Textos extraídos del Misal “Sobre tu Palabra” noviembre-diciembre de 2021
3.er domingo de Adviento (C) “Gaudete”
3.ª sem. del salterio.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Sofonías (Sof 3,14-17)
Alégrate, hija de Sion, grita de alegría, Israel, regocíjate y aclama con todo el corazón, hija de Jerusalén. El Señor ha revocado tu condena, ha dispersado a tu enemigo. El Señor es rey de Israel en medio de ti, no temerás ya ninguna desgracia. Aquel día se dirá a Jerusalén: «No temas, Sion, no dejes caer los brazos. El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un salvador poderoso. Se complacerá en ti, te renovará con su amor, se alegrará por ti con gritos de alegría». - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
El profeta Sofonías vive en Jerusalén, en tiempos del rey Josías, quien había iniciado una reforma del culto religioso después de años de diversas infidelidades y de corrupción moral del pueblo elegido. Durante años, el pueblo santo sufrió la influencia de los asirios, que también habían difundido en Israel cultos y costumbres paganas. Sofonías anuncia la salvación del pueblo por obra de Dios, quien con su poder dispersa a los enemigos. Anuncia el consuelo para Israel: «No dejes caer los brazos. El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un salvador poderoso». Este llamado también vale para nosotros hoy, porque también nosotros estamos, de algún modo, asediados por los “asirios” modernos, es decir, aquellos que quieren paganizarlo todo y relativizar toda doctrina. La Sagrada Escritura nos exhorta a no temer, a reaccionar porque el Señor está siempre con nosotros, con quienes quieren ser fieles. No debemos tener miedo de nada, sino mantener en alto el estandarte de la fe y alegrarnos por la presencia de Cristo en la Iglesia y en nuestros corazones. A la alegría del fiel responde la alegría de Dios. Sí, también en Dios hay alegría; más aún, sobre todo en él.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (Flp 4,4-7)
Hermanos, estén siempre alegres en el Señor; se lo repito: estén alegres. Que su amabilidad sea conocida por todos. El Señor está cerca. No se angustien por nada, sino que, en toda ocasión, presenten sus peticiones a Dios con oraciones, súplicas y acciones de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo entendimiento, custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
En estas pocas líneas, el apóstol Pablo exhorta a los cristianos de Filipos a encontrar toda alegría en el Señor. En él está la raíz de todo bien; por tanto, si tenemos a Dios, lo tenemos todo. En consecuencia, nuestra amabilidad hacia el prójimo se vuelve algo normal, porque comunicamos lo que llevamos dentro. En el primer siglo, lo que convenció a pueblos enteros de hacerse cristianos fue la alegría desbordante de los primeros creyentes: habían encontrado el sentido de la vida, sabían que les esperaba la vida del cielo y que, por tanto, el alma es inmortal en Cristo. Se amaban entre ellos y amaban. ¡Eso entusiasmaba! Antes, los paganos no sabían estas cosas: solo la resurrección de Cristo hizo que los primeros cristianos estuvieran tan convencidos. La alegría, en efecto, es comunicativa; se propaga por contagio. La expresión «No se angustien por nada» también puede traducirse, más literalmente, como “no cultiven sus preocupaciones”. Hay preocupaciones en la vida, ciertamente, pero no debemos regarlas, abonarlas ni cultivarlas; la vida del Señor está en nosotros: ¿qué preocupación puede dominarnos si sabemos que Jesús ha resucitado y está vivo?
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Lucas (Lc 3,10-18)
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Qué debemos hacer?». Él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que comparta con quien no tiene ninguna; y el que tenga comida, que haga lo mismo». También acudían a bautizarse unos publicanos y le preguntaban: «Maestro, ¿qué debemos hacer?». Él les respondió: «No exijan más de lo que está establecido». También unos soldados lo interrogaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les respondió: «No maltraten ni extorsionen a nadie; confórmense con su paga». Como el pueblo estaba expectante y todos se preguntaban en su interior si acaso Juan no sería el Cristo, Juan respondió a todos diciendo: «Yo los bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar las correas de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. Tiene en su mano la pala para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero quemará la paja con un fuego que no se apaga». Con muchas otras exhortaciones, Juan anunciaba la Buena Noticia al pueblo. - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Tres veces encontramos en el pasaje del Evangelio la expresión: «¿Qué debemos hacer?». Jesús está a punto de llegar; debemos prepararnos, pero necesitamos indicaciones concretas. Estas son las normas de vida moral absolutamente necesarias para vivir la vida de la gracia (el Bautismo en Espíritu Santo y fuego). No se puede conservar la gracia en un recipiente agujereado y sucio; no se puede aceptar vivir en pecado mortal y, al mismo tiempo, profesar la fe en Dios. Juan dice: pongan las cosas en orden, luego vendrá el Señor. Hoy podemos invertir la frase y decir: Dios está en ti; por tanto, vive sin pecado. Recibimos al Señor en la santa Eucaristía y él nos lleva al cielo consigo, dándonos el Espíritu Santo; pero luego volvemos a casa y encontramos vecinos desagradables, vamos al trabajo y nos encontramos con quienes nos humillan, tenemos tentaciones de vanidad, avaricia y enemistad, y debemos resistir. Pero el Señor nos ayuda y nos fortalece, si queremos. El Bautismo en Espíritu Santo y fuego nos hace vivir otra vida, que se conserva con la Confesión frecuente y la santa Comunión recibida a menudo y con fe.

