Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” septiembre-octubre de 2023
26.º domingo del tiempo ordinario (A)
2.ª semana del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Ezequiel (Ez 18,25-28)
Esto dice el Señor: «Vosotros decís: “No es recto el proceder del Señor”. Escucha, pues, casa de Israel: ¿No es recto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es recto? Si el justo se aparta de la justicia, comete el mal y muere por ello, muere por el mal que ha cometido. Y si el malvado se convierte de la maldad que cometió y practica el derecho y la justicia, él mismo salvará su vida. Si recapacita y se convierte de todas las culpas que cometió, ciertamente vivirá y no morirá». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El capítulo 18 del libro del profeta Ezequiel, del que se ha tomado la primera lectura de este domingo, aborda el tema de la responsabilidad personal del pecador. En la visión teológica de Israel estaba presente la idea de que la pena por el pecado de los padres la pagarían los hijos y los hijos de los hijos durante un número indeterminado de generaciones. Sin embargo, en cierto momento, el pueblo ve que no es así y lo considera un escándalo; ya no comprende el proceder de Dios y lo cuestiona. En realidad, Dios quiere hacer comprender al pueblo de Israel la importancia de la responsabilidad personal ante las decisiones que se toman: nadie puede atribuir a otros la culpa o el mérito de su propia perdición o salvación. Esta es también una gran enseñanza para nosotros: el paraíso o el infierno no son cuestión de buena o mala suerte. Al contrario, cada uno construye ya en la tierra su futuro eterno; por tanto, es necesario pedir a Dios el don de la perseverancia y hacer todo lo posible para permanecer fieles a su amor, a fin de poder contemplar un día su rostro.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (Flp 2,1-11)
Hermanos, si hay alguna exhortación en Cristo, algún consuelo fruto del amor, alguna comunión de espíritu, algún afecto y alguna compasión, colmad mi alegría teniendo un mismo sentir y el mismo amor, permaneciendo unánimes y concordes. No hagáis nada por rivalidad ni por vanagloria, sino que cada uno de vosotros, con toda humildad, considere a los demás superiores a sí mismo. No busque cada uno su propio interés, sino también el de los demás. Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús: él, que era de condición divina, no consideró un privilegio ser como Dios, sino que se despojó de sí mismo asumiendo la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo, y toda lengua proclame: «Jesucristo es Señor», para gloria de Dios Padre. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Pablo pide expresamente a los Filipenses que colmen su alegría teniendo un mismo sentir y el mismo amor, permaneciendo unánimes y concordes. Como pastor, sabía que este es el camino de Jesús y la gracia que Jesús pidió al Padre para sus discípulos: la unidad y la concordia. Esta armonía es una gracia concedida por el Espíritu Santo, pero nosotros debemos hacer todo lo posible, por nuestra parte, para ayudarlo a crear esta armonía en la Iglesia. Pablo recomienda no hacer nada por rivalidad y no luchar unos contra otros. La rivalidad y la vanagloria son dos carcomas que destruyen la consistencia de la Iglesia y la debilitan, porque van contra la armonía y la concordia. Para no caer en estas tentaciones, Pablo aconseja considerar a los demás superiores a uno mismo, no buscar el propio interés, sino también el de los demás. Es necesario, pues, buscar ante todo el bien del otro, servir a los demás. El amor que pide Pablo rechaza el utilitarismo: haz humildemente el bien a los demás y considéralos, en tu corazón, mejores que tú.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 21, 28-32)
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él respondió: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?». Respondieron: «El primero». Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Pero vosotros, aun después de ver esto, no os arrepentisteis ni le creísteis». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Jesús propone a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo una historia sobre la que reflexionar. Les presenta el caso de dos hijos a los que su padre pide que vayan a trabajar a la viña. Uno responde que no quiere, pero después va. El otro, en cambio, dice que irá, pero luego no va, no obedece. Jesús pide a sus interlocutores que expresen su opinión y, en ese momento, llega el duro juicio. Jesús también explica el motivo: a diferencia de ellos, los publicanos y las prostitutas escucharon la voz del Señor y aceptaron su corrección. Dios no quiere la hipocresía de quien se escandaliza del comportamiento de Jesús con los publicanos y las prostitutas, pero después acude a ellos a escondidas para desahogar sus pasiones o hacer negocios. Este juicio, sobre el que la liturgia nos hace reflexionar hoy, nos da esperanza cuando miramos nuestros pecados. Todos, en efecto, somos pecadores. Cada uno de nosotros conoce bien la lista de sus propios pecados, pero sabe que puede ofrecérselos al Señor. Cuando seamos capaces de entregar al Señor el mal que hay en nosotros, entonces perteneceremos a ese hermoso pueblo humilde y pobre que confía en el nombre del Señor y experimenta su salvación.


