Textos extraídos del Misalito “Sobre tu Palabra” mayo-junio de 2022
Santísima Trinidad (s) (C)
propia
PRIMERA LECTURA
Del libro de los Proverbios (Pr 8,22-31)
Así habla la Sabiduría de Dios: «El Señor me creó como principio de su actividad, antes que sus obras, desde el principio. Desde la eternidad fui formada, desde el principio, antes del origen de la tierra. Cuando no existían los abismos, fui engendrada, cuando aún no había manantiales abundantes en agua; antes de que fueran asentadas las bases de los montes, antes que las colinas, fui engendrada, cuando aún no había hecho la tierra ni los campos ni las primeras tierras del mundo. Cuando fijaba los cielos, yo estaba allí; cuando trazaba un círculo sobre el abismo, cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando fijaba las fuentes del abismo, cuando establecía al mar sus límites, para que las aguas no traspasaran sus fronteras, cuando disponía los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él como artífice y era su delicia cada día: jugaba ante él en todo momento, jugaba sobre la faz de la tierra, poniendo mis delicias entre los hijos de los hombres». – Palabra de Dios.
Comentario a la primera lectura
En la espiritualidad judía, el papel de la Sabiduría es esencial. Es una irradiación de la bondad de Dios, gracias a la cual es posible reconocer en toda la creación la mano poderosa del Creador. El libro de los Proverbios la presenta como una persona que, dirigiéndose a los hombres, los invita a escucharla para alcanzar la sabiduría. Está presente mientras el Creador lleva adelante su obra y participa en la espléndida realización de la creación. El Nuevo Testamento hace suya esta tradición, pero con una importante novedad: aquella Sabiduría a la que se hacía referencia en los libros sagrados no es solo una personificación alegórica. Se encarnó, caminó históricamente entre nosotros y habló pronunciando palabras llenas de santidad: es Jesucristo, Hijo de Dios. Así pues, lo que en los Proverbios aparece como reflexión sapiencial será revelado en su plenitud cuando Aquel que existía desde el principio se haga carne y el Espíritu se manifieste como fuente de sabiduría. Por tanto, si quieres saber algo sobre el misterio de la Trinidad, debes acudir a Jesús y pedirle que te haga comprender los secretos de Dios: te hará partícipe de ellos con gran alegría.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rm 5,1-5)
Hermanos, justificados por la fe, estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por medio de él también tenemos, mediante la fe, acceso a esta gracia en la que nos encontramos y nos gloriamos, firmes en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo eso: también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia una virtud probada y la virtud probada esperanza. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado. – Palabra de Dios.
Comentario a la segunda lectura
Cuando Dios nos pide que lo amemos, sabe muy bien que nosotros, por nosotros mismos, no seríamos capaces de hacerlo. Es demasiado grande el amor que ha manifestado y continúa manifestando hacia cada uno de nosotros para que podamos responderle. Por eso se preocupa de derramar en nuestro corazón el don del Espíritu Santo. La tercera persona de la Trinidad nos permite responder a Dios con el mismo amor y la misma atención solícita que él tiene hacia nosotros: es el amor derramado en nuestro corazón en el momento del Bautismo, es el don inmenso confirmado en el sacramento de la Confirmación, es la presencia “concreta” de Dios en nuestro templo interior, esa presencia que debemos buscar e invocar en cada momento de nuestra vida. Por eso no debemos tener miedo de la santidad de Dios. Es cierto, seguimos siendo criaturas pobres; pero gracias al Espíritu Santo tenemos la posibilidad de entrar en profunda comunión con él para relacionarnos con el Altísimo como lo hacen dos amigos de confianza.
EVANGELIO DEL DÍA
Del Evangelio según san Juan (Jn 16,12-15)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas tengo todavía que deciros, pero por ahora no podéis con ellas. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena, porque no hablará por cuenta propia, sino que dirá todo lo que haya oído y os anunciará lo que ha de venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso os he dicho que recibirá de lo mío y os lo anunciará». – Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio del día
Una de las cosas que el Espíritu ha revelado progresivamente a la Iglesia es el misterio de la Trinidad. Un misterio que descubre el rostro oculto, misterioso e inaccesible del Padre, un rostro que nos revela el Dios hecho carne: Jesucristo. A la misión del Hijo se añade la del Espíritu, que glorifica a Jesús para mostrarlo como Hijo eterno del Padre, de quien ha recibido todo: «Todo lo que tiene el Padre es mío». Así, el Espíritu Santo da a conocer perfectamente a Cristo, su obra y el misterio salvador que lo une en comunión de vida con el Padre. Esta verdad, ya expresada y anunciada claramente por Jesús y en los escritos del Nuevo Testamento, se ha profundizado cada vez más a lo largo de los siglos; poco a poco, Dios se nos ha manifestado como un solo Dios en tres Personas y, gracias a la asistencia del Espíritu, hemos logrado comprender que entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo hay unidad e igualdad. Pero lo verdaderamente más importante es que Jesús nos ha hecho comprender que la Trinidad, más que un misterio que se debe entender con la mente, es una realidad en la que hay que sumergirse por medio del amor y la caridad. Cuando amas de verdad, conoces la esencia misma de Dios, uno y trino.

