liturgia del giorno 25 dicembre 2023

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del día: 25 de diciembre de 2023

Natividad

Textos tomados del Misalito «Sobre tu Palabra» noviembre-diciembre de 2023

Navidad del Señor (s)
propia


Misa vespertina de la vigilia

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 62,1-5)
Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que despunte su justicia como la aurora y su salvación resplandezca como una lámpara. Entonces las naciones verán tu justicia, todos los reyes tu gloria; te llamarán con un nombre nuevo, que la boca del Señor indicará. Serás una magnífica corona en la mano del Señor, una diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán Abandonada, ni tu tierra será llamada Devastada, sino que te llamarán Mi Delicia y a tu tierra Desposada, porque el Señor encontrará en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo. Sí, como un joven se casa con una virgen, así se casarán contigo tus hijos; como el esposo se alegra con la esposa, así se alegrará tu Dios contigo. – Palabra de Dios. 

Comentario a la primera lectura

Toda una ciudad, en este oráculo del profeta Isaías, se convierte en una persona: recibe un nombre nuevo, se convierte en la esposa de Dios, presentado como esposo. Se trata de Jerusalén, que finalmente vuelve a ser el verdadero lugar de Dios, después de los años en que el pueblo había sido deportado lejos y la ciudad había sido abandonada y yacía en un estado de desolación y abandono. Las personificaciones de ciudades y cosas no son nuevas en el lenguaje del Antiguo Testamento y siempre anuncian algo más que habrá de venir. Entonces hoy, situémonos en esa Jerusalén ideal y hagamos nuestras las palabras del antiguo profeta: somos nosotros quienes ya no estamos desolados, quienes estamos llenos de alegría, quienes ya no estamos abandonados ni devastados, y el motivo es que Dios se ha hecho hombre, es el Emmanuel (que significa Dios-con-nosotros), es Jesús. Él ha venido a nosotros para abrirnos las puertas del cielo y nunca nos abandonará: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20), nos aseguró el Señor. Esta es la fuente de toda nuestra alegría, y hoy estamos llamados a vivirla profundamente en el Espíritu.


SEGUNDA LECTURA

De los Hechos de los Apóstoles  (Hch 13,16-17.22-25)
Pablo, [llegado a Antioquía de Pisidia, en la sinagoga,] se levantó y, haciendo una señal con la mano, dijo: «Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad. El Dios de este pueblo de Israel eligió a nuestros padres y engrandeció al pueblo durante su exilio en la tierra de Egipto, y con brazo poderoso los sacó de allí. Después suscitó para ellos a David como rey, de quien dio este testimonio: “He encontrado a David, hijo de Jesé, un hombre conforme a mi corazón; él cumplirá todos mis deseos”. De su descendencia, según la promesa, Dios envió a Jesús como salvador de Israel. Juan había preparado su venida predicando un bautismo de conversión a todo el pueblo de Israel. Decía Juan al final de su misión: “¡Yo no soy el que vosotros pensáis! Pero mirad, viene después de mí uno a quien no soy digno de desatar las sandalias”». – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

En su primer viaje apostólico, Pablo se encuentra en plena Asia Menor, en Antioquía de Pisidia (hoy Turquía), y predica a los judíos que viven allí. Todavía no saben nada de Cristo; es la primera vez que oyen hablar de él. Pablo presenta inmediatamente a Jesús como Salvador, sin rodeos. Para argumentar bien su discurso, afirma que Juan Bautista (cuya fama probablemente también había llegado a aquellas regiones lejanas) había declarado que él era solo el precursor y que el verdadero enviado del Padre era Jesús. También hoy la Iglesia no hace más que proclamar a las naciones que tenemos un solo Salvador, uno solo que ha reparado los pecados de los hombres, uno solo que sirve de mediador y puente entre nosotros y el cielo, un único sumo sacerdote. Toda la fuerza del mensaje reside en estas afirmaciones; son palabras que pueden abrir los corazones, pues todos necesitamos comprender por qué estamos en el mundo, qué habrá después de nuestra muerte y qué valor tienen nuestros actos. Todo converge entonces en la fe en Cristo. Después vendrá todo lo demás, que será consecuencia de nuestro acto de fe.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Mateo (Mt 1,1-25)
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró a Fares y Zara de Tamar, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró a Booz de Rajab, Booz engendró a Obed de Rut, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. David engendró a Salomón de la que había sido mujer de Urías, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquim, Eliaquim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob, Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. De este modo, todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce, desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce, y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce. Así fue engendrado Jesucristo: su madre María estaba prometida en matrimonio a José y, antes de vivir juntos, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería denunciarla públicamente, decidió repudiarla en secreto. Pero, mientras consideraba estas cosas, se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu esposa. Porque el niño que ha sido engendrado en ella viene del Espíritu Santo; ella dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mira, la virgen concebirá y dará a luz un hijo: y le pondrán por nombre Emmanuel», que significa «Dios con nosotros». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su esposa; y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo al que él puso por nombre Jesús. – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

