Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» marzo-abril de 2024
Semana Santa – Misa Crismal
2.ª sem. salt.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 61,1-3a.6a.8b-9)
El espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque el Señor me ha ungido; me ha enviado a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar las heridas de los corazones desgarrados, a proclamar la libertad a los esclavos, la excarcelación a los prisioneros, a proclamar el año de gracia del Señor, el día de la venganza de nuestro Dios, para consolar a todos los afligidos, para dar a los afligidos de Sion una corona en lugar de ceniza, aceite de alegría en lugar de un vestido de luto, un manto de alabanza en lugar de un espíritu abatido. Vosotros seréis llamados sacerdotes del Señor, ministros de nuestro Dios seréis llamados. Les daré fielmente su salario, concluiré con ellos una alianza eterna. Será famosa entre las naciones su descendencia, su estirpe en medio de los pueblos. Quienes los vean reconocerán que son la estirpe bendecida por el Señor. – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El profeta anónimo del Antiguo Testamento afirma haber recibido el espíritu del Señor para realizar grandes obras: proclamar la liberación de la esclavitud, inaugurar una nueva etapa y anunciar un día de «venganza» de Dios. En esta grandiosa visión, todo el pueblo recibe una misión universal ante las demás naciones. Por ello, todo Israel esperaba a este gran liberador. Al comienzo de su vida pública, Jesús leyó este pasaje en la sinagoga de Nazaret y anunció a sus conciudadanos que el pasaje se refería a él y que por fin había llegado el día de la liberación. Todos quedaron maravillados, porque para quienes lo escuchaban Jesús era simplemente el hijo del carpintero y no se veía cómo podría liberar al pueblo de la esclavitud de Roma y proclamar a todo el pueblo de Israel como santo y sacerdotal. Aprendamos, pues, también nosotros a leer la Escritura no de manera humana, sino con el Espíritu Santo. Jesús es verdaderamente ese profeta, pero la liberación es interior: de la esclavitud de Satanás y de las cadenas del pecado.
SEGUNDA LECTURA
Del libro del Apocalipsis de san Juan apóstol (Ap 1,4.5-8)
Gracia y paz a vosotros de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. A Aquel que nos ama y nos ha liberado de nuestros pecados con su sangre, que ha hecho de nosotros un reino, sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Mirad, viene entre las nubes y todo ojo lo verá, incluso quienes lo traspasaron, y por él se golpearán el pecho todas las tribus de la tierra. Sí, amén. Dice el Señor Dios: yo soy el Alfa y la Omega, Aquel que es, que era y que viene, el Todopoderoso. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
El texto del Apocalipsis retoma perfectamente el pasaje de Isaías que leemos en la primera lectura y lo interpreta de la manera correcta. Aquel antiguo liberador anunciado es para todos Jesucristo, que es verdaderamente soberano de toda la tierra. La liberación no es de enemigos terrenales, sino de nuestros pecados; la guerra no se vence con espadas y caballos, sino con la Sangre preciosa de Cristo; el reino instaurado no es un pobre reino humano, sino el reino eterno del cielo. Está escrito que al final todos lo reconocerán y se golpearán el pecho; entretanto, el reino se extiende sobre la tierra mediante la predicación y el ejercicio del sacerdocio, llamado a proclamar la soberanía universal de Cristo. ¿Qué hace la Iglesia en el mundo? ¿Por qué existen los sacerdotes, los obispos, las santas Misas, los sacramentos? Para continuar, hasta el final, la misión de Cristo, que consiste en quitar los pecados del mundo, hacer salir a los hombres de los pantanos del pecado y vivir en su gracia. La cruz está plantada en cada rincón de la tierra para hacer presente el Reino de Cristo.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 4,16-21)
En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, y, según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado y se levantó para leer. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí; por eso me ha ungido y me ha enviado a llevar a los pobres la buena noticia, a proclamar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista; a poner en libertad a los oprimidos y a proclamar el año de gracia del Señor». Enrolló el rollo, se lo devolvió al ayudante y se sentó. En la sinagoga, todos tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Cada vez que se utiliza la palabra «hoy» en el Evangelio de Lucas, se anuncia un momento decisivo, de liberación y de renacimiento. Lo volveremos a escuchar en el episodio de Zaqueo -«hoy ha llegado la salvación a esta casa» (19,9)-, y Jesús se lo dirá en la cruz al buen ladrón -«hoy estarás conmigo en el paraíso» (23,43)-. Al comienzo del Evangelio, el Señor anuncia un primer «hoy» decisivo para todo el pueblo y para definir su propia misión. Afirma solemnemente que aquel antiguo y misterioso profeta de Isaías, consagrado expresamente para liberar a los esclavos y proclamar el año de gracia, era él. Por tanto, no había que esperar a nadie más, porque la Palabra se había cumplido. Para la gente que escuchaba -como para nosotros-, se trataba entonces de entrar en ese «hoy», de realizar con Cristo y en Cristo la liberación, teniéndolo a él como guía. Esto les pareció imposible a los habitantes de Nazaret, que no quisieron creer y expulsaron a Jesús de la sinagoga. En cambio, Zaqueo y el buen ladrón entraron en el «hoy» de Cristo y fueron salvados. Donde está el Señor, en efecto, siempre hay liberación y salvación. Los dos pecadores mencionados creyeron, se sumergieron en la nueva realidad, siguieron al Señor y fueron verdaderamente liberados.


