liturgia del giorno 25 marzo 2022

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del día: 25 de marzo de 2022

Anunciación

Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” marzo-abril de 2022

Anunciación del Señor (s)
propia


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 7,10-14; 8,10c)
En aquellos días, el Señor habló a Ajaz: «Pide para ti una señal al Señor, tu Dios, desde lo profundo de los infiernos o desde lo alto». Pero Ajaz respondió: «No la pediré, no quiero tentar al Señor». Entonces Isaías dijo: «¡Escuchad, casa de David! ¿No os basta con cansar a los hombres, que ahora queréis cansar también a mi Dios? Por tanto, el Señor mismo os dará una señal. He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, al que llamará Emmanuel, porque Dios está con nosotros». – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

El rey Ajaz se encuentra desesperado: la ciudad de Jerusalén está sitiada y a punto de caer ante los imponentes ejércitos del rey de Asiria. Pero Dios, como de costumbre, está dispuesto a intervenir y derrotar a las tropas que quieren profanar el templo sagrado. Exige al rey un acto de confianza, mediante la petición de una señal, para que todos crean que, al cumplirse esa señal, la victoria estará asegurada. Pero, para sorpresa de todos, el rey se indigna y no quiere dar este testimonio de confianza, por orgullo o por miedo… Se encierra en sí mismo, como si ya no hubiera nada que hacer, y se prepara para una rendición desalentadora. Pero, aunque el rey quiera olvidar el poder del Señor, Dios interviene, haciendo nacer inmediatamente un hijo, que es la garantía de supervivencia para el pueblo sitiado, y un hijo de la Virgen María cuando llegue el momento oportuno. A partir de un doloroso acontecimiento histórico, Dios anuncia un hecho único: la santa Virgen se “prepara” para traer al mundo al Salvador Jesús cuando, en la virginidad, lo conciba y dé a luz, por nosotros.


SEGUNDA LECTURA

De la carta a los Hebreos (Heb 10,4-10)

Hermanos, es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos elimine los pecados. Por eso, al entrar en el mundo, Cristo dice: «Tú no quisiste ni sacrificio ni ofrenda, pero me preparaste un cuerpo. No aceptaste ni holocaustos ni sacrificios por el pecado. Entonces dije: “Aquí estoy - pues de mí está escrito en el rollo del libro - para hacer, oh Dios, tu voluntad”». Después de decir: «Tú no quisiste ni aceptaste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos ni sacrificios por el pecado», cosas que se ofrecen según la Ley, añade: «Aquí estoy, vengo a hacer tu voluntad». Así abroga el primer sacrificio para establecer el nuevo. Mediante esa voluntad hemos sido santificados por medio de la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, de una vez para siempre. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

En la solemnidad de la Anunciación, la liturgia nos ofrece un texto en el que se exalta la humanidad de Cristo, es decir, su cuerpo, compuesto de carne, huesos y músculos, como el nuestro, ese mismo cuerpo que recibe de la Virgen María. Si se espiritualiza demasiado la persona de Jesús, se pierde de vista el milagro de la divinidad de Dios totalmente derramada en un cuerpo humano. La Virgen María lo lleva en su seno, lo siente moverse en su interior, como todas las madres, lo acaricia con sus propias manos y lo adora al contemplarlo. Precisamente la humanidad de Cristo, según muchos Padres de la Iglesia, es el origen del pecado de Lucifer, que lo transforma en Satanás: se niega a adorar a Dios no tanto en sí mismo, sino a Dios en el cuerpo humano de Cristo, ya que él - el ángel - es de naturaleza superior a la humana. «Me preparaste un cuerpo», dice la carta a los Hebreos. Meditemos sobre la humanidad de Jesús, inclinémonos, como hizo María santísima, y adoremos el cuerpo humano de Dios, en el que habita «toda la plenitud de la divinidad» (Col 2,9). Es el mismo cuerpo que tanto sufrió por nosotros. ¿Cómo no adorarlo?


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Lucas (Lc 1,26-38)
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre de la casa de David, llamado José. La virgen se llamaba María. Entrando donde ella, dijo: «Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo». Ella se turbó mucho ante estas palabras y se preguntaba qué sentido tendría un saludo como aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Y he aquí que concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará para siempre sobre la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin». María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, pues no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el que nacerá será santo y será llamado Hijo de Dios. Y he aquí que Isabel, tu pariente, también ha concebido un hijo en su vejez, y este es el sexto mes para ella, la que era considerada estéril, porque para Dios nada es imposible». María dijo entonces: «He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se alejó de ella. – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

Comencemos por el final. «El ángel se alejó de ella». Parece un versículo inútil, pero reflexionemos un poco. Todo sucede repentinamente, en pocos minutos: el ángel llega, anuncia, la Virgen responde. Luego el ángel se marcha. ¿Qué sucede cuando parte el mensajero celestial? Sucede que la Virgen María está embarazada. Ciertamente, media hora antes no lo había previsto. El minuto posterior a la anunciación es el que decide todo el camino espiritual de María santísima. Ninguna mujer había sido jamás la “madre de Dios”. No había precedentes, no podía compararse con nadie, ya que su condición era única e irrepetible. Un minuto después, María se encuentra inmersa en el océano luminoso de la divinidad y, al mismo tiempo, debe continuar haciendo las cosas de siempre. Todo es igual y todo ha cambiado. Comienza ese diálogo misterioso y profundo, dulcísimo e inefable, entre la Virgen y el niño divino. Desde ese momento, María santísima es la “teófora”, la que lleva a Dios, el “vaso espiritual” que contiene al Eterno. El hecho de que siga siendo una mujer de casa, sencilla y pobre a los ojos del mundo, manifiesta toda su grandeza. Hoy contemplamos a María santísima, llena de asombro y dicha, y nos alegramos con ella.


Suscripción al Misal
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Liturgia del día: 25 de marzo de 2022

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