liturgia del giorno 15 aprile 2022

Editrice Shalom

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Liturgia del día: 15 de abril de 2022

Viernes Santo

Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra» marzo-abril

Triduo pascual - Viernes Santo «Pasión del Señor»
propia


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 52,13 - 53,12)
He aquí que mi siervo tendrá éxito, será honrado, exaltado y elevado grandemente. Como muchos se espantaron de él -pues tan desfigurado estaba su aspecto que no parecía de hombre, ni su apariencia era la de los hijos de los hombres-,
así se admirarán de él muchas naciones; ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán un hecho que nunca les habían contado y comprenderán lo que nunca habían oído. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como un brote, como raíz en tierra árida. No tenía apariencia ni belleza para atraer nuestras miradas, ni esplendor para que lo deseáramos. Despreciado y rechazado por los hombres, hombre de dolores que conoce bien el sufrimiento, como uno ante quien se vuelve el rostro; era despreciado y no lo estimábamos. Sin embargo, él cargó con nuestros sufrimientos y soportó nuestros dolores; y nosotros lo considerábamos castigado, golpeado por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos trae la paz cayó sobre él; por sus llagas fuimos curados. Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, cada uno seguía su propio camino; pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros. Maltratado, se dejó humillar y no abrió la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante sus esquiladores, no abrió la boca. Con opresión y una sentencia injusta fue quitado de en medio; ¿quién se afligió por su descendencia? Sí, fue eliminado de la tierra de los vivientes, por la culpa de mi pueblo fue golpeado hasta morir. Se le dio sepultura con los malvados, y con el rico estuvo su tumba, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca. Pero al Señor le agradó quebrantarlo con sufrimientos. Cuando ofrezca su vida en sacrificio de reparación, verá descendencia, prolongará sus días, y por medio de él se cumplirá la voluntad del Señor. Después de su íntimo tormento verá la luz y se saciará de conocimiento; mi siervo justo justificará a muchos, y cargará con sus iniquidades. Por eso le daré las multitudes como recompensa, y con los poderosos repartirá el botín, porque entregó su vida hasta la muerte y fue contado entre los malhechores, mientras cargaba con el pecado de muchos e intercedía por los culpables. - Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

El cuarto canto del Siervo del Señor concluye la serie de pasajes del profeta Isaías relativos a este personaje misterioso, que hemos visto anunciar e indicar al Señor Jesús seiscientos años antes de su venida a la tierra. El cuarto canto describe de manera impresionante las escenas de la pasión y ofrece una interpretación teológica y espiritual decisiva, perfecta. El Siervo de Yahvé es aplastado no por culpas cometidas por él, sino por «nuestras iniquidades». ¿Quién podía relacionar los sufrimientos de un hombre con las culpas de todos los demás, sino la palabra de Dios? ¿Qué relación puede haber entre un pecado mío, cometido hoy, y la muerte en cruz de Jesús, ocurrida hace tantos siglos? Un pecado de carácter espiritual, consumado en mi interior mediante el pensamiento, del que nadie se da cuenta, ¿qué relación puede tener con el sufrimiento de Cristo? La frase decisiva está contenida en el pasaje de hoy: «por sus llagas fuimos curados». No hay mucho que entender: este es un hecho, una verdad de fe. Sus dolorosas llagas tienen una relación directa con mi curación espiritual.


SEGUNDA LECTURA

De la carta a los Hebreos (Heb 4,14-16;5,7-9)
Hermanos, puesto que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengamos firme la profesión de fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades: él mismo fue probado en todo como nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, pues, con plena confianza al trono de la gracia para recibir misericordia y encontrar gracia, a fin de ser ayudados en el momento oportuno. [Cristo, en efecto,] durante los días de su vida terrena, ofreció oraciones y súplicas, con fuertes gritos y lágrimas, a Dios, que podía salvarlo de la muerte, y por su plena entrega a él fue escuchado. Aunque era Hijo, aprendió la obediencia por lo que padeció y, llevado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen. -
Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

En el Evangelio se habla una sola vez del gran sufrimiento del Señor vivido en Getsemaní, cuando cargó con el pecado de los hombres. La carta a los Hebreos extiende este momento a todos los «días de su vida terrena»; nos dice, en efecto, que durante toda su vida Jesús ofreció oraciones y súplicas «con fuertes gritos y lágrimas». Una vez hecho hombre, Dios siente inmediatamente el peso del pecado, y desde el principio comienza su estado de sufrimiento: Getsemaní es solo, entonces, su culminación, el momento final. En general, pensamos poco en cuánto le costamos al Señor: cada acto de su vida terrena fue, en cambio, cargar con nuestro peso. Meditemos hoy sobre esto, en la adoración interior. Toda la Trinidad participa en el acto redentor: el Padre en el dolor del Hijo, el Hijo en la obediencia al Padre, el Espíritu al transmitir todo el amor divino a este acto de muerte y resurrección. Y si la obediencia fue el camino de la redención, de ahí se desprende la frase final y su lógica: si Jesús fue llevado a la perfección por la obediencia, entonces, obedeciendo a Jesús, también nosotros llegamos a ser perfectos.