Mateo habla del Señor Jesús partiendo de lejos, para confirmar que todo lo que se ha dicho de él es verdad. El Evangelio no nos presenta una estéril lista de nombres, sino un verdadero árbol genealógico para demostrar a todos que Jesús pertenece al linaje de David, de quien, como se había dicho, debía venir el Mesías. Después retoma la profecía de Isaías, según la cual se esperaba el nacimiento de un niño de una mujer virgen. Así sucede con Jesús, «nacido de María», como se especifica claramente en el Evangelio. Todo encaja. Están todos los elementos para creer que Jesús es el esperado, el Mesías anunciado. También se puede no creer, porque Dios nos deja libres, pero su palabra nos pone decididamente en el camino para abrir el corazón a la fe y dejarnos conducir de la mano por las antiguas profecías, que llevan al camino de Belén. Los Magos, aunque no conocían las Escrituras de Israel, llegaron gracias a la lectura del cielo y de las estrellas, y adoraron. Todos los signos conducen a él, porque todas las cosas fueron creadas por medio de él y con vistas a él (Col 1,16). La creación, la historia de los pueblos, todo converge hacia este único punto: la encarnación divina de Dios. Y desde allí todo vuelve a comenzar.


Misa de medianoche

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 9,1-6)
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que habitaban en tierra tenebrosa resplandeció una luz. Multiplicaste la alegría, aumentaste el gozo. Se alegran ante ti como se alegran en la siega y como se goza al repartir el botín. Porque tú quebraste el yugo que lo oprimía, la vara sobre sus hombros y el bastón de su opresor, como en el día de Madián. Porque toda bota que pisa con estrépito y todo manto empapado de sangre serán quemados, serán pasto del fuego. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombros descansa el poder y su nombre será: Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz. Grande será su poder y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, que él viene a consolidar y fortalecer con el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. Esto hará el celo del Señor de los ejércitos. – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

La intervención de Dios en la historia sorprende al propio profeta Isaías, que contempla en el nacimiento de un niño el acontecimiento más importante que debe anunciar al pueblo. Nada hay más común y normal que la llegada al mundo de un niño y, sin embargo, este hecho está cargado de una importancia extraordinaria. En su tiempo, Isaías probablemente se refería al rey de Israel, para quien el nacimiento de un hijo constituía la garantía de la continuidad del reino de Israel en tiempos difíciles, pero con razón tanto los evangelistas como la tradición de la Iglesia ven en este oráculo el anuncio del verdadero Mesías y rey, que es único y es Jesús. El niño anunciado lleva títulos grandiosos: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la Paz». La espera de todo el mundo y de todas las generaciones llega a su fin y se concentra en la gruta de Belén. Se realiza el acontecimiento de los acontecimientos: Dios mismo se hace hombre, entra con su humanidad-divinidad en el tiempo y el espacio y se relaciona humanamente con nosotros. Y comienza desde el principio: se hace niño, para conocer todas las etapas de la vida humana, recorrerlas, asumirlas y salvarlas todas.


SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a Tito  (Tit 2,11-14)
Hijo mío, ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación a todos los hombres y nos enseña a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a vivir en este mundo con sobriedad, justicia y piedad, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y formar para sí un pueblo puro que le pertenezca, lleno de celo por las buenas obras. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Reconocer en el nacimiento de un niño en una gruta la «gracia de Dios, que trae la salvación a todos los hombres» no es nada fácil. Pero precisamente este salto de fe nos hace plenamente humanos, porque todas las cosas fueron creadas por medio de él y con vistas a él (Col 1,16). Sin Cristo estamos lejos de Dios y no logramos comprender el sentido pleno de las cosas; ni siquiera entendemos por qué hemos nacido ni qué hacemos en el mundo. En Cristo lo realizamos todo, porque los hombres estamos hechos para él, estamos constituidos para amar y ser amados; no tenemos otra felicidad que el amor. Sin embargo, no somos nosotros quienes amamos primero: es Dios quien nos ha amado. La Navidad es la ocasión para vivir la máxima adoración y contemplación del misterio de Dios, que «tanto amó al mundo que entregó a su Hijo único» (Jn 3,16). Hoy no hay palabras que añadir, sino solo acoger y vivir en silencio. Intentemos repetir varias veces en nuestro corazón las palabras que hemos escuchado esta noche: «Él se entregó por nosotros». Repitámoslas, saboreémoslas, vivámoslas.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 2,1-14)
En aquellos días, apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento se hizo cuando Cirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno a su ciudad. También José, desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, pues pertenecía a la casa y familia de David, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó la hora del parto. Dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente, un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los envolvió de luz. Ellos se llenaron de gran temor, pero el ángel les dijo: «No temáis: os anuncio una gran alegría, que será para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». De repente, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor». – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

Dios entra en la historia del mundo de un modo totalmente silencioso y secreto. En sí, la «humanización» de Dios debería o podría haber traído una renovación total o una elevación de toda la creación. En cambio, parece que todo sigue normal: Jesús nace y el silencio permanece. El camino para conocer y reconocer a Dios en un niño lo enseñan primero María y José: creen, adoran, esperan. No se hacen muchas preguntas, sino que creen perfecta y absolutamente que ese niño es Dios. Después llegan los pastores, que escuchan el anuncio y comienzan a creer. Luego llegamos nosotros, después de tantos años, tanta historia y tantos acontecimientos también contradictorios de la humanidad. El mundo parece haber permanecido igual, también hoy, pero en realidad todo ha cambiado. La renovación ocurre en la esfera íntima y personal, en el corazón. El camino de liberación del mal es como un río kárstico, subterráneo e invisible. Los pastores son los primeros en dejarse involucrar en el acto íntimo y personal de adoración. Ya no hay ángeles que ver en el cielo, un espectáculo fascinante y grandioso: hay que ir a reconocer a Dios en la visión más humilde que se pueda imaginar, la de un niño. Y, si lo acogemos, todo cambia.


Misa de la aurora

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 62,11-12)
Esto es lo que el Señor hace oír hasta el confín de la tierra: «Decid a la hija de Sión: Mira, llega tu salvador; mira, trae consigo su recompensa y su premio lo precede. Los llamarán Pueblo santo, Redimidos del Señor. Y a ti te llamarán Buscada, Ciudad no abandonada». – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

Isaías es el profeta de amplias miras. Otros profetas del Antiguo Testamento se dirigen al pueblo de Israel con advertencias específicas, con argumentos relativos a la vida religiosa, los deberes de cada persona y demás; Isaías, en cambio, ve a Israel como la primera de las naciones, porque de ella nacerá el Mesías, el Salvador, que será para todo el mundo y para todas las generaciones hasta el fin de los tiempos. Por eso Jerusalén es llamada «Buscada»: porque es esencial para la vida de todo el mundo; y se la llama «Ciudad no abandonada» porque en ella se entrega para siempre la fuente de la verdad y del bien, Cristo Señor. Este anuncio del Antiguo Testamento se presta muy bien a la Navidad, porque el «buscado» no es un lugar, sino una persona: Jesús. La ciudad no abandonada no es un conjunto de casas y palacios, sino el conjunto de todos los creyentes en Cristo que, al acoger al Señor que viene, no están ni estarán jamás abandonados a sí mismos. Toda la espera del mundo, todas las lágrimas derramadas, todos los deseos expresados, se reúnen ahora en la luz de la gruta de Belén, porque ha nacido el Salvador.


SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a Tito  (Tit 3,4-7)
Hijo mío, cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor por los hombres, él nos salvó, no por las obras justas que hubiéramos hecho, sino por su misericordia, con el agua que regenera y renueva en el Espíritu Santo, que Dios derramó abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, nos convirtiéramos, en la esperanza, en herederos de la vida eterna. – Palabra de Dios. 

Comentario a la segunda lectura

Para comprender bien el amor de Dios debemos entrar en su gratuidad. Nada se nos debía, pero la obra de salvación nace de la exuberancia de su amor. Adán había pecado y toda la crea-
ción se había precipitado en la rebelión. ¿Puede el amor de Dios permitir que la criatura, amada y querida por él, permanezca en esta condición de sufrimiento? Dios quiere que todos seamos salvados y por eso, en la plenitud de los tiempos, aparece no solo Jesús en su condición humana, sino la bondad de Dios y su amor por los hombres. Tengamos siempre muy presentes estos dos aspectos: la bondad de Dios y su amor. Dios no solo quiere salvarnos del mal, sino hacernos partícipes plenamente de su vida divina. Jesús no es otra cosa que la manifestación de la bondad y del amor de Dios. Es verdad que Jesús también es el juez de vivos y muertos, es verdad que es el redentor y salvador, pero todo debe verse y comprenderse siempre dentro de estas dos realidades que todo lo abarcan: la bondad y el amor de Dios. Los hombres somos buenos a ratos y amamos imperfectamente, pero Dios se manifiesta como bondad perfecta y amor absoluto, en Cristo Jesús.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 2,15-20 )
Cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vamos a Belén y veamos eso que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado». Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme a lo que se les había dicho. – Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del día

Consideremos la grandeza de estos pastores sencillos. Primero, creen. Habían visto ángeles en el cielo que anunciaban la venida del Mesías de una manera inesperada, es decir, en un niño nacido en una gruta. No discuten: creen. Segundo: van, caminan. No se quedan quietos, no lo posponen, dejan allí el rebaño y parten. Llevan en el corazón el deseo de ver aquello en lo que ya creen. Tercero: cuentan. No temen parecer ridículos al decir que están allí porque así se lo habían dicho los ángeles (podrían haberlos tomado por exaltados o alucinados); dicen la verdad de los hechos, confirmada por la existencia real de aquel niño del que hablaban los ángeles. Entran en la historia sagrada como protagonistas, acogiendo lo que han oído y comunicándolo con plena sinceridad. Finalmente, regresan, glorifican y alaban a Dios. Y, sin embargo, no han visto signos prodigiosos; el niño no ha hecho ningún milagro, todo ha sido normal ante sus ojos, salvo el hecho de los ángeles. Su fe estalla en un canto gozoso: no hacen más que unirse a los ángeles que entretanto se habían retirado a las moradas celestiales; el canto de los hombres sustituye así al de las cortes angélicas.


Misa del día

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 52,7-10)
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, del mensajero de buenas noticias que anuncia la salvación, que dice a Sión: «Reina tu Dios»! Una voz. Tus vigías alzan la voz, juntos gritan de alegría, porque ven con sus propios ojos el regreso del Señor a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén. El Señor ha desnudado su santo brazo ante todas las naciones; verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios. – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

