Textos extraídos del Misalito «Sobre tu Palabra» enero-febrero de 2023
6.º domingo del Tiempo Ordinario (A)
2.ª semana del salterio
PRIMERA LECTURA
Del libro del Sirácida (Sir 15,16-21 (NV) [gr. 15,15-20])
Si quieres observar sus mandamientos, ellos te guardarán; si confías en él, también tú vivirás. Él te ha puesto delante fuego y agua: hacia donde quieras, extiende tu mano. Ante los hombres están la vida y la muerte, el bien y el mal: a cada uno se le dará lo que le agrade. Grande es, en efecto, la sabiduría del Señor; fuerte y poderoso, él lo ve todo. Sus ojos están sobre quienes lo temen, él conoce todas las obras de los hombres. A nadie ha mandado ser impío y a nadie ha dado permiso para pecar. - Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
«El hombre nace libre, pero está encadenado por todas partes»; así comienza un famoso libro de Jean-Jacques Rousseau, uno de los padres de la Revolución francesa. La sugestiva afirmación también es acertada, pero luego el desarrollo del texto hace consideraciones que no podemos aceptar, porque propone una liberación del hombre sin la acción de Dios. La libertad es el carácter propio del hombre, su grandeza: las plantas y los animales no son libres, porque siguen los instintos de la naturaleza sin reflexionar sobre ellos, sin considerar qué es el bien y qué es el mal. En cambio, mediante la libertad de sus actos, el hombre determina su propio destino; es el resultado de sus actos libres. Nuestra vida de hoy depende de las decisiones tomadas ayer, somos la suma de nuestras decisiones. En el Antiguo Testamento ya se indica el camino de la verdadera libertad: elegir el bien conocido como tal. La observancia confiada de los mandamientos divinos nos hace cada vez más libres, verdaderos, mientras que, si elegimos pecar alejándonos de la verdad, nos convertiremos en esclavos de las pasiones y perderemos definitivamente nuestra libertad.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1Cor 2,6-10)
Hermanos, entre quienes son perfectos hablamos, sí, de sabiduría, pero de una sabiduría que no es de este mundo ni de los dominadores de este mundo, que quedan reducidos a la nada. Hablamos, en cambio, de la sabiduría de Dios, que está en el misterio, que ha permanecido oculta y que Dios estableció antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los dominadores de este mundo la conoció; pues, si la hubieran conocido, no habrían crucificado al Señor de la gloria. Pero, como está escrito: «Lo que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni entró jamás en el corazón del hombre, Dios lo ha preparado para quienes lo aman». Pero a nosotros Dios nos lo ha revelado por medio del Espíritu; pues el Espíritu lo conoce todo, incluso las profundidades de Dios. - Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Existe una sabiduría del mundo y existe la sabiduría según Dios: son dos cosas diferentes. Lo mismo vale para la paz; dice Jesús: «Os dejo la paz, mi paz os doy. No os la doy como la da el mundo» (Jn 14,27). Por tanto, el mundo tiene sus formas de razonar, pero no corresponden a las de Dios. Debemos saber distinguir bien las cosas, porque, de lo contrario, corremos el riesgo de vivir a la manera mundana. El principio de nuestra sabiduría, dice san Pablo, es el Espíritu Santo, que nos da la perspectiva correcta de las cosas. No debemos huir del mundo, sino iluminarlo con la verdadera sabiduría. Y si todo proviene de Dios, ¿no será precisamente el Espíritu Santo quien nos haga comprender cómo funcionan las cosas? La gracia divina no es solo el principio de nuestra santidad, sino también de la verdadera inteligencia. Existe, pues, una universidad del Espíritu, y los «graduados» son quienes han estudiado en el libro de la cruz de Cristo, aman al Señor, se atienen humildemente a las inspiraciones de la gracia y a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia. La verdadera sabiduría, no hay nada que hacer, es la de los humildes.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Mateo (Mt 5,17-37)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que, mientras no pasen el cielo y la tierra, no pasará ni una iota ni una tilde de la Ley sin que todo se cumpla. Por tanto, quien quebrante uno solo de estos preceptos mínimos y enseñe a los demás a hacer lo mismo será considerado mínimo en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y los enseñe será considerado grande en el reino de los cielos. Os digo, en efecto: si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás; quien mate será sometido a juicio”. Pero yo os digo: todo el que se enfade con su hermano será sometido a juicio. Y quien diga a su hermano: “Imbécil”, tendrá que comparecer ante el sanedrín; y quien le diga: “Necio”, será destinado al fuego de la Gehena. Por tanto, si presentas tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a presentar tu ofrenda. Ponte pronto de acuerdo con tu adversario mientras vas de camino con él, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez a la guardia, y te metan en la cárcel. En verdad te digo: no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo; más te vale perder uno de tus miembros que ser arrojado entero a la Gehena. Y si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala; más te vale perder uno de tus miembros que ir a parar entero a la Gehena. También se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo: todo el que repudia a su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la expone al adulterio, y quien se case con una repudiada comete adulterio. También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso, sino que cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo: no juréis en absoluto, ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies, ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jures tampoco por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. Que vuestro hablar sea, en cambio: “sí, sí”, “no, no”; lo que pasa de ahí viene del Maligno». - Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
La nueva ley de Dios es el amor. Todos los antiguos mandamientos permanecen intactos y deben observarse, pero no de manera pasiva, automática o neutral; de lo contrario, se corre el riesgo de caer en ese fenómeno que llamamos fariseísmo. Todo debe hacerse con amor y por amor, porque Dios mira el corazón, las intenciones, la pureza interior. Jesús nos enseña, con ejemplos concretos, qué significa amar a Dios y al prójimo de esta nueva manera. En todos los ejemplos del pasaje evangélico de hoy, la pureza vence al gran enemigo: la malicia. Antes de los actos exteriores están los pensamientos interiores, las intenciones del corazón. Pureza significa ver y querer el bien, la comunión, la justicia. Hagamos entonces un sano examen de conciencia: ¿de qué fuente interior proceden nuestras acciones? ¿Deseamos el bien de los demás? ¿Estamos dispuestos a renunciar a nosotros mismos con tal de tener relaciones de paz y de bien con nuestro prójimo? Todo el cristianismo extrae su fuerza de este bien interior. Existe una justicia legal, fría e impersonal, la «de los escribas y fariseos», y una divina, luminosa, amorosa y envolvente: la propuesta por Jesús. Para vivirla, la Iglesia nos enseña a invocar continuamente al Espíritu Santo.

