Miércoles de Ceniza
Liturgia de las horas 4.ª semana, salt.
Textos tomados del Misal “Sobre tu Palabra”, enero-febrero de 2021.
Hoy comienza el tiempo de Cuaresma con el rito de la imposición de las cenizas, mediante el cual queremos asumir el compromiso de convertir nuestro corazón y volver a Dios. Este tiempo es un don precioso de Dios, un tiempo intenso y lleno de significado en el camino de la Iglesia, un tiempo que debemos redescubrir. Es el itinerario hacia la Pascua del Señor. Las Lecturas bíblicas de la celebración de hoy nos ofrecen indicaciones para vivir plenamente esta experiencia espiritual.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Joel (Jl 2,12-18)
Esto dice el Señor: «Vuelvan a mí de todo corazón, con ayunos, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, vuelvan al Señor, su Dios, porque él es compasivo y misericordioso, lento para la ira y rico en amor, siempre dispuesto a perdonar el mal». ¡Quién sabe si cambiará de parecer, se arrepentirá y dejará tras de sí una bendición! Ofrenda y libación para el Señor, su Dios. Toquen la trompeta en Sion, proclamen un ayuno solemne, convoquen una asamblea sagrada. Reúnan al pueblo, convoquen una asamblea solemne, llamen a los ancianos, reúnan a los niños y a los lactantes; salga el esposo de su habitación y la esposa de su lecho nupcial. Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo y no entregues tu heredad al escarnio y a la burla de las naciones». ¿Por qué se habría de decir entre los pueblos: «¿Dónde está su Dios?»? El Señor se mostró celoso por su tierra y se compadeció de su pueblo.
Comentario a la primera lectura
La primera lectura de hoy nos invita a volver al Señor: «Vuelvan al Señor, su Dios, porque él es compasivo y misericordioso, lento para la ira y rico en amor, siempre dispuesto a perdonar el mal». Precisamente porque es grande en el amor, el Señor nos ofrece este tiempo de Cuaresma para reflexionar sobre nuestra “vida temeraria”, sentir nostalgia de él y volver hacia su casa. Dios respeta nuestras decisiones, incluso cuando nos llevan lejos de “casa”, pero, como buen Padre, sueña y anhela nuestro regreso, seguro de que el magnetismo de su amor sabrá atraer nuestro corazón. En efecto, fácilmente nos dejamos atraer por tentaciones de aparentes libertades que luego resultan engañosas y desorientadoras. El amor del Señor lo permite, pero no deja de desear nuestro regreso; al contrario, nos ofrece puentes de oro para que podamos correr por el camino de la reconciliación: pone ante nosotros su misericordia, su deseo de rodearnos con su abrazo. El Dios que Jesús nos da a conocer no es vengativo, no usa expresiones como: «¡Te lo haré pagar!», solo es capaz de amar, perdonar y volver a abrazar; y también sabe respetar y esperar nuestra lentitud.
SEGUNDA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2 Co 5,20 – 6,2)
Hermanos, nosotros somos embajadores de Cristo: por medio de nosotros es Dios mismo quien exhorta. Les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios. Al que no conoció pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para que en él nosotros llegáramos a ser justicia de Dios. Como colaboradores suyos, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Él dice, en efecto: «En el momento favorable te escuché y en el día de la salvación te socorrí». Este es ahora el momento favorable, este es ahora el día de la salvación.
Comentario a la segunda lectura
San Pablo nos recuerda que el Señor confía mucho en nosotros, tanto que nos elige como sus diplomáticos, sus embajadores: «Hermanos, nosotros somos embajadores de Cristo». Esto significa que llevamos a los demás su pensamiento, su manera de actuar y sus proyectos. Tal vez exagera un poco, pero ciertamente lo hace porque nos ama y nos considera preparados para este servicio. El embajador es la presencia de nuestra nación ante las demás. Ser embajadores de Cristo, entonces, es ser su presencia dondequiera que estemos; los demás esperan de nosotros que seamos una presencia visible y creíble. Dice la sabiduría popular: «El embajador no carga con la culpa», pero para nosotros no puede ser así: nosotros llevamos a Cristo en su totalidad, su vida-muerte-resurrección; y sin usar lenguajes políticamente correctos. El único lenguaje creíble de esta nuestra embajada es el amor incondicional del Señor hacia cada uno, hacia aquellos a quienes “representamos” (la comunidad cristiana), hacia quienes somos enviados y hacia el mundo entero, tal como hizo Jesús al aceptar hacerse «en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado» (cf. Hb 4,15). Dejémonos, pues, reconciliar con Dios.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 6,1-6.16-18)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuídense de practicar su justicia delante de los hombres para ser admirados por ellos; de lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos. Por tanto, cuando des limosna, no toques la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por la gente. En verdad les digo: ya han recibido su recompensa. En cambio, cuando tú des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y cuando oren, no sean como los hipócritas, que aman orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para ser vistos por la gente. En verdad les digo: ya han recibido su recompensa. En cambio, cuando tú ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y cuando ayunen, no se pongan tristes como los hipócritas, que adoptan un aspecto desfigurado para que los demás vean que ayunan. En verdad les digo: ya han recibido su recompensa. En cambio, cuando tú ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que la gente no vea que ayunas, sino solo tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».
Comentario al Evangelio del día
«Cuídense de practicar su justicia delante de los hombres para ser admirados por ellos; de lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos». El Señor no usa medias tintas: o eres o no eres; o te comprometes profundamente o usas la máscara, esa máscara que oculta nuestro rostro y quizá también nuestra identidad. En el camino de conversión al amor de Dios no parece haber espacio para el carnaval ni para los disfraces. Jesús nos quiere tal como somos y nos pide que no busquemos subterfugios, paliativos ni escondites inútiles: sé tú mismo, no busques la aprobación popular sino, al contrario, enciérrate en tu habitación. Por este Evangelio parece entenderse que asumir ciertas actitudes «para ser vistos por la gente» no es la mejor elección. Somos enviados a volver a nosotros mismos, a confrontarnos con nuestro corazón, porque parece que el Padre nos ve mejor en nuestra intimidad que en lo que mostramos o aparentamos. ¿Ser o parecer? Este es un buen camino de elección cuaresmal. Esperemos que cuarenta días sean suficientes. Si no lo fueran, tenemos ante nosotros toda la vida para entregarla siempre a aquel que sabe leer desde lo más íntimo de nosotros mismos.

