Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” enero-febrero de 2023
Epifanía del Señor (s)
propia
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 60,1-6)
Levántate, revístete de luz, porque llega tu luz, la gloria del Señor brilla sobre ti. Pues mira, las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor, su gloria aparece sobre ti. Caminarán las naciones a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Alza los ojos alrededor y mira: todos estos se han reunido, vienen hacia ti. Tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás y estarás radiante, tu corazón palpitará y se ensanchará, porque la abundancia del mar se derramará sobre ti, llegará a ti la riqueza de las naciones. Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá, todos vienen de Sabá, trayendo oro e incienso y proclamando las glorias del Señor. – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Todos los pueblos del mundo irán a Jerusalén y reconocerán que de este lugar viene la luz para todos. Esta es la grandiosa visión del libro del profeta Isaías. Pero no será simplemente un pueblo el que sea glorificado; la lectura de hoy constituye el término del camino histórico de Israel: de allí viene Jesús, nuestro Dios y Salvador; él es el lugar, la Jerusalén divina, hacia el que todos los pueblos están llamados a ir para recibir la vida eterna. La profecía se realiza hoy en la Iglesia: nosotros somos el nuevo pueblo de Dios. Hoy ya no hay una sola nación que sea santa, sino que todos los bautizados que viven en la gracia divina son portadores de la luz. «Ustedes son la luz del mundo», dice el Señor. Se genera un dinamismo espiritual por el que se va hacia Cristo, se permanece en él y después se regresa al mundo para iluminar con los actos de amor a las personas y los lugares donde Dios nos ha puesto. Las últimas líneas del pasaje evocan a los Magos, que vienen de lejos, reconocen a Cristo, lo adoran y luego regresan a sus lugares «proclamando las glorias del Señor».
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 3,2-3a.5-6)
Hermanos, supongo que han oído hablar del ministerio de la gracia de Dios que me fue encomendado en favor de ustedes: por revelación se me dio a conocer el misterio. Este no se manifestó a los hombres de las generaciones anteriores como ahora ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas por medio del Espíritu: que los gentiles son llamados, en Cristo Jesús, a compartir la misma herencia, a formar el mismo cuerpo y a participar de la misma promesa por medio del Evangelio. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
La palabra del apóstol Pablo quiebra decididamente la convicción del antiguo Israel de ser el único “pueblo de Dios”, como si todos los demás debieran reconocer esa primacía y someterse a él. No, el Salvador es para todos. Nace en Israel, ciertamente, pero después su presencia llega a todos los hombres, porque todos necesitan conocer a Jesús, ser acogidos por él y presentados al Padre purificados por su sacrificio divino. Lo que nos une y nos hace pueblo de Dios es el Evangelio, es la fe en Cristo. Pero nosotros, después de dos mil años, ¿lo conocemos realmente? ¿Somos verdaderamente suyos? ¿Somos para todos los demás un Evangelio viviente? No basta con haber recibido el mensaje, es necesario que nosotros mismos seamos ese mensaje para todos los hombres. Los israelitas de aquel tiempo permanecieron encerrados en sus convicciones, sin querer perder su privilegio. Que no sea así para nosotros, porque la necesidad que el mundo tiene de Dios es grandiosa y apremiante. Dios es amor, y el amor no conoce fronteras nacionales; ¡que nuestro único privilegio sea darlo a conocer a todos!
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 2,1-12)
Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén y preguntaban: «¿Dónde está el que ha nacido, el rey de los judíos? Porque hemos visto salir su estrella y hemos venido a adorarlo». Al oír esto, el rey Herodes se sobresaltó, y toda Jerusalén con él. Reunió a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Cristo. Ellos le respondieron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en modo alguno la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo, Israel”». Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos y se informó cuidadosamente de ellos sobre el tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Luego los envió a Belén y les dijo: «Vayan y averigüen con exactitud acerca del niño y, cuando lo encuentren, avísenme, para que yo también vaya a adorarlo». Después de oír al rey, ellos se pusieron en camino. Y la estrella que habían visto salir iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de una inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, se postraron y lo adoraron. Después abrieron sus cofres y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos en sueños de que no regresaran donde Herodes, volvieron a su tierra por otro camino. – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
La palabra “epifanía” significa “manifestación”. Después del nacimiento de Cristo, ocurrido en silencio, solo unos pocos pastores pobres sabían quién era realmente aquel Niño; todos los demás lo ignoraban. Para manifestar su realidad como único Salvador del mundo, la Providencia divina dispuso que tres hombres paganos, de distintas regiones del mundo, llegaran inesperadamente desde lejos y revelaran ante todos la verdadera naturaleza del niño Jesús. Los habitantes de Belén habrán visto esta visita y se habrán sorprendido, sin poder imaginar que un simple infante recibiera tales honores. Él es Dios: todo el cielo se inclina, adora y se alegra, porque en Cristo se resuelve el pecado y los hombres pueden ir al Paraíso, si tan solo lo desean. Los Magos reconocen este camino y lo recorren primero: buscan, encuentran, adoran, ofrecen, reciben y regresan a casa transformados. No son israelitas, pero son los primeros entre nuestros antepasados (también nosotros venimos del paganismo, por lo que somos sus descendientes) en reconocer la verdadera naturaleza de Jesús. Ya no están solo los pastores pobres en la infancia de Jesús; también están los sabios ricos, que ponen sus vidas en manos del Niño. Hoy todos nosotros estamos con ellos.

