Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” marzo-abril de 2024
4.º domingo de Cuaresma (B) “Laetare”
4.ª sem. sal.
PRIMERA LECTURA
Del segundo libro de las Crónicas (2Cr 36,14-16.19-23)
En aquellos días, todos los jefes de Judá, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando en todo las abominaciones de los otros pueblos, y contaminaron el templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, les enviaba con premura y sin cesar a sus mensajeros para amonestarlos, porque se compadecía de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaban de los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y se mofaban de sus profetas, hasta el punto de que la ira del Señor contra su pueblo llegó al colmo, sin remedio. Entonces [sus enemigos] incendiaron el templo del Señor, derribaron las murallas de Jerusalén y entregaron a las llamas todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. El rey [de los caldeos] deportó a Babilonia a los supervivientes de la espada, que se convirtieron en esclavos suyos y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa, cumpliéndose así la palabra del Señor por boca de Jeremías: «Hasta que la tierra haya expiado sus sábados, descansará durante todo el tiempo de la desolación, hasta cumplirse setenta años». En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por boca de Jeremías, el Señor suscitó el espíritu de Ciro, rey de Persia, quien hizo proclamar por todo su reino, también por escrito: «Así dice Ciro, rey de Persia: “El Señor, Dios del cielo, me ha concedido todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado construirle un templo en Jerusalén, que está en Judá. Quien de vosotros pertenezca a su pueblo, que el Señor, su Dios, esté con él y suba!”». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
He aquí un hermoso ejemplo de “teología de la historia”. Nosotros vemos los acontecimientos externos: guerras, deportaciones, períodos de exilio, regreso a la patria, etcétera, y si intentamos dar una interpretación únicamente humana, tendremos lecturas más o menos parciales de los acontecimientos. El autor de la Biblia, en cambio, ofrece la explicación desde el punto de vista de Dios. El grandioso templo de Jerusalén fue destruido por los caldeos porque los israelitas habían sido infieles al Señor y se habían burlado y despreciado a todos los profetas enviados por él. Después de setenta años de alejamiento y deportación, regresan a Israel por la benevolencia del rey persa Ciro, quien concede dicho regreso porque Dios se lo ha dicho. ¡Al final resulta que Ciro, pagano, es más obediente al Señor que los israelitas! Y de hecho lo es en esta ocasión. Este modo de interpretar los hechos y leer la historia también debe ser objeto de nuestro discernimiento sobre el presente. Podemos leer la historia desde un punto de vista humano o, por el contrario, desde el punto de vista de personas de fe, tratando de reconocer en lo que nos sucede los signos y las huellas de la obra de Dios.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (Ef 2,4-10)
Hermanos, Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo: por gracia habéis sido salvados. Con él también nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos, en Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros la extraordinaria riqueza de su gracia mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. En efecto, por gracia habéis sido salvados mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, en efecto, obra suya, creados en Cristo Jesús para las buenas obras, que Dios preparó de antemano para que camináramos en ellas. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
San Pablo dice que no nos salvamos por las obras, sino por la fe en Cristo. Dicho así, la frase parece contradecir la enseñanza de Santiago, quien, en su Carta, escribe que la fe sin obras está muerta. ¿Cuál de los dos tiene razón? Naturalmente, la Sagrada Escritura no puede caer en contradicciones y, de hecho, basta con leer las palabras que siguen a la afirmación paulina, en el pasaje de hoy, para resolver la cuestión. Se nos dice que la obra somos nosotros. Si hemos resucitado y estamos sentados en los cielos (expresiones para decir que se nos concede vivir en la gracia de Dios), entonces nosotros somos su obra y, como tales, todo lo que hacemos será de algún modo signo de su presencia. Por tanto, no debemos preocuparnos por hacer cosas buenas, sino por ser una buena obra, es decir, vivir en la gracia de Dios. Parafraseando el mito del rey Midas, que transformaba en oro todo lo que tocaba, podemos decir que los cristianos transforman en acontecimiento de gracia todo lo que tocan, si ellos mismos están en la gracia de Dios, si rezan y lo aman.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 3,14-21)
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Dios, en efecto, no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él. El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal aborrece la luz y no se acerca a la luz, para que sus obras no sean reprobadas. En cambio, el que hace la verdad se acerca a la luz, para que se manifieste claramente que sus obras han sido hechas en Dios». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Jesús se presenta como la línea divisoria entre el bien y el mal, entre la salvación y la perdición. Todos los hombres de la tierra, lo sepan o no, encuentran en la adhesión a Cristo (o en el rechazo) el sentido de todo lo que son y hacen, ahora en el tiempo y mañana en la eternidad. Y, sin embargo, parece que los hombres viven y se preocupan continuamente por cosas secundarias, cuando no inútiles y perjudiciales, como si la salvación eterna del alma no importara nada, como si tuviéramos que vivir siempre en esta tierra. Y, sin embargo, «Dios […] amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca». La vida de los santos lo atestigua; no eran hombres perfectos que vivieran siempre en éxtasis, sino pecadores, como todos, que amaban inmensamente al Señor y depositaban toda su confianza en él. No se nos pide escalar montañas ni ayunar a pan y agua todos los días, sino creer que Jesús es nuestro salvador y confiarle toda nuestra vida. «Aunque hubiera cometido todos los crímenes posibles -escribía santa Teresa del Niño Jesús-, tendría la misma confianza; siento que toda esa multitud de ofensas sería como una gota de agua arrojada a un brasero ardiente».