EVANGELIO DEL DÍA

(Indicaciones para la lectura dialogada: ✠ = Jesús; C = Cronista; D = Discípulos y amigos; F = Multitud; A = Otros personajes).
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (Jn 18,1-19,42)

Prendieron a Jesús y lo ataron
C En aquel tiempo, Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entró con sus discípulos. También Judas, el traidor, conocía aquel lugar, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas, pues, llegó allí después de tomar un grupo de soldados y algunos guardias proporcionados por los sumos sacerdotes y los fariseos, con linternas, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que iba a sucederle, se adelantó y les dijo: ✠ «¿A quién buscan?». C Ellos le respondieron: F«A Jesús, el Nazareno». C Jesús les dijo: ✠ «Soy yo». C También Judas, el traidor, estaba con ellos. Apenas les dijo «Soy yo», retrocedieron y cayeron al suelo. Les preguntó de nuevo: ✠ «¿A quién buscan?». C Ellos respondieron: F «A Jesús, el Nazareno». C Jesús replicó: ✠ «Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que estos se vayan», C para que se cumpliera la palabra que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó, hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Jesús dijo entonces a Pedro: ✠ «Mete la espada en la vaina: ¿acaso no voy a beber el cáliz que me ha dado el Padre?».

Lo llevaron primero ante Anás
C
Entonces los soldados, con el comandante y los guardias de los judíos, prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anás: este era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo». Mientras tanto, Simón Pedro seguía a Jesús junto con otro discípulo. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el patio del sumo sacerdote. Pedro, en cambio, se quedó fuera, junto a la puerta. Entonces el otro discípulo, conocido del sumo sacerdote, salió, habló con la portera e hizo entrar a Pedro. La joven portera dijo a Pedro: A «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?». C Él respondió: D «No lo soy». CMientras tanto, los criados y los guardias habían encendido un fuego, porque hacía frío, y se calentaban; también Pedro estaba con ellos y se calentaba. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús le respondió: ✠ «Yo he hablado abiertamente al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que han oído lo que les he dicho; ellos saben lo que he dicho». C Apenas dijo esto, uno de los guardias presentes dio una bofetada a Jesús, diciendo: A «¿Así respondes al sumo sacerdote?». C Jesús le respondió: ✠ «Si he hablado mal, demuéstrame en qué está el mal. Pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?». C Entonces Anás lo envió, con las manos atadas, ante Caifás, el sumo sacerdote.

¿No eres tú también uno de sus discípulos? ¡No lo soy!
C
Mientras tanto, Simón Pedro estaba allí calentándose. Le dijeron: A «¿No eres tú también uno de sus discípulos?». C Él lo negó y dijo: D «No lo soy». C Pero uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, dijo: A «¿No te vi yo con él en el huerto?». C Pedro volvió a negarlo, y enseguida cantó un gallo. 

Mi reino no es de este mundo
C
Llevaron después a Jesús desde la casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer y ellos no quisieron entrar en el pretorio, para no contaminarse y poder comer la Pascua. Pilato salió hacia ellos y les preguntó: A «¿Qué acusación presentan contra este hombre?». C Le respondieron: F «Si este no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado». C Entonces Pilato les dijo: A «Llévenselo ustedes y júzguenlo según su Ley». C Los judíos le respondieron: F «A nosotros no se nos permite dar muerte a nadie». CAsí se cumplían las palabras que Jesús había dicho, indicando de qué muerte iba a morir. Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: A «¿Eres tú el rey de los judíos?». C Jesús respondió: ✠ «¿Dices eso por tu cuenta, o te lo han dicho otros de mí?». C Pilato dijo: A «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?». C Jesús respondió: ✠ «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no me entregaran a los judíos; pero mi reino no es de aquí». C Pilato le dijo: A «Entonces, ¿tú eres rey?». C Jesús respondió: ✠ «Tú lo dices: soy rey. Para esto nací y para esto vine al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». C Pilato le dice: A «¿Qué es la verdad?». C Y dicho esto, salió de nuevo hacia los judíos y les dijo: A «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes existe la costumbre de que, por la Pascua, ponga a uno en libertad. ¿Quieren, pues, que ponga en libertad al rey de los judíos?». C Entonces volvieron a gritar: F «¡A ese no, a Barrabás!». C Barrabás era un bandido.

