Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” mayo-junio de 2022
Natividad de san Juan Bautista (s)
propia
En la misa vespertina de la vigilia
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Jeremías (Jr 1,4-10)
En los días del rey Josías, me fue dirigida esta palabra del Señor: «Antes de formarte en el vientre materno, te conocí; antes de que salieras del seno, te consagré; te constituí profeta de las naciones». Yo respondí: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven». Pero el Señor me dijo: «No digas: “Soy demasiado joven”. Tú irás a todos aquellos a los que te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No tengas miedo de ellos, porque yo estoy contigo para protegerte». Oráculo del Señor. El Señor extendió su mano y tocó mi boca, y el Señor me dijo: «Mira, pongo mis palabras en tu boca. Hoy te doy autoridad sobre las naciones y sobre los reinos, para arrancar y derribar, para destruir y demoler, para edificar y plantar». – Palabra de Dios.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pedro (1 Pe 1,8-12)
Queridos hermanos, ustedes aman a Jesucristo sin haberlo visto y, ahora, sin verlo, creen en él. Por eso se alegran con un gozo indecible y glorioso, mientras alcanzan la meta de su fe: la salvación de sus almas. Sobre esta salvación investigaron y escrutaron los profetas, que anunciaban la gracia destinada a ustedes; trataban de descubrir a qué momento o a qué circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando predecía los sufrimientos reservados a Cristo y las glorias que les seguirían. A ellos les fue revelado que no para sí mismos, sino para ustedes, administraban estas cosas que ahora les han sido anunciadas por medio de quienes les han predicado el Evangelio con el Espíritu Santo enviado desde el cielo; cosas que los ángeles desean contemplar. – Palabra de Dios.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 1,5-17)
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías, cuya esposa, descendiente de Aarón, se llamaba Isabel. Ambos eran justos ante Dios y observaban irreprochablemente todos los mandamientos y disposiciones del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Sucedió que, mientras Zacarías ejercía sus funciones sacerdotales ante el Señor, durante el turno de su clase, le tocó en suerte, según la costumbre del servicio sacerdotal, entrar en el santuario del Señor para ofrecer el incienso. Toda la asamblea del pueblo estaba fuera, orando a la hora del incienso. Se le apareció un ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada: tu esposa Isabel te dará un hijo, y tú le pondrás el nombre de Juan. Tendrás alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande ante el Señor. No beberá vino ni bebidas embriagantes; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y hará que muchos hijos de Israel vuelvan al Señor, su Dios. Irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer que los padres vuelvan hacia sus hijos y los rebeldes, a la sabiduría de los justos, y preparar así al Señor un pueblo bien dispuesto». – Palabra del Señor.
En la misa del día
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 49,1-6)
Escúchenme, islas; atiendan, pueblos lejanos: el Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió a la sombra de su mano, me convirtió en flecha aguda y me guardó en su aljaba. Me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel, en quien manifestaré mi gloria». Y yo respondí: «En vano he trabajado, por nada y en vano he consumido mis fuerzas. Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi recompensa, junto a mi Dios». Ahora habla el Señor, que me formó desde el seno materno como siervo suyo, para hacer que Jacob vuelva a él y reunir a Israel junto a él -pues yo era honrado a los ojos del Señor y mi Dios era mi fuerza-; y dice: «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y hacer volver a los supervivientes de Israel. Te haré luz de las naciones, para que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Dios llama a todos los hombres a la salvación, pero elige a algunos para anunciar su mensaje. Por tanto, nadie tiene derecho a decir que no es capaz, que no es digno o que no está a la altura de esta vocación, porque él sabe hacer fecundo lo que es estéril y abrir la boca de los mudos. A menudo, la conciencia de nuestro pecado y de nuestra miseria nos hace dudar de Dios. Sin embargo, él elige precisamente a las personas que humanamente parecerían menos adecuadas para manifestar su poder. Juan el precursor es la imagen de quienes se ponen a disposición de los planes de Dios, sin imponer ninguna condición. Y el pasaje del segundo canto del siervo del Señor, que normalmente se aplica al Señor muerto y resucitado, hoy se lee en función de la misión del Bautista: llamado desde el seno materno -lo recuerda el encuentro entre la Virgen e Isabel- y elegido para conducir al pueblo de vuelta al Señor. El camino de conversión propuesto por el Bautista está precisamente orientado a la venida del Mesías. Juan vino como lámpara para preparar a todos para la verdadera luz: Jesucristo.
