Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” noviembre-diciembre de 2024
1.er domingo de Adviento (C)
1.ª sem. salteada
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Jeremías (Jr 33,14-16)
He aquí que vienen días -oráculo del Señor- en los que cumpliré las promesas de bien que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar para David un brote justo, que ejercerá el derecho y la justicia en la tierra. En aquellos días Judá será salvada y Jerusalén vivirá tranquila, y será llamada: «El Señor es nuestra justicia». -Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
Todo el Antiguo Testamento es, podría decirse, una espera. Hablamos de «historia sagrada» precisamente porque se trata de una historia que tiende hacia algo, más aún, hacia alguien sagrado, santo. Se necesitaron siglos para preparar la venida del Mesías, e Israel recibe continuamente el aviso de que el sentido de su existencia es dar al mundo al Salvador. Este futuro hijo de David es descrito de diversas maneras: como liberador, como aquel que restablecerá la justicia y también, en los cantos del Siervo del Señor de Isaías, como aquel que sufrirá por el pueblo y pagará por todos. Así como una mujer embarazada espera nueve meses para traer al mundo a su hijo, Israel existe para vivir no meses, sino siglos, en espera del Mesías. El embarazo no es un tiempo pasivo: el niño se va formando poco a poco en el seno materno, crece, se hace sentir, y la madre vive ya una relación con él cada vez más intensa, aunque no lo vea. Israel, por tanto, nos enseña a vivir bien la espera, a mantener siempre la atención dirigida hacia Cristo que vendrá, y a tener así un espíritu adecuado para comenzar bien este tiempo de Adviento.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1 Tes 3,12 - 4,2)
Hermanos, que el Señor los haga crecer y abundar en el amor de unos a otros y hacia todos, como abundamos nosotros en el amor hacia ustedes, para que sus corazones sean firmes e irreprochables en la santidad, ante Dios, nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos. Por lo demás, hermanos, les rogamos y exhortamos en el Señor Jesús a que, tal como aprendieron de nosotros cómo deben comportarse para agradar a Dios -y así ya se comportan-, sigan progresando cada vez más. Ya conocen las normas de vida que les hemos dado de parte del Señor Jesús. -Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Pablo escribe a los tesalonicenses pidiéndoles que afiancen sus corazones y vivan en santidad, para estar preparados para la «venida del Señor Jesús con todos sus santos». Si ustedes recibieran una carta semejante, ¿qué pensarían? Que Jesús y sus santos todavía tienen que venir. Sin embargo, sabemos que él ya vino, ya murió en la cruz y resucitó. Por tanto, aquí se habla evidentemente de otra venida, la segunda venida de Cristo, que puede entenderse como el fin del mundo para el Juicio universal o como una venida en el tiempo para reinar con los santos de un modo nuevo que todavía no conocemos. En esencia, también nosotros, que vivimos en el Nuevo Testamento, debemos estar preparados, vigilantes en la espera. También lo decimos en la Misa: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven, Señor Jesús!». Ya sea una segunda venida particular en el tiempo o el fin del mundo, el Adviento nos sitúa siempre en este doble nivel: revivir el nacimiento de Jesús en el tiempo, acogerlo en el corazón y permanecer a la espera de la Parusía, su segunda venida.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 21,25-28.34-36)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habrá signos en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra, angustia de las naciones, atemorizadas por el estruendo del mar y de las olas, mientras los hombres desfallecerán de miedo y de la espera de lo que ha de suceder en la tierra. Porque las potencias de los cielos serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir sobre una nube, con gran poder y gloria. Cuando comiencen a suceder estas cosas, levántense y alcen la cabeza, porque se acerca su liberación. Tengan cuidado de ustedes mismos, no sea que sus corazones se emboten por la disipación, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y aquel día les sobrevenga de repente; porque caerá como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. Estén siempre despiertos, orando en todo momento para que tengan fuerza y puedan escapar de todo lo que está por suceder, y comparecer ante el Hijo del hombre». -Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Prepararse para el encuentro con Cristo: este es el significado del tiempo litúrgico del Adviento que la Iglesia nos invita a vivir cada año. La liturgia nos pide admirar, contemplar y adorar lo que ya ha sucedido en el tiempo, es decir, la encarnación del Verbo de Dios y su nacimiento en la gruta de Belén; y, al mismo tiempo, nos invita a levantar los ojos al cielo y prepararnos para la venida del Señor, cuando venga sobre una nube con gran poder para el Juicio final y universal. Nuestra vida, por tanto, transcurre con una doble mirada: hacia el pasado, para contemplar las maravillas de Dios, y hacia el futuro, sabiendo que nos espera el veredicto final. Mientras tanto, vivimos en el tiempo, considerado como nuestro viaje personal entre estos dos polos, un viaje en el que el Señor se nos da como compañero, ayuda y alimento (en la santa Eucaristía); nos da fuerza, valor, libertad y gracia, en el don continuo del Espíritu Santo; nos concede amigos espirituales que nos acompañan y animan con su ejemplo: los santos del Paraíso. No nos falta, por tanto, nada para caminar en la esperanza, ejercitando la fe y realizando cada día actos de caridad.


