Epifanía del Señor (s)
Liturgia de las horas propia
La Epifanía es la manifestación de un Dios que se hace pequeño por amor y para darnos amor, que entra en nuestra historia para acompañarnos en todas las etapas de nuestro camino. Jesús Niño es, en efecto, esta plena y total manifestación de Dios amor a toda la humanidad. Como los Magos, dejémonos guiar por la estrella, es decir, por la Palabra de Dios, que es luz en nuestro camino; sigámosla con decisión si queremos construir nuestra existencia sobre la roca. Así también nosotros podremos convertirnos para los demás en epifanía, es decir, en reflejo de esa luz que Cristo ha hecho resplandecer sobre nosotros.
Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra”, enero-febrero de 2021.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías (Is 60,1-6)
Levántate, revístete de luz, porque llega tu luz, la gloria del Señor brilla sobre ti. Porque, mira, las tinieblas cubren la tierra, una densa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor, su gloria aparece sobre ti. Caminarán las naciones a tu luz, los reyes al resplandor de tu amanecer. Alza los ojos alrededor y mira: todos estos se han reunido, vienen hacia ti. Tus hijos llegan de lejos, tus hijas son llevadas en brazos. Entonces mirarás y estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque la abundancia del mar se volcará sobre ti, vendrá a ti la riqueza de las naciones. Una multitud de camellos te invadirá, dromedarios de Madián y de Efá, todos vendrán de Sabá, trayendo oro e incienso y proclamando las glorias del Señor. – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
«Levántate, revístete de luz, porque llega tu luz, la gloria del Señor brilla sobre ti». Los temas que dominan en la liturgia de la solemnidad de la Epifanía y, en particular, en esta lectura tomada del profeta Isaías son los de la «luz» -palabra repetida numerosas veces y contrapuesta a las tinieblas-, de la «gloria» y del «resplandor» del Señor; además, se describe un movimiento, representado por los verbos «venir», «reunirse», «caminar», «invadir» y «llevar». Se trata de un pasaje solemne y glorioso, tanto por el desarrollo de la escritura como por su contenido. Se nos dice que las tinieblas que encontramos en nuestra existencia no son eternas, no durarán para siempre. Las noches de la soledad, de la enfermedad, del duelo y de la desesperación ciertamente serán quebradas gracias al proyecto de amor del Padre, a la presencia personal e individual del Espíritu Santo, a la manifestación del Hijo de Dios a todas las naciones, que celebramos solemnemente en este día. Hoy, de un modo completamente especial, la fe y la caridad se dejan guiar por la pequeña esperanza: al principio es una lucecita en las tinieblas, pero hoy resplandece con toda su gloria. Ya no somos esclavos ni prisioneros; podemos proclamar «las glorias del Señor».
SEGUNDA LECTURA
De la carta de san Pablo apóstol a los Efesios (Ef 3,2-3a.5-6)
Hermanos, creo que han oído hablar del ministerio de la gracia de Dios que me fue confiado en favor de ustedes: por revelación se me dio a conocer el misterio. Este no se manifestó a los hombres de las generaciones anteriores como ahora ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas por medio del Espíritu: que los gentiles son llamados, en Cristo Jesús, a compartir la misma herencia, a formar el mismo cuerpo y a participar de la misma promesa por medio del Evangelio. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
En la solemnidad de la Epifanía, san Pablo nos dice que «los gentiles son llamados, en Cristo Jesús, a compartir la misma herencia, a formar el mismo cuerpo y a participar de la misma promesa por medio del Evangelio». Este es el misterio que fue revelado, a través de los Apóstoles, a toda la humanidad. Preguntémonos entonces qué significa esto en la vida espiritual concreta. Por una parte, indica la llamada a convertirse en cristianos, a ser miembros vivos de la Iglesia católica, como todo hombre y toda mujer desea en lo más profundo de su corazón. Sin embargo, también quien no nació cristiano puede disfrutar de la alegría de este encuentro en lo profundo de su conciencia y mediante una vida buena. Por otra parte, este misterio revelado nos dice que todos hemos recibido una altísima vocación a «formar el mismo cuerpo y a participar de la misma promesa por medio del Evangelio», por tanto, a través del rostro muy concreto de Jesucristo: nuestro Dios no es un Dios genérico, una entidad sin rostro ni nombre. A esta llamada se puede responder de manera visible, mediante la pertenencia a la Iglesia católica, o a través de los innumerables caminos que desconocemos y que Dios, por medio de su Santo Espíritu, tiene reservados para la humanidad.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 2,1-12)
Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén y preguntaban: «¿Dónde está el que ha nacido, el rey de los judíos? Hemos visto salir su estrella y hemos venido a adorarlo». Al enterarse, el rey Herodes se sobresaltó, y con él toda Jerusalén. Reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, y les preguntó dónde debía nacer el Cristo. Ellos le respondieron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en verdad la menor entre las principales ciudades de Judá: de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo, Israel”». Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos y se informó cuidadosamente por ellos del tiempo en que había aparecido la estrella. Luego los envió a Belén diciéndoles: «Vayan e infórmense con exactitud sobre el niño y, cuando lo hayan encontrado, avísenme, para que yo también vaya a adorarlo». Después de oír al rey, ellos se pusieron en camino. Y la estrella que habían visto salir iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de una alegría inmensa. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, se postraron y lo adoraron. Después abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra. Advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su país por otro camino. – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
En el pasaje evangélico que se nos ha propuesto en la solemnidad de la Epifanía aparecen varias palabras que se suceden: caminar como actitud, la estrella como referencia, la alegría que vuelve una y otra vez y, finalmente, lo más importante, la adoración: «Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, se postraron y lo adoraron». Para la Iglesia, quienes han vivido plenamente la actitud de adoración son los santos, «los verdaderos reformadores. Ahora quisiera expresarlo de manera aún más radical: solo de los santos, solo de Dios, procede la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo. […] [Infatti] La absolutización de lo que no es absoluto sino relativo se llama totalitarismo. No libera al hombre, sino que le quita su dignidad y lo esclaviza. No son las ideologías las que salvan al mundo, sino únicamente el volverse hacia el Dios vivo, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es verdaderamente bueno y verdadero. La verdadera revolución consiste únicamente en volverse sin reservas hacia Dios, que es la medida de lo justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. ¿Y qué podría salvarnos, si no el amor?» (Papa Benedicto XVI, Discurso en Colonia, XX Jornada Mundial de la Juventud, 20 de agosto de 2005). Que Dios nos conceda la gracia de volvernos continuamente hacia su Hijo y adorarlo.

