liturgia del giorno 15 agosto 2025

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra», julio-agosto de 2025

 Asunción de la bienaventurada Virgen María (s)

Primera lectura

Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan (Ap 11,19a;12,1-6a.10ab)

Se abrió el templo de Dios que está en el cielo y apareció en el templo el arca de su alianza. Apareció en el cielo una señal grandiosa: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Estaba encinta y gritaba por los dolores y el trabajo del parto. Entonces apareció otra señal en el cielo: un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas, siete diademas; su cola arrastraba un tercio de las estrellas del cielo y las precipitaba sobre la tierra. El dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar al niño apenas lo hubiera dado a luz. Ella dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar a todas las naciones con cetro de hierro, y su hijo fue arrebatado hacia Dios y hacia su trono. La mujer, en cambio, huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio. Entonces oí una voz potente en el cielo que decía: «Ahora se ha realizado la salvación, la fuerza y el reino de nuestro Dios y el poder de su Cristo».

Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

Todos los grandes escritores y teólogos, desde la antigüedad, han destacado el vínculo que existe entre María y la Iglesia. La mujer encinta, coronada de doce estrellas, es ante todo imagen de la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, que continúa dando a luz hijos por medio del Bautismo. Un nuevo nacimiento y una nueva dignidad están reservados a todos los que se sumergen en las aguas que brotan de la fuente bautismal; pero en este acontecimiento fundamental de la vida de todo cristiano, la Santa Virgen desempeña un papel insustituible. Ella nos acompaña hasta que llegamos a ser adultos en el espíritu, es decir, capaces de seguir a Cristo Jesús como única razón de nuestra vida. Con afecto materno nos acompaña desde los primeros pasos hasta el encuentro final con el Señor.

Segunda lectura

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1 Cor 15,20-27a)

F Hermanos, Cristo resucitó de entre los muertos, primicia de los que han muerto. Porque, así como por medio de un hombre vino la muerte, también por medio de un hombre vendrá la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán todos mueren, así también en Cristo todos recibirán la vida. Pero cada uno en su lugar: primero Cristo, que es la primicia; después, en su venida, los que son de Cristo. Luego será el fin, cuando entregue el reino a Dios Padre, después de haber reducido a la nada todo Principado, toda Potestad y toda Fuerza. Es necesario, en efecto, que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo que será aniquilado es la muerte, porque ha puesto todo bajo sus pies. 

Palabra de Dios.


Comentario a la segunda lectura

Uno de los miedos más profundos y ancestrales que llevamos dentro es el de la muerte. Es una incógnita con la que todos, tarde o temprano, tenemos que enfrentarnos. Aunque hagamos todo lo posible por apartar esta presencia molesta y embarazosa de nuestra vida cotidiana, está ahí y nos recuerda, con muchos signos, que también nosotros, un día u otro, tendremos que encontrarnos con ella. Por eso el texto sagrado te ayuda a dar un sentido también a la muerte: no es la última palabra, como tampoco lo fue en la vida de María Inmaculada. Ella, después de su peregrinar terrenal, fue llevada a la gloria del cielo: por eso, al mirarla, también nuestro miedo más profundo queda sanado por el amor y la esperanza. También nosotros, un día, podremos reinar con ella en el cielo.

 

Evangelio

Del Evangelio según san Lucas (Lc 1,39-56)

En aquellos días, María se levantó y se dirigió apresuradamente a la región montañosa, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno. Isabel quedó llena del Espíritu Santo y exclamó a viva voz: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor!». Entonces María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre». María se quedó con ella unos tres meses y luego regresó a su casa. 

Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio

La asunción de María es un gran misterio que nos concierne a cada uno de nosotros, que concierne a nuestro futuro. María, en efecto, va delante en el camino por el que avanzan quienes, mediante el bautismo, han unido su vida a Jesús, como ella la unió a él. La solemnidad de hoy nos hace mirar al cielo, anuncia los cielos nuevos y la tierra nueva, con la victoria de Cristo resucitado sobre la muerte y la derrota definitiva del Maligno. Por tanto, el júbilo de la humilde joven de Galilea, expresado en el cántico del Magníficat, se convierte en el canto de toda la humanidad, que se alegra al ver al Señor inclinarse sobre todos los hombres y todas las mujeres, humildes criaturas, y llevarlos consigo al cielo.

 

 



 

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