liturgia del giorno 6 gennaio 2024

Editrice Shalom

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Autore: Editrice Shalom

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Liturgia del día: 6 de enero de 2024

Adoración

Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» enero-febrero de 2024

Epifanía del Señor (solemnidad)
propia


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías (Is 60,1-6)
¡Levántate, revístete de luz, porque llega tu luz, la gloria del Señor resplandece sobre ti! Porque, mira, la oscuridad cubre la tierra, una densa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor, su gloria aparece sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz, los reyes al resplandor de tu amanecer. Alza los ojos alrededor y mira: todos estos se han reunido, vienen hacia ti. Tus hijos llegan de lejos, tus hijas son llevadas en brazos. Entonces mirarás y estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque la abundancia del mar se derramará sobre ti, llegará a ti la riqueza de las naciones. Una multitud de camellos te invadirá, dromedarios de Madián y de Efá, todos vendrán de Sabá, trayendo oro e incienso y proclamando las glorias del Señor. – Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

Las palabras de consuelo del profeta acompañan a quienes regresan, después de años de exilio en Babilonia, a Jerusalén, la ciudad amada. Pero, como siempre en Isaías, la mirada se amplía y también vislumbra a personas no israelitas que se dirigen hacia Jerusalén, porque allí está la luz, mientras que todo lo demás es oscuridad. «Dios es luz y en él no hay oscuridad alguna» (1 Jn 1,5). No es una metáfora: realmente todo lo que no está en Dios es oscuridad, tiniebla. Pero el hombre no puede permanecer en las tinieblas; necesita ver las cosas para conocerlas, poseerlas, disfrutarlas y, por tanto, vivir. El antiguo vaticinio ve, pues, a todos los pueblos buscar la fuente del ser y de la existencia, Dios, y dirigirse a Jerusalén. Luego todo el esplendor quedará encerrado en Dios que se hace carne, que se hace presente ya no en el templo de ladrillos, sino entre los brazos de María santísima, hombre para nosotros, niño adorable. A la gran escena de los camellos y de todos los que vienen trayendo oro e incienso la sustituye la humilde adoración doméstica, pero intensa, de los Magos, que por fin pueden ver a Dios cara a cara en el niño Jesús. 


SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 3,2-3a.5-6)
Hermanos, supongo que habéis oído hablar del ministerio de la gracia de Dios que se me ha confiado en favor vuestro: por revelación se me dio a conocer el misterio. Este no se había dado a conocer a los hombres de las generaciones anteriores como ahora ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas por medio del Espíritu: que los gentiles son llamados, en Cristo Jesús, a compartir la misma herencia, a formar el mismo cuerpo y a participar de la misma promesa por medio del Evangelio. – Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Hay un antes y un después, una línea divisoria que divide en dos la historia de la humanidad: la venida de Dios a la tierra; no una imagen suya, no una proyección suya, no un hombre particularmente inspirado, no «algo» de él, sino él en persona. Antes de la encarnación nadie podía decir que compartía la misma herencia divina, es decir, que formaba «el mismo cuerpo con Dios». Ahora, en cambio, con la venida de Cristo, esto es posible. Dios no vino para ser admirado, sino para ser una sola carne con nosotros, una sola vida. Nos lleva a un punto tan elevado de la existencia que podemos decir que somos quienes sostienen el mundo; ciertamente, con Cristo y en Cristo, porque somos pobres criaturas, vasos de barro que la gracia llena. No debemos enorgullecernos, desde luego, sino más bien hundirnos en la adoración, como los Magos. Pero esto es lo hermoso: «soportamos» vivir aquí abajo precisamente porque recibimos el don de los dones. En la era cristiana no existe un «después», no puede existir porque, al ser la última, durará hasta el fin de los tiempos. La Epifanía manifiesta el Misterio: Dios-con-nosotros. 


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Mateo (Mt 2,1-12)
Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén y preguntaban: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse, el rey Herodes se sobresaltó, y toda Jerusalén con él. Reu-
nió a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Cristo. Ellos le respondieron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las principales ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo, Israel”». Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella y los envió a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino. Y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, se postraron y lo adoraron. Después abrieron sus cofres y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino. – Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

Herodes permanecía tranquilo en el palacio, asfixiado por los lujos y el poder, encerrado en sí mismo y deseoso únicamente de dominar a las personas. Era un rey cruel y sanguinario. Radicalmente distinto es el mundo de los tres sabios, que, sin embargo, eran paganos y no pertenecían al pueblo de Dios. Eran puros de corazón y desafiaron lo desconocido, afrontando un viaje largo y peligroso, solo porque habían intuido que algo grande había sucedido en un país lejano. Los Magos estaban libres de sí mismos y, por eso, cuando vieron al niño se postraron y lo adoraron. En ellos se anticipan todos los humildes de corazón que buscan sinceramente a Dios y lo encuentran. «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios»… Los Magos lo vieron y su corazón se llenó de alegría. Los sabios de Israel sabían que el Mesías nacería en Belén, pero preferían sus propios intereses a la verdad. No lo buscaban en absoluto. Si se acepta a Cristo, nuestro corazón está en paz; si se le expulsa, él no insiste en quedarse, se va. Escribe el escritor Domenico Giuliotti: «Se va incluso más lejos que cualquier posible lejanía que nuestro destierro le imponga. Pero su ausencia permanece; Él, por así decirlo, sigue presente en el castigo que se deriva de esa ausencia».


Suscripción al Misalito
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Liturgia del día: 6 de enero de 2024

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