porque se cumplirá lo que el Señor le ha dicho». Entonces María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones. El Poderoso ha hecho obras grandes en mí y santo es su nombre; su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen. Ha desplegado la fuerza de su brazo, ha dispersado a los soberbios en los pensamientos de su corazón; ha derribado del trono a los poderosos y ha enaltecido a los humildes; ha colmado de bienes a los hambrientos y ha despedido a los ricos con las manos vacías. Ha auxiliado a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había dicho a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia por siempre». María permaneció con ella unos tres meses y después volvió a su casa. – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

«El Poderoso ha hecho obras grandes en mí»: consciente de su pequeñez, María sabe captar las maravillas de Dios, sabe reconocer la mirada divina que, posada sobre ella, ha notado «la humildad de su sierva». Sobre esta humildad intervino Dios, para que de ella pudiera nacer el Verbo de Dios hecho carne. Así puede proclamar su Cántico, estallar en una alabanza sincera que brota de lo más íntimo de su ser. El ánimo de la Virgen no puede contener tal gozo, que sale espontáneamente de su boca para alcanzar el cielo, de donde procede toda gracia. La Virgen es bienaventurada porque el Espíritu Santo envuelve su cuerpo y su corazón, haciéndola llena de gracia; fue elegida como madre del Mesías; creyó en las palabras del ángel; es Virgen y a la vez Madre; es bendita entre todas las mujeres; participó al pie de la cruz en la obra salvadora del Hijo; es bienaventurada porque fue asunta al cielo y es reina. Así, todos los creyentes que entren a formar parte de la Iglesia la descubrirán y dirigirán a ella sus oraciones.

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