liturgia della domenica 11 febbraio 2024

Editrice Shalom

Tempo di lettura: 4 min
Autore: Editrice Shalom

Cosa troverai in questo articolo?

Liturgia del domingo: 11 de febrero de 2024

Jesús sana

Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra”, enero-febrero de 2024

6.º domingo del Tiempo Ordinario (B)
2.ª semana del salterio


PRIMERA LECTURA

Del libro del Levítico (Lv 13,1-2.45-46)
El Señor habló a Moisés y a Aarón y les dijo: «Si alguien tiene en la piel del cuerpo un tumor, una pústula o una mancha blanca que haga sospechar una afección de lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón o ante alguno de los sacerdotes, sus hijos. El leproso afectado por las llagas llevará vestidos rasgados y la cabeza descubierta; se cubrirá hasta el labio superior e irá gritando: “¡Impuro! ¡Impuro!”. Será impuro mientras dure en él la enfermedad; es impuro, vivirá solo y habitará fuera del campamento». - Palabra de Dios.

Comentario a la primera lectura

Desde siempre se ha visto una relación entre la enfermedad de la lepra, que afecta al cuerpo, y el pecado, realidad espiritual que destruye la comunión con Dios. La lepra desfigura el aspecto exterior, pero sobre todo causaba, en el pasado, el aislamiento, porque, al ser una enfermedad fácilmente transmisible, el pobre leproso debía vivir fuera del contexto social, no ver a nadie más, esperar milagrosamente la curación o aguardar la muerte en la desolación. En el plano espiritual, vemos que el pecado tiene el mismo efecto: hace “feo” al hombre, lo desfigura interiormente, lo hace vivir fuera del contexto social de las personas en gracia de Dios, lo conduce a un aislamiento espantoso que será, si ese estado no se sana antes, el aislamiento absoluto del infierno. El leproso que grita es, por tanto, imagen del hombre que invoca al Salvador, signo del pobre que pide misericordia, que desea ardientemente volver a estar en comunión con los demás. Cuando llegue Jesús, pondrá todo en orden, sanando al hombre de la verdadera enfermedad del pecado con su muerte y resurrección. 


SEGUNDA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1 Cor 10,31 - 11,1)
Hermanos, ya coman, ya beban, ya hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para gloria de Dios. No sean motivo de escándalo ni para judíos, ni para griegos, ni para la Iglesia de Dios; así como yo me esfuerzo por agradar a todos en todo, sin buscar mi propio interés, sino el de muchos, para que alcancen la salvación. Sean imitadores míos, como yo lo soy de Cristo. - Palabra de Dios.

Comentario a la segunda lectura

Imaginen que el sacerdote suba al púlpito para la homilía y comience con estas palabras: «Hermanos, les pido una cosa: imítenme y todo estará bien». Imagino que los oyentes pensarían más o menos así: «¿Pero quién se cree que es este? Tal vez podamos imitar a Jesús o a los santos, pero proponerse él como modelo nos parece un acto de orgullo y vanidad». Y, sin embargo, san Pablo pronunció, es más, escribió precisamente estas palabras. ¿En qué sentido debemos entenderlas? Pablo no se propone como ejemplo de vida moral, porque sabía bien que tenía defectos (en otro lugar, de hecho, se definirá como «el primero de los pecadores»), sino que se refiere a su fe, es decir, a su total implicación en la vida en Cristo. Una vez convertido en el camino de Damasco, no tuvo otro pensamiento que Cristo. Lo hacía todo en él, con él y por él. «Ya coman, ya beban, ya hagan cualquier otra cosa...», todo, todo para gloria de Dios. Pablo vivió así. Luego, cuando caía en alguna imperfección o pecado, se arrepentía y retomaba impertérrito el camino, con mayor humildad. Por esta fe suya, Pablo es digno de imitación.


EVANGELIO DEL DÍA

Del Evangelio según san Marcos (Mc 1,40-45)
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, que le suplicaba de rodillas y le decía: «Si quieres, puedes limpiarme». Él se compadeció, extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero: queda limpio». Y al instante la lepra desapareció de él y quedó limpio. Lo amonestó severamente y lo despidió enseguida, diciéndole: «Mira, no le digas nada a nadie; pero ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió, como testimonio para ellos». Pero él se fue y comenzó a proclamar y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que permanecía fuera, en lugares desiertos; y acudían a él de todas partes. - Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio del día

Jesús sanó al leproso porque se compadeció de él, pero apenas lo hubo sanado lo «amonestó severamente» y lo «despidió». Parecen actitudes contradictorias entre sí. Y, sin embargo, si Dios es amor, todo es para el bien. San Juan de la Cruz escribe que el amor hace iguales a las personas, en el sentido de que quien ama desea que el otro pueda corresponderle; de ahí deriva la compasión de Cristo ante el leproso. El Señor sabe bien que aquel hombre está obligado a vivir aislado y siente una gran pena por él. «¡Quiero!», es la palabra de Dios para cualquiera que le suplique ser purificado: en ese momento, la corriente de piedad y amor entra en el corazón del enfermo y este, al sanar, “se eleva” al nivel de Dios, puede volver a estar en comunión con el prójimo, puede amar de nuevo y ser amado. Por eso Jesús le dijo al leproso que no perdiera tiempo por el camino, sino que antes que nada fuera a obtener el certificado de curación. Pero al final el hombre desobedeció, incapaz de contenerse, y se hizo responsable de que el Señor ya no pudiera entrar en las demás ciudades para sanar a otros enfermos. ¡Que la primera forma de gratitud sea entonces la obediencia a todo lo que el Señor nos pide!


Suscripción al Misalito
Suscripción al Misalito

Liturgia del domingo: 11 de febrero de 2024

Cosa troverai in questo articolo?