SEGUNDA LECTURA
De los Hechos de los Apóstoles (Hch 13,22-26)
En aquellos días, [en la sinagoga de Antioquía de Pisidia,] Pablo decía: «Dios suscitó para nuestros padres a David como rey, a quien rindió este testimonio: “He encontrado a David, hijo de Jesé, un hombre según mi corazón; él cumplirá todos mis deseos”. De su descendencia, según la promesa, Dios envió como salvador para Israel a Jesús. Juan había preparado su venida predicando un bautismo de conversión a todo el pueblo de Israel. Cuando estaba terminando su misión, Juan decía: “Yo no soy el que ustedes piensan. Pero miren, viene después de mí uno a quien no soy digno de desatar las sandalias”. Hermanos, hijos de la estirpe de Abraham y cuantos entre ustedes temen a Dios: a nosotros ha sido enviada la palabra de esta salvación». – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
La catequesis de Pablo en la sinagoga de Antioquía quiere abrir el corazón de quienes escuchan a la fe en Jesucristo, el verdadero descendiente de David, el Mesías. Y vuelve a recordar la función preparatoria del Precursor para subrayar que la salvación ha llegado: a quienes escuchan les corresponde elegir si la acogen o la rechazan. La misión de Juan Bautista, en efecto, se comprende en relación con la de Jesús. Debe anunciar un bautismo de penitencia y conversión: no puede haber la gracia de la vida nueva que Jesucristo ofrece con amor y poder si antes no hemos experimentado la gracia del arrepentimiento de nuestros pecados. Por eso, el Precursor se apresura a advertir a quienes lo escuchan que él es simplemente una voz, alguien que prepara para la plenitud, que Otro deberá anunciar en su lugar. La grandeza de Juan, en el fondo, consiste precisamente en esto: sabe cuál es su papel y sabe también que, llegado el momento oportuno, deberá apartarse para permitir que la luz del mundo, Jesucristo, brille en todo su esplendor y lleve a término la salvación, que Juan solo ha anticipado.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 1,57-66.80)
Cuando llegó para Isabel el tiempo de dar a luz, tuvo un hijo. Sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había mostrado su gran misericordia y se alegraban con ella. A los ocho días fueron a circuncidar al niño y querían llamarlo Zacarías, como su padre. Pero su madre intervino: «No, se llamará Juan». Le dijeron: «No hay nadie en tu familia que se llame así». Entonces preguntaban por señas a su padre cómo quería que se llamara. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos quedaron maravillados. En ese instante se le abrió la boca y se le soltó la lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Todos sus vecinos quedaron llenos de temor, y en toda la región montañosa de Judea se comentaban estos hechos. Todos los que los oían los guardaban en su corazón, diciendo: «¿Qué llegará a ser este niño?». Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y se fortalecía en el espíritu. Vivió en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel. – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
El nacimiento del Bautista está acompañado de acontecimientos extraordinarios que permiten comprender que ha sido llamado a una misión particular: el Señor se servirá de él, de su palabra y de su martirio para hablar al pueblo y hacer que este disponga su corazón a la venida del Mesías prometido. El evangelista Lucas utiliza una expresión verdaderamente significativa: la mano del Señor estaba con él. Esto significa que Dios mismo condujo a Juan al desierto y lo forjó con la dureza de la soledad y con la atención dedicada a su palabra: era consciente de que su misión era tan importante que necesitaba permanecer en silencio y en oración para prepararse a cumplirla. Por eso, Juan Bautista es un modelo imperecedero de entrega total de sí mismo a Dios y a la causa de su Reino, un hombre completamente entregado a Dios. El Bautista comprendió que toda su vida debía ser preparación para la venida del Esposo y dedicó cada instante a señalar la Luz que debía iluminar a todos los pueblos. La solemne liturgia de hoy nos invita a tomarlo como modelo para nuestra vida cristiana y a aprender de él a señalar al mundo al Cordero de Dios.