Ya en el Antiguo Testamento resuena el canto de alabanza por la venida del Señor. El texto habla del regreso de Dios a su casa (Sión) después del período del exilio, pero la profecía se amplía y anuncia otra llegada y otro reino. Ya no se trata de un solo pueblo que se alegra por el fin del exilio, sino del mundo entero que reconoce la salvación de nuestro Dios. Todo sucede en el ocultamiento de la Navidad, porque no se trata de una conquista social ni del poder humano sobre todo el mundo: se habla de la venida de Cristo a los corazones, para que los hombres que lo acogen tengan la vida eterna. Todo lo que en el Antiguo Testamento es parcial se cumple en lo universal. Hoy, por tanto, nos unimos a los hombres de todas las naciones y de todos los tiempos para glorificar la venida de Cristo a la tierra. Y aunque nuestro grito todavía no llegue materialmente a todos, no podemos renunciar a mirar a todos los hombres de todos los tiempos; no podemos dejar de abrazarlos a todos y anunciar con fe cierta, unidos a todos los ángeles del cielo, que Dios está con nosotros, el Emmanuel.


SEGUNDA LECTURA

De la carta a los Hebreos (Heb 1,1-6)
Dios, que muchas veces y de diversas maneras habló antiguamente a nuestros padres por medio de los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por medio del Hijo, al que constituyó heredero de todo y por medio del cual hizo también el mundo. Él es reflejo de su gloria e impronta de su ser, y sostiene el universo con su palabra poderosa. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas, y es tan superior a los ángeles cuanto más excelente es el nombre que ha heredado. Pues ¿a qué ángel dijo Dios jamás: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy»? Y además: «Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo»? Y cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios». – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

El anuncio es solemne. El hecho de que Dios sea Hijo y que se haga visible en el mundo asumiendo un cuerpo humano es un acontecimiento clamoroso ante el cual nunca podemos acostumbrarnos. «Adórenlo todos los ángeles», dice el texto de la carta a los Hebreos. Con mayor razón nosotros, uniéndonos a ellos, adoramos hoy a Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Antes incluso de saber y comprender qué hará en el mundo, su condescendencia nos parece hoy ilimitada: poder verlo y adorarlo en la debilidad de la naturaleza humana (un niño de pocas horas) trastoca todos los pensamientos que podemos hacernos sobre Dios. Dios está ahora todo allí, como si el Paraíso se hubiera vaciado, porque el Padre está en el Hijo y Jesús en la cuna posee todo el Espíritu Santo. No, no se ha vaciado: el Paraíso ha venido a la tierra. Adorar es lo más útil que podemos hacer. No podemos vivir solo de cosas evidentes: necesitamos el Misterio y adorar. Nuestra verdadera naturaleza es, en efecto, la adoración, porque los hombres estamos hechos para el encuentro, el abrazo y el don. Y Dios se hace visible en el niño Jesús para ser adorado, amado y acogido.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Juan (Jn 1,1-18)
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto existe. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y proclama: «Este es aquel de quien yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que es Dios y está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

El Evangelio de la tercera Misa de Navidad proclama el solemne prólogo de san Juan. Él contempla lo que ha visto y expresa su significado. Juan es un verdadero gran teólogo, que nos da a conocer a Dios. «A Dios nadie lo ha visto jamás», nos dice, y es el Hijo quien lo ha revelado. La palabra revelar procede del latín retro velum dare, que significa levantar el velo. En el teatro se levanta el telón y comienza la obra. Antes nadie ve nada, pero cuando se levanta el velo todos guardan silencio y contemplan la escena que ya estaba preparada. Esto sucede cuando aparece Jesús en la carne humana: los hombres ven a Dios porque solo el Hijo puede «levantar el velo» y mostrarnos el rostro del Padre. Solo él lo conoce, solo él vive de él. Sí, sin Jesús todo parece carecer de sentido y también «Dios» sigue siendo una palabra vacía, más aún, inaccesible. Pero en Cristo poseemos ahora la plenitud y nuestros ojos interiores contemplan el rostro del Padre. En el Paraíso no se nos dará nada más, porque el Paraíso ya ha comenzado en la tierra. El Paraíso es una persona: Cristo resucitado. No busquemos otra cosa, no busquemos más allá: ya lo tenemos todo. Venid, adoremos en silencio y contemplemos a Dios en el niño que ha nacido.


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Liturgia del día: 25 de diciembre de 2023

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