Textos extraídos del Misalito «En tu Palabra» noviembre-diciembre de 2023
Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María (s)
propia
PRIMERA LECTURA
Del libro del Génesis (Gén 3,9-15.20)
[Después de que el hombre hubo comido del fruto del árbol,] el Señor Dios lo llamó y le dijo: «¿Dónde estás?». Respondió: «He oído tu voz en el jardín: he tenido miedo, porque estoy desnudo, y me escondí». Él continuó: «¿Quién te hizo saber que estás desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te había mandado no comer?». Respondió el hombre: «La mujer que me diste como compañera me dio del árbol y yo comí». El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué has hecho?». Respondió la mujer: «La serpiente me engañó y yo comí». Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todo el ganado y entre todos los animales salvajes. Sobre tu vientre caminarás y polvo comerás todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia: esta te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón». El hombre llamó a su mujer Eva, porque ella fue la madre de todos los vivientes. - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Adán y Eva no obedecen a Dios y, seducidos por Satanás, deciden hacerse inmortales -«no moriréis en modo alguno, es más, seréis como Dios» (cf. Gén 3,4-5), había insinuado la serpiente-. Además, quieren conocer «el bien y el mal» y quieren, como Dios, «dar la vida» a unos descendientes, pero sin docilidad, sin esperar los tiempos de Dios, queriendo, en esencia, decidir por sí mismos cuál era su verdadero bien. La intervención posterior del Señor supera las expectativas, porque se promete una mujer que, acogiendo dócilmente la invitación de Dios a ser su Madre, cambiará todo el sistema, dando al mundo al autor de la vida hecho Carne, Jesús, segunda Persona divina. Dios creó una sola enemistad en el mundo -escribe san Luis María Grignion de Montfort-, la existente entre la Virgen María y Satanás. Y lo que ha sido creado lo es para siempre. Y, aunque suene extraño a nuestros oídos, tal enemistad nos ayuda, porque nos indica cuál es el camino que debemos seguir: acoger a María como Madre y dejarnos conducir por ella, obtener en ella el perdón de Cristo y volver a ser «vírgenes» en el mundo de la gracia.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 1,3-6.11-12)
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo para que fuéramos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo a ser sus hijos, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado. En él también hemos recibido nuestra herencia, predestinados según el designio de quien todo lo realiza conforme a la decisión de su voluntad, para que seamos alabanza de su gloria, nosotros, los que ya antes esperábamos en Cristo. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Dios nos creó no para que viviéramos inmersos en el mal y sin esperanza, sino para que fuéramos santos e inmaculados. San Porfirio, un monje del Monte Athos, escribe: «Con Cristo el hombre se llena de gracia y así vive por encima del mal. Para él, el mal no existe. Solo existe el bien, es decir, Dios. El mal no puede existir. En otras palabras, mientras hay luz no puede haber tinieblas. Tampoco las tinieblas pueden apoderarse de él, porque vive en la luz». Estamos tan acostumbrados a vivir en situaciones de malestar, de pecado, de oscuridad, a preocuparnos por todo, que estas palabras nos parecen exageradas. Y, sin embargo, en una criatura esta bendición se realizó plenamente: en la Virgen Inmaculada. Su preocupación es Dios, el amor, la adoración, el bien. Ella está totalmente orientada hacia el Padre, contemplando la grandeza de su don: Jesús, que nos salva de los pecados. ¡También nosotros podemos, en la Iglesia, poseer a Jesús, el Espíritu, la gracia y todos los carismas! Nosotros, que somos pobres pecadores, hemos obtenido, gracias al «sí» de María, la posibilidad de vivir para alabanza de la gloria de Dios. María es nuestro Paraíso en la tierra.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 1,26-38)
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre de la casa de David, llamado José. La virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué significaba aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró. - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Hoy leemos el Evangelio que cambió la historia de la humanidad. Aquel día todo ocurrió en secreto y nadie se dio cuenta, porque la redención acontece en lo íntimo. La verdadera vida es la del corazón: los acontecimientos externos pasan, pero la vida en Cristo (o sin él) permanece. La Virgen María acepta el inaudito plan de Dios, que pide nacer de ella. Dios podría haberse encarnado descendiendo directamente del cielo ya como hombre adulto; no habría habido nada extraño, porque para Dios nada es imposible. Sin embargo, quiso recorrer la vida del hombre desde su comienzo y asumir su humanidad de la humanidad, y en este caso concreto de una mujer, una criatura suya. Desde ese momento nada humano es ajeno a Dios y la participación es total. Él quiere vivir en nosotros y, después de la resurrección, vive en el hombre en gracia. María santísima acoge y exclama: «Hágase». Este es el principio mariano por excelencia: «Fiat», hágase. Todo depende de Dios, pero nada sucede si el hombre no colabora, si no entra en el principio mariano. Desde ese momento Dios ya no está «solo», sino con María, pero también conmigo, y el hombre tampoco está ya solo, sino con Dios y en Dios, si lo acepta y lo acoge.