¡Salve, rey de los judíos!
C
Entonces Pilato tomó a Jesús y mandó azotarlo. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron encima un manto de púrpura. Luego se acercaban a él y decían: F «¡Salve, rey de los judíos!». C Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez y les dijo: A «Miren, se lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa». C Entonces salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Pilato les dijo: A «¡Aquí tienen al hombre!». C Cuando lo vieron, los sumos sacerdotes y los guardias gritaron: F «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». C Pilato les dijo: A «Llévenselo ustedes y crucifíquenlo; yo no encuentro ninguna culpa en él». C Los judíos le respondieron: F «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios». C Cuando Pilato oyó estas palabras, tuvo aún más miedo. Entró de nuevo en el pretorio y dijo a Jesús: A «¿De dónde eres tú?». C Pero Jesús no le dio respuesta. Entonces Pilato le dijo: A «¿No me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?». C Jesús le respondió: ✠ «No tendrías ningún poder sobre mí si no te lo hubieran dado de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».

¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!
C
Desde ese momento Pilato intentaba ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban: F «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey se opone al César». C Al oír estas palabras, Pilato sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Litóstrotos, en hebreo Gábbata. Era la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: A «¡Aquí tienen a su rey!». C Pero ellos gritaron: F «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!». C Pilato les dijo: A «¿Voy a crucificar a su rey?».C Los sumos sacerdotes respondieron: F «No tenemos más rey que el César». C Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.

Lo crucificaron, y con él a otros dos
C
Tomaron a Jesús y, cargando él mismo con la cruz, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, en hebreo Gólgota, donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz; decía: «Jesús el Nazareno, el rey de los judíos». Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad; estaba escrita en hebreo, en latín y en griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron entonces a Pilato: F «No escribas: “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”». C Pilato respondió: A «Lo que he escrito, escrito queda».

Se repartieron mis vestidos
C
Después de crucificar a Jesús, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada soldado, y también la túnica. Pero la túnica no tenía costura, estaba tejida de una sola pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: «No la rompamos, sino echemos a suertes para ver a quién le toca». Así se cumplía la Escritura: «Se repartieron mis vestidos y echaron a suertes mi túnica». Y eso hicieron los soldados.

Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre
C
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, madre de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dijo a su madre: ✠ «Mujer, ahí tienes a tu hijo». C Luego dijo al discípulo: ✠ «Ahí tienes a tu madre». C Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: ✠ «Tengo sed». C Había allí un recipiente lleno de vinagre; sujetaron a una esponja empapada en vinagre a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, Jesús dijo: ✠ «Está cumplido». C E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
(Aquí se hace una genuflexión y se guarda una breve pausa)

Y enseguida salió sangre y agua
C
Era el día de la preparación y los judíos, como era el día solemne del sábado, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Vinieron, pues, los soldados y quebraron las piernas al primero y al otro que habían sido crucificados con él. Pero al llegar a Jesús, como vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y enseguida salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán ningún hueso». Y otro pasaje de la Escritura dice también: «Mirarán al que traspasaron».

Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con aromas
C Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le permitiera tomar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Entonces fue y tomó el cuerpo de Jesús. También fue Nicodemo -el que anteriormente había ido a verlo de noche- y llevó unos treinta kilos de una mezcla de mirra y áloe. Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con aromas, según la costumbre judía de preparar la sepultura. En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que todavía no habían puesto a nadie. Allí, pues, porque era el día de la preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús. - Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

La pasión según san Juan es, de las cuatro, la más solemne y precisa, porque el apóstol estuvo presente en los hechos y es el único de los Doce que la vio en sus distintas fases. Escuchar al cronista perfecto nos introduce en el gran acontecimiento de la muerte de Jesús de una manera incomparable. El evangelista nos pide leer todos los acontecimientos de la pasión de Cristo como un acto de amor, como consecuencia de su naturaleza divina, cuya esencia es el amor y la entrega de sí mismo. Todo el drama está en Getsemaní: después Jesús entra en el sufrimiento sabiendo que de él vendrá todo bien para los hombres, desde el primero (Adán) hasta el último que haya sobre la tierra. Es imposible hacer un comentario: solo debemos repetirnos, mientras escuchamos: «Todo esto por amor, solo por amor...». Amor de Jesús mientras es azotado, mientras habla con Pilato, mientras toma la cruz, mientras sube al Calvario, mientras es clavado, mientras habla con la Madre, mientras se entrega al Padre. Todo por amor, solo por amor. Entonces veremos y conoceremos toda nuestra vida dentro de esta realidad, y comprenderemos que dependemos totalmente de este amor, y que sin este amor ya ni siquiera podemos imaginar vivir un instante.


